sábado, 16 de octubre de 2010

Fugados. Dark Silver


Aquella tarde nos reunimos en la sala común sin querer llamar la atención. Era una tarde como cualquier otra y nosotros éramos los mismos de siempre, salvo por la presencia de Moi... quien había entrado a N.A.F demasiado tarde y además se rumoreaba que por enchufe.

En cuanto la señora Rosalía, la vieja urraca que siempre andaba por allí-- alcahueta con aires de mojigata, cotilla a más no poder y molesta más si cabe-- volvió a su garita después del reparto diario de cafés con leche, nos pusimos manos a la obra. Nos habíamos propuesto un objetivo y teníamos que conseguirlo... si querían guerra la iban a tener. Sería un atentado contra el sistema, un vuelco al capitalismo y una putada para el gobierno, para qué negarlo... por no hablar del botín que el acto comportaría; botín que esconderíamos en alguna isla perdida del Caribe, por supuesto.

Todo se nos ocurrió como quien no quiere la cosa. Un buen día, Oscar, el más hacendoso entre nosotros, reventó. Precisamente él, tan colaborador y amable... lo recuerdo como si lo estuviera viendo:

"Estoy harto de vivir de la dádiva del poderoso, harto del puré de zanahoria, de las sobras de la humanidad... ¡escombros!"

Evidentemente, quedamos estupefactos. Una reacción así podría esperarse de Rorro, por ejemplo, un hombre con un oscuro pasado al que sus propios padres habían abandonado en un desguace... pero no de Oscar. Por dios, si le llamábamos El Santo.

Después de aquella declaración, una cosa llevó a la otra y planeamos el atraco. El plan era genial: nos las ingeniaríamos para escaquearnos el fin de semana, cogeríamos el vehículo de Beto, y con las herramientas en ristre llevaríamos a cabo nuestro propósito.

Decidimos contar con Moi porque no había habido manera de despegárnoslo, básicamente. Moi es un poco anormal, un tipo difícil de describir; en realidad tiene algo parecido a esquizofrenia, no sé bien qué es... de vez en cuando se le va la olla y dice cosas sin venir a cuento, palabras extrañas que sólo él comprende—"tuercebotas" "tragaldabas" "follapuertas" "cortapichas"-- pero aún así, sabiendo él cada detalle de nuestra misión, nos daba miedo dejarle ahí y que por lo que fuera cantase.

Lamentablemente, aunque no había posibilidad de fallo—teníamos hasta un mapa de las entrañas de la ciudad-- todo salió mal. Conseguimos llegar sin ser vistos a nuestro destino, pero aquel engendro cibernético se atascó cuando le di con el martillo y no sé por qué, de pronto comenzamos a oír las sirenas de la policía sobre nuestras cabezas.

Y es que... ¿Quién carajo dijo que era fácil atracar las máquinas expendedoras del metro de Madrid?

El pobre Moi sólo acertaba a declarar paridas, sin abandonar su recurrente jerga, cuando la policía le interrogó: "zarrapastro, robaperas, cabezalberca, destripaterrones". Trincaron la bici de Beto.

Oscar jamás podrá realizar su sueño de ir al Caribe... y todos, aunque quizá hubiéramos preferido ir a la cárcel, fuimos enviados de vuelta a NAF... Nuestro Amado Frenopático.



Fugados. Dark Silver.
Categoría: Otros Textos

Resulta muy difícil en estos tiempos darle una patada al sistema.

lunes, 11 de octubre de 2010

Superbotellón. Maricruz29


Supe del superbotellón por el tamtam cibernético. "Superbotellón el sábado tarde en el Polígono, junto al desguace" decían los e-mails de Destripaterrones y de Hacendoso, dos chicos, de avatares bastante estúpidos, con los que acostumbro a pajearme por WebCam.

Le dije a Amanda de ir juntas y torció el gesto, porque tiene la manía de que si está reglosa sólo se le acercan los vampiros, pero finalmente la convencí. Y llegó el sábado. Me puse un tanga antiguo, segura de que algún tío me lo sacaría del culo creyéndolo botín de guerra, cuando en realidad sería regalo – o dádiva como diría mi abuela – que aquí, la nena, le haría en plan piadoso para que presumiera con los amigos.

No hace falta describir el ambiente del superbotellón, porque ¿quién no ha estado en alguno? Mucha marcha, mucha litrona tocada con ginebra, mucho calimocho y mucho tío salido. Así debe ser el cielo. Nada más llegar, Amanda y yo nos convertimos en las reinas de la fiesta – bueno, exagero, la mayoría ni se enteró de que estábamos allí, pero unos cuantos sí -. Bebimos, hicimos muchos jijís y muchos jajás, y en eso Amanda, que es muy puta y muy alcahueta, me dice: "El chico rubito va por ti". Le eché una ojeada y me dije que una buena mamada siempre apetece. Yo en esta vida he comido muchos rabos y a ninguno le he hecho ascos, sean del tamaño de un cacahuete, de un pepinillo, de una zanahoria o de un plátano. Nada más ver a un tío, suelo imaginar como tendrá el rabo y luego intento comprobar en vivo si he acertado en el pronóstico. Al rubito le hice un tamaño medio, de los que llenan la boca sin llegar al fondo de la garganta. Estiré del chico y fuimos al desguace, Entre un Ford Fiesta y otro de color claro, morreamos, me estrujó las tetas y me palpó el culo, yo vestida. Le eché mano al paquete y diez segundos después le había bajado la cremallera de la bragueta, había sacado el caramelo y lo tenía en la boca.

Sé chuparla. Primero suelo demorarme en el glande, lengüetear la zona del frenillo y tragarme el cacharro y eso vale para todos, pero, a partir de ahí, cada polla tiene su ritmo más o menos rápido. El rubito parecía de los normales, así que programé la lengua en plan batidora y, yo de rodillas, le agarré el culo, lo acerqué más y me puse a darle gusto.

Debo estar loca. Unos guijarros me lastimaban las rodillas ¡y me gustaba! Me gustaba estar allí, en un desguace, chupándosela a un tío cuyo nombre ignoraba. Me gustaba y, chupándole la polla, quise que me llamara puta, hice fuerza para que me llamara puta, y entonces gritó "¡Puta!" y se corrió en mi boca. Demasiado poco duró el rubito, la verdad.

Me arreglé, volvimos con todos, pasé a otro grupo, me gustó un morenazo e imaginé su rabo.

Un magnífico superbotellón, aquél.






Superbotellón. MariCruz29
Categoría: Sexo Oral

La litrona y el calimocho están bien para los botellones, pero cuando se trata de un superbotellón, me van cosas más "duras".

jueves, 7 de octubre de 2010

El Pelao. GatitaKarabo

Tras castigar duramente a su oponente y sacudirle con una patada voladora que lo lanza contra las cuerdas, Destripaterrones Jones salta, se eleva unos metros, da un par de volteretas en el aire y alza el brazo para ejecutar un diving elbow, golpeando con el codo el pecho de Black, el Cibernético.

El público vitorea frenético cuando el imbatible Destripaterrones agarra a Black y, como si fuera una pluma, lo eleva sobre sus hombros y gira… y gira… y gira… hasta lanzarlo de espaldas contra el suelo. Seguidamente Jones vuelve a saltar y cae en posición de splash como movimiento final. Un, dos, tres… ¡Pinfall!

La euforia se apodera del vencedor con una sensación tan intensa que es imposible describir. El muchacho sale disparado, volando sobre los fuegos artificiales y planeando sobre el gentío, que aclama a su héroe gritando su nombre de guerra con aplausos y confeti.

Cuando el muchacho vuela, deja de ser el Pelao para convertirse en el gran Destripaterrones Jones, que machaca y vence a Blak el Cibernético, y se eleva hacia la felicidad y la gloria.

El tolueno del solvente disuelve el hambre, disuelve el frío, disuelve el miedo al cabrón pervertido de Black -el verdadero Black, el dueño del desguace- a quien el muchacho lleva su botín de tapacubos cuando hay suerte, o a quien le ofrece tembloroso sus servicios a cambio de monedas y miserias cuando no la hay y llega con las manos vacías.

Cuando vuela, el Pelao y sus mierdas desaparecen. El pegamento de zapatos le despega los pies del suelo de la sucia realidad y el chico vuela… vuela… vuela… inhalando en una bolsa, tirado en la calle como una zanahoria podrida, junto al contenedor de basura donde lanzó el bolso que robó a una beata alcahueta que acudía a misa de ocho. El sobrecito arrugado, que contenía la dádiva al cepillo de la iglesia, con la que el Pelao compró el bote de engrudo, reposa también en el suelo junto al muchacho de ojos vidriosos y sonrisa ida.

En el sobre se distingue una imagen de San Antonio de Padua, santo conocido ahora por lo hacendoso en temas amorosos, desde siempre venerado por ser el patrón de los niños perdidos… niños perdidos, abandonados en la calle, como el Pelao.



El Pelao. GatitaKarabo. Ejercicio
Otros Textos

No hay oración para el perdido que no es buscado, el alejado al que no desean encontar, el olvidado al que nadie recuerda.

lunes, 4 de octubre de 2010

Raquelísima. Moonlight

Hola, me llamo Sergio y llevo tiempo entrando en un foro de discusión. Desde hace unos años, periódicamente se organiza un ejercicio literario entre los miembros con diversos temas y características. Para algunos suponía un reto y para otros la experiencia de hacer algo juntos. Para mí ya es un reto ir al gimnasio a bajar la pinflota y ya me era suficiente compartir con ellos un foro.

Sin embargo, esta vez me animé y me convencí para hacerlo. Las normas era escribir un relato de 500 palabras incluyendo: cibernético, destripaterrones, describir, guerra, desguace, botín, dádiva, hacendoso, zanahoria y alcahueta.

Pero no se me ocurría nada. He cumplido y podría mandarlo tal cual, pero es demasiado facilón, por lo que me puse a pensar en mi amiga Raquel, que siempre ha sido una inspiración para mí... y para mis pajas. Es que tiene un polvazo... Me mola desde que la conozco, pero lleva una eternidad con Borja, su perfecto novio de sonrisa perfecta, físico perfecto, trabajo perfecto... Es el típico pijo de polo Lacoste y mocasines que aborrezco describir para no quedar yo mal. Me gustaría ser un robot o un organismo cibernético como Terminator para quitarle su perfección a base de hostias y machacarle. ¡Le odio!

¿Ella no se da cuenta de que siempre que bailamos estoy empalmado? Me arrimo tanto a ella para que lo note que tengo miedo de atravesarla, pero ella impasible, como si nada. Me da mucha guerra porque siempre va haciéndome de alcahueta, buscándome alguna amiga suya para echar un clavo, pero es que su grupo de amigas es como el catálogo de un desguace y follarse a una de ellas es un trabajo muy duro, y os aseguro que un polvo así no es para nada una dádiva, prefiero pagar. Lo digo en serio; a su última amiga no sabía si invitarle a cenar o darle una zanahoria.

Yo soy un poco destripaterrones, muy trabajador y hacendoso, eso sí, pero ligar se me da fatal. La conocí en una discoteca. Estábamos a punto de retirarnos, esperando a un colega que se había ido hacía rato al servicio, cuando apareció con una morsa, una piraña, un caballo sin tetas, por lo que no había paraíso, y Raquel. Cuando la vi, se me incendiaron los gayumbos. Me pasa siempre que la veo. Ojalá algún día se ofrezca a apagarlos con su flujo.

Estuve mas de dos meses currándomelo sin conseguir nada, hasta que conocimos a Borja con su perfecta cara de bobalicón y me arrebató el botín y el corazón. Un día, ya sin poderme aguantar, me abalancé sobre ella y dijo: "Ay, qué cariñoso es mi niño." Yo no quiero ser su niño, quiero ser su violador, porque si fuese su niño, estaría totalmente obsesionado con el incesto. Lo que siento por ella es paranormal.

Y pensando en Raquel, me deprimí y se me quitaron las ganas de escribir, así que tome una decisión. Sí, lo iba a hacer, estaba decidido: fui a



Raquelísima. Moonlight.
Categoría: Textos de risa

No es un relato de erotismo y amor, sino de derrotismo y desamor.

sábado, 2 de octubre de 2010

Oración. Masulokunoxo

ORACIÓN

Padre cibernético que estás en la red,

santificada sea tu banda ancha.

Venga a nosotros tu Wii con todos sus accesorios

y un manual que no haga falta describir como ilegible.

Hágase tu voluntad, pero no nos dejes correo basura en el buzón;

y si no queda más remedio,

que no sean los mensajes en cadena del hacendoso de turno.

La dádiva de la conexión de cada día, dánosla hoy.

De la alcahueta ministra de Cultura

y la guerra de la ESGAE por los derechos de autor,

¡Líbranos, Señor!

Perdona el botín de nuestras descargas ilegales,

igual que nosotros perdonamos al gobierno el desguace de la economía.

Y no dejes caer a los destripaterrones de los holandeses

en la tentación de comerse al pulpo Paul con patatas y zanahoria.


Amén.


Oración. Masulokunoxo
Categoría: MicroRelatos

¡A rezar, ciberpecador!

martes, 28 de septiembre de 2010

El despertar. GatitaKarabo

El despertar

El sector 593K es región de destripaterrones palurdos, que intentan pagar la mercancía -fruto del botín de algún pillaje- con una mísera zanahoria o un par de patatas, por eso la vieja alcahueta al frente del negocio sonríe al forastero mostrando sus encías, como si hubiera encontrado un filón. El cliente escudriña la chatarra del desguace y encuentra lo que busca para reparar las telecomunicaciones de su vehículo: un transmisor Ep-3 de radiofrecuencia alfa.

Inmóvil en mi rincón veo que el regateo se prolonga hasta que el extranjero parece haberse fijado en mí y me señala.

-¿Y eso? –pregunta extrañado-. Creía que tras la guerra contra la secta terrorista Pro-Castidad Radical, ya no quedaba ninguna.

-Toda suya, caballero, si accede al pago de los veinte mil dineros por el transmisor. Considérelo una dádiva generosa por su compra. Está algo maltrecha –advierte la vieja-, pero seguro que un caballero hacendoso como usted sabe cómo sacarle partido –y se ríe haciendo un gesto soez.

-Está desnuda. Necesitaré algo de ropa para poder llevármela.

*******************************************************************

Estoy sobre una esterilla acolchada. El hombre pasa la esponja enjabonada por mis pechos y mis pezones se endurecen. Sus manos son suaves y limpia mi cuerpo con delicadeza.

-Estás despierta, ¿verdad? Soy el Capitán Hans y estás en mi nave. Pertenezco a la unidad de reconocimiento de la brigada 45. ¿Te sientes bien?

Imposible describir cómo me siento, sólo sé que estoy mojada. Y eso le digo con voz ronca.

-Claro que estás mojada, te estoy lavando –responde con una sonrisa mientras sus dedos rozan de nuevo mis pezones.

-No, no es eso. Es aquí –me llevo la mano a la entrepierna, introduzco un dedo y se lo muestro, luego me humedezco los labios. El hombre contiene la respiración mirando mi boca y mi lengua.

-¿Has… has estado con un hombre alguna vez? Ya sabes… Tú…

-No, nunca -sus ojos no dejan de recorrer mi cuerpo desnudo y finalmente se decide a hablar.

-Yo… sólo quiero que me chupes la polla. ¿Lo harías?

Asiento con la cabeza.

El extremo humedecido roza mis labios. Saco la lengua y lo lamo. Se la chupo como él me indica: más adentro, más rápido, trágatela toda… Sus dedos no cesan de tocarme y estoy cada vez más mojada. Me pide que abra las piernas… Su polla irrumpe dentro de mí... Una súbita corriente intensa invade mi organismo y provoca que cada fibra de mi ser se sacuda… mis ojos se ponen en blanco y tras un agudo lapsus, me recobro.

Ya estoy despierta.

Mis manos se encajan a ambos lados de la cabeza del hombre que jadea sobre mí y oigo el crujido de su cuello al quebrarse. La penetración ha activado el software oculto en mi sistema cibernético. Ahora mis instrucciones son eliminar a tantos enemigos de la causa pro-castidad como me sea posible.

Me quito de encima al hombre muerto. No lo lamento. De hecho, no siento nada. Los Cyborg no sentimos, simplemente actuamos en función de nuestra programación.


El despertar. GatitaKarabo
Categoría: Hetero: Primera vez

Me encontraba en estado de espera hasta que llegó él y me hizo despertar.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Apetecible. Paul Sheldon



¿Era sexualmente apetecible? Terriblemente.

¿Estaba a mi alcance? Ni en sueños.



Tenía una belleza difícil de describir, una belleza de otra época. Yo la comparaba con aquellas actrices de los cincuenta, salidas del desguace de la Gran Guerra. Altivas como divinidades paseando su desprecio desde las revistas, décadas antes de la explosión de lo cibernético. A su lado me sentía empequeñecido y vulgar. Ella era una musa. Yo, un destripaterrones.

Con todo, una vez, una sola vez, estuve muy cerca de algo.

Cogimos el ascensor al mismo tiempo, me saludó cordialmente. El vuelo de su falda contrastaba con lo ajustado de su camisa, quedando sus pechos desproporcionados en relación a su cintura. Me aplasté contra el espejo.

Subimos cuatro pisos. De camino al quinto, el ascensor se paró. Me miró interrogante y yo hice lo mismo con el cuadro de mandos.

Pasaron diez minutos, veinte. Yo me afanaba, hacendoso, pulsando el botón de alarma, como si hubiera mil formas distintas de hacerlo.

Ella se descalzó despacio, primero un botín y luego el otro. Se acercó a mí, me tomó suavemente la mano y la retiró del pulsador.

"Déjalo, anda, que me va a estallar la cabeza".

Se me quedó la mano floja en el aire mientras trataba de memorizar la sensación de sus dedos sobre los míos. Estúpidamente, me sorprendió su verdadera estatura. Nunca se me había ocurrido que yo podría ser más alto que ella.

Intenté iniciar una conversación.

"Creo que nunca te había visto sin tacones… Debo ser unos diez centímetros más alto que tú… ¿No?"

Me miró como quien ve a una zanahoria hablar. Permaneció unos segundos eternos en silencio, valorando si merecía la pena ofenderse. Luego se acercó un poco más a mí y yo me aplasté un poco más contra el espejo.

Nunca la había tenido tan cerca.

Se puso la palma de la mano en la cabeza y, muy despacio, la movió en horizontal hasta meterla con firmeza entre mis labios. Pensé que debía aceptar esa dádiva dándole un beso en la mano pero tenía la boca paralizada. Luego puso su otra mano sobre mi cabeza y valoró el espacio entre ellas.

"Creo que tienes razón".

No recuerdo si parpadeé.

"Estamos a una polla de distancia".

Abrí y cerré la boca varias veces, intentando decir algo, pero en mi cabeza sólo había sitio para una palabra, rebotando y transformándose en infinitas variaciones, explotando en burbujas, parpadeando en neones eléctricos, haciéndome señales de humo.

"Polla, polla, polla, polla, polla…"

Se acercó otro poco más, apoyándose descaradamente en mí, y entonces, como una alcahueta rencorosa, como la más perfecta encarnación del mal, el ascensor se movió.

Todas las burbujas explotaron, el ascensor llegó al quinto y, finalmente, abrió sus puertas.

Sin ni siquiera mirarme, salió del ascensor y, allí mismo, en el suelo del rellano, dejó los botines y se calzó. Mientras se cerraban las puertas, se giró y comprobé, ambos comprobamos, que volvía a ser más alta que yo.

06/07/10

PaulSheldon

paul.sheldon.00@gmail.com


Apetecible. Paul Sheldon.
Categoría: Hetero: General