lunes, 16 de mayo de 2011

La chica de la revista (Lydia)

Dedicado especialmente a “X”

La chica de la revista

Javier se queda hasta última hora en la oficina cada noche, porque sabe que es el mejor momento para poder disfrutar de su placer oculto en total intimidad.

Podría conectarse a internet y disfrutar de las múltiples páginas que hay en la red con fotos sensuales, incluyendo el porno de lo más variado, pero en cambio él prefiere las revistas “normales”, las que contienen esas fotos en papel couché de toda la vida. Cree que las imágenes en ese formato respiran vida, se ven con otro color, con todo tipo de detalle, porque el ojo no ve solamente la fotografía, sino mucho más allá, por eso, lo que para muchos pueda ser una revista normal y corriente, para Javier es la enciclopedia de las múltiples visiones y sensaciones.

Después de asegurarse que no ha quedado nadie en toda la planta, se sienta cómodamente en su sillón, se afloja el nudo de la corbata y comienza a hojear la revista que guarda celosamente en su cajón. Se trata de una conocida publicación de moda. Aun no ha tenido tiempo de abrirla y estrenarse en su exploración minuciosa le hace sentirse nervioso y excitado. Además, el hecho de estar en su despacho y poder ser descubierto, logra que esa sensación placentera aumente.

La chica de la portada, es esa famosa actriz a la que admira tanto. No lo duda, cuando se anuncia en el frontal, más que seguro el interior ofrecerá un gran reportaje sobre ella. Javier se sonríe, como si tuviera un tesoro entre sus manos. Avanza tras la portada y no hay nada del otro mundo en las primeras páginas: Algunos truquitos femeninos y los típicos reportajes de belleza. Se entretiene en un artículo que comenta la próxima visita a España de un conocido grupo de rock. Tras pasar rápidamente el artículo que habla de cómo combinar unas botas con la falda más rabiosamente de moda, va pasando páginas de publicidad donde también disfruta viendo los poderosos labios de esa modelo que anuncia un conocido perfume o esa otra actriz española, promesa del cine de Hollywood, de blanquísima sonrisa, que muestra unos vaqueros híper-ceñidos.

Por fin llega al reportaje de la actriz famosa de la portada que parece sonreírle directamente a él. Se siente alterado de tenerla así, tan cerca… mirándole. Es una mujer preciosa, todo un portento sensual expuesto en una foto gigante. Su rostro aniñado muestra una perfección única, con una clara disposición de cada rasgo, sus ojos, su pelo, su tersa piel… sí, posiblemente la foto esté retocada por ordenador, eso está a la orden del día, sin embargo, no le quita un ápice de admiración hacia ese trocito de cielo. Su cara, ligeramente ladeada y apoyada sobre su fino brazo, sus ojos entreabiertos, al igual que sus perfilados labios, ofrecen una visión tan cándida, como seductora. La página siguiente es aun más atrayente: La actriz en cuestión está tumbada de medio lado con un bañador “años 60” de rayitas, que remarca unas endiabladas curvas y un escote por el que parecen quererse salir sus turgentes pechos. Javier siente como su miembro se acrecienta, hasta que poco a poco la erección es desmedida. No puede evitar acariciarse suavemente por encima del pantalón sintiendo ese vigor provocado por ella, la joven y preciosa actriz que le sonríe, que le estimula con sus curvas, con sus divinos ojos, o con ese escote y esa sensual línea del labio superior que presupone habilidosa a la hora de hacer una felación y entretenerse en el frenillo de su dilatado miembro. Cuántas veces habrá soñado esa escena: Ella desnuda, arrodillada a sus pies, él sentado en su sillón y acariciando su suave cabello mientras ella prolonga hasta límites insospechados el momento de mantener su enhiesta verga hasta lo más hondo de su garganta mientras la chica parece agradecérselo con sus ojos vidriosos, satisfecha… entregada.

Inevitablemente se siente embelesado con cada imagen y a medida que va descubriendo nuevas fotografías de su adorada actriz, su cuerpo y su mente están fuera de sí. Le gusta entretenerse en cada detalle y observar lo bien que está preparado el encuadre, la luz, la suave piel de la protagonista, el brillo de sus ojos, el maquillaje, los zapatos, la largura de sus piernas...

A pesar de que le hubiese gustado continuar con esos momentos íntimos entre él y su chica de portada, Javier se serena, piensa que esa revista y esa actriz especialmente, se merecen un detenido recorrido pero en un lugar más íntimo, en su casa, donde nada ni nadie pueda interferir en esa dulce complicidad que hay entre ella y él... los dos a solas. El lugar ideal para dejarse llevar por su fantasía, con esa mujer que parece tener vida y traspasa la portada para tumbarse a su lado y decirle: “Fóllame”.

Algo más calmado, se dirige a la parada de metro pensando en el buen momento vivido unos minutos antes en su despacho, le gusta deleitarse en el recuerdo que le produce el estreno de cada revista. Tener una relación así puede parecer fría... para Javier es súper placentera, una especie de conexión que para muchos parecería locura, para él, divina locura.

Avanza hasta el andén y como suele hacer otras muchas noches, se sitúa en el mismo lugar. Piensa para sí mismo que es excesivamente metódico para todo, pero se ríe al pensar "¿Qué tiene de malo?". Se sube en el primer vagón del metro, como todos los días... otra de sus medidas costumbres. Se percata de algunas caras conocidas, las mismas personas que imagina en cada una de sus vidas, algunas de ellas resultan casi familiares. Puede llegar a intuir si han tenido un buen o mal día, si han repetido de pantalón o casi hasta en lo que están pensando...

Se sienta en diagonal frente a la puerta, donde tiene un mejor ángulo de visión. Le encanta observar a la gente que entra y sale del vagón en una especie de juego… de pasión particular, principalmente hacia las féminas, sin distinción de edad, categoría social o físico. Piensa que en cada mujer existe un atractivo especial y casi siempre ellas lo saben aprovechar al máximo. Una mujer guarda para sí tantas cosas, que es cuestión de fijarse en los pormenores para poderlo descubrir. Con cierto disimulo va buscando caras repetidas... y otras tantas nuevas. A veces se deja llevar por sus pensamientos más lascivos, pero es que es inevitable observar a esas mujeres que parecen estar relajadas tras un duro día de trabajo, esperando ser atendidas, mimadas, enamoradas después de tanto estrés, de tanta formalidad, de tanto trabajo duro... Como esa ejecutiva que está sentada a su lado, con su maletín de jefa seria sobre sus bonitas rodillas intentando ocultar parcialmente unas largas piernas embutidas en esas medias de rejilla que la muestran tan sexy, ó esas elegantes joyas que luce en una mano de largas y perfiladas uñas. Imagina que debe ser toda una fiera en la cama y que esa seriedad que mostrará seguramente a sus empleados se contrapone con una actitud salvaje y ardiente con cada uno de sus amantes. La imagina desnuda cabalgando sobre él... y eso le excita de nuevo. Está viendo esas tetas que ahora se mueven al vaivén del tren llevando esa visión a cuando ella pudiera estar desnuda entre sus piernas mientras la penetra con toda la furia.

El tren se ha detenido y su sueño se desvanece por unos segundos. Entra y sale gente, pero ninguna novedad a la vista. Se fija en los aspavientos que hace un hombre de traje marrón discutiendo por el móvil acaloradamente hasta que de pronto siente que la mujer que va sentada a su lado, la ejecutiva sexy, está observándole a él. Disimula leyendo su revista, pero por el rabillo del ojo se siente vigilado. Posiblemente le parezca raro a esa mujer que un hombre esté centrado en la lectura de una revista de moda, prioritariamente femenina, sin embargo a Javier no le parece nada anormal, al contrario, piensa que más hombres deberían hacerlo y de hecho sabe por alguna conversación con el quiosquero que no es el único. Otros muchos, seguramente descubrirían más secretos ó placeres de personas de carne y hueso que el resto de revistas dirigidas a hombres, con chicas totalmente artificiales y engañosas. Mira de nuevo a esa mujer que le observa, pero esta disimula mirando por la ventanilla hacia un lugar inconcreto.

El metro se detiene nuevamente en la siguiente estación. Javier cierra su revista marcando con su dedo la página con la que tanto está disfrutando... la que muestra esa joven actriz con quien tanto se está excitando, lo mismo que sus pensamientos con la ejecutiva agresiva, pero prefiere por unos segundos quedarse oteando como entran más pasajeros, examinando sus actos… sus caras, especialmente ellas. Javier adora a las mujeres, muy por encima de lo común. Siente además de esa atracción puramente sexual, un profundo respeto en el juego que ellas le provocan, en esos medidos movimientos, en esas intencionadas poses, en esos calculados trucos femeninos. Sabe que muy pocos hombres son capaces de captarlo. Hasta que... ¡Bingo! Entre todos esos pasajeros que entran y salen, una chica accede al vagón... Javier no la reconoce, pues una monada como esa, no pasa desapercibida precisamente. Además de bonita, es muy joven, posiblemente no llegue a los veinte. Javier se sorprende doblemente, porque además de tremendamente atractiva, es exactamente igual a la chica de su revista.

En principio, se niega a si mismo que pueda ser ella, pero, aunque pueda haber algunas pequeñas diferencias al tenerla así en vivo y en directo, sí que guarda un extraordinario parecido. Lógicamente el resto de los tíos dirigen sus miradas directamente sobre ella, no es de extrañar, piernas larguísimas bajo una corta minifalda, unos cabellos rubios rizados que sobresalen de un gorrito de lana, una piel tersa y resplandeciente, un escote alborotador y un piercing en la ceja, que la exponen como a una niña mala, como a una gatita aparentemente indefensa y traviesa a la vez frente a miles de gatunos hambrientos. Javier sigue pensando que ese parecido con la chica de su revista es demasiado y su nerviosismo de tenerla tan cerca aumenta cada vez más. Alguien ha cedido a esa belleza un asiento justo frente a él. Ella cruza las piernas de forma sensual al sentarse, mientras pone más volumen a su Mp3 como queriendo escapar del mundo, para meterse en el suyo y alejarse de todos los buitres que la acechan.

De pronto ella se queda mirando fijamente a Javier, tanto a él como a su revista. Cuando este se siente descubierto, se incomoda ante la mirada de esa preciosidad al notar que estaba, inconscientemente, devorándola con los ojos. Disimula repasando las páginas a todo color de su actriz favorita, pero ni esa pose seductora de su hembra más sexy, sentada sobre una cama desecha, ataviada con un body negro, pueden hacerle evitar estar atento a esa traviesa chiquilla real que tiene ante sí, para espiarla mientras se desenvuelve en el vagón, con todo el arte del mundo, difícil de superar. A pesar de ser tan joven, sabe jugar frente a esos hombres con auténtica maestría. Les controla dominando cada gesto... cada movimiento y les lleva a todos en palmitas, para dejarles boquiabiertos, incluido Javier, cuando con una aparente inocencia explota el globo de chicle de su boca, para que los restos se depositen ligeramente sobre su labio superior y a continuación retirarlo con la punta de su lengua de forma cándidamente lasciva. Sus miradas vuelven a cruzarse y él sigue disimulando. Intenta concentrarse en su revista, porque no quiere que le pillen de nuevo en fuera de juego, aunque se siente profundamente atraído por ella.

Ensimismado en la revista y en sus codiciosos pensamientos, escucha una voz a su lado. ¡No puede ser! Es ella... la chica juguetona que ahora le mira con sus ojos felinos, le sonríe y le saluda sentándose junto a él… ¡es increíble!

- Hola. – le dice sonriente.

Javier no reacciona, tarda bastante tiempo en asimilar que es a él a quien se está dirigiendo ese dulce angelito.

- Me gusta tu revista - añade ella sin dejar de mostrar una deslumbrante sonrisa.

El hombre se siente extraño, pero al final decide contestar, a pesar de que siente la garganta seca al intentar hacerlo. Una chiquilla como esa no parece de carne y hueso, y sí, sí… definitivamente está hablando con él.

- Ah, ¿esta?, sí, es de moda. - contesta al tiempo que presiente como si todo el mundo les observara.

¿Cómo puede ser que un hombre hecho y derecho se sienta tan descentrado ante una joven?, ¿Cómo es posible que esa criatura aparentemente inexperta le domine de esa manera? Ella sonríe de nuevo, mirándole con detenimiento. Él intenta hacer lo propio, pero está tan cortado que solo lo hace de reojo, advirtiendo que de cerca está más buena de lo que parecía, que sus muslos son más tersos y suaves en apariencia, ahora que los puede ver a unos pocos centímetros, que sus ojos son más verdes e hipnóticos, que su boca es una fresa apetitosa… La chiquilla se acerca más a su cuerpo, puede percibir con nitidez su embriagador olor... un dulce perfume juvenil con reminiscencias de mandarina. La boca de la joven está tan cerca de su cuello que casi puede apreciar su calor. Parece como si le fuera a besar. Javier se siente tenso… excitado.

- ¿Ya te has masturbado con ella? - le susurra la chica al oído, pegándole prácticamente los labios a su oreja.

El hombre abre los ojos como platos. La mira con cara de evidente confusión. Ella se limita a sonreír señalando la revista que el azorado Javier mantiene en su regazo.

- ¿Que si te has masturbado con la revista? - vuelve a susurrarle rozándole prácticamente con sus labios en su mentón.

Javier niega con la cabeza. Esta tan aturdido que no entiende en absoluto ese juego.

- ¿Me la dejarías?

- ¿Qué? - contesta él sin entender.

- Sí, tu revista... Quiero masturbarme con ella. – añade en un ronroneo.

Apenas le deja tiempo de reaccionar. Mientras el metro se está deteniendo, ella se levanta y se coloca de pie frente a él abriendo ligeramente sus piernas. Desde esa posición parece mostrar sus encantos en exclusiva para Javier, sabe que es el hombre a quien ella dirige las señales, quién quiere que la observe con total detenimiento, que la admire y que la desee… ¡Es tan hermosa!

Javier no puede remediar que su erección sea evidente a todas luces. La chica se agacha ligeramente, momento en el que él puede descubrir algo más que su canalillo y una buena porción de sus juveniles y tersas tetas. Ella recoge la revista que se escapa entre los dedos rígidos de Javier.

Justo en el momento en el que él quiere abrir la boca, ella vuelve a acercar sus labios a su oído. Nota de nuevo su intenso perfume... su calor, además de ver esos balanceantes pechos a muy pocos centímetros.

- ¿Quieres ver cómo me pajeo con ella? – susurra la diablilla.

Se sienta frente a él, en el lugar que ocupaba anteriormente para comenzar a hojear su revista, esa que guarda con tanto mimo, esa que es su gran secreto, su íntima joya, ahora compartida. No reacciona, todavía está hipnotizado por la exuberancia de esa chica, por su traviesa forma de jugar, por su dominio total de la situación... Ella de vez en cuando alza la mirada de la revista, para sonreírle y hacerle un gesto con la cabeza invitándole a disfrutar del show exclusivo que le ofrece en el vagón.

Se siente avergonzado. Nota como si estuviera desnudo, como si esa preciosa chica le hubiera despojado de la ropa en medio del tren. Una noche tranquila en el metro, se ha convertido en algo fantástico y sorprendente a la vez… algo que es difícil de asimilar con cierta racionalidad.

El tren se ha ido quedando vacío, parada tras parada, hasta que cuando apenas quedan tres estaciones más para llegar al final del trayecto de esa línea, se quedan los dos solos en el vagón. En ese momento ella mira a los lados y vuelve a sonreír a Javier sabiendo que ahora nada ni nadie puede interferir en su juego erótico. Introduce ambas manos bajo su minifalda y lentamente, sin dejar de mirarle fijamente a los ojos, desafiante, saca sus braguitas arrastrándolas a través de sus interminables piernas que a continuación abre ligeramente, lo suficiente para que él pueda observar con nitidez el coño libre de vello de la joven. Javier nota la palpitación de su corazón en sus sienes, en sus muñecas… en su miembro. La visión no puede ser más alucinante. Esa chica es un sueño, pero ahora está ahí, en exclusiva para él.

El tren llega a la parada de Javier. Él debería levantarse y salir, como hace cada noche, abandonando ese vagón, pero aunque el convoy se ha detenido, hoy el trayecto tiene otros alicientes, alejados de la lectura de su revista, ahora está viviendo el momento de una divinidad real, que guarda tan asombroso parecido con su actriz particular. El hombre no puede moverse, menos cuando la chica sigue enfrascada con su revista de moda y con sus deditos metidos en la minifalda acariciándose entre los muslos suavemente. Puede ver en su pecho la respiración agitada de ella y como esos deditos juguetones y malvados se abren paso hasta llegar muy cerca de su entrepierna para después acariciarse directamente el sexo, suavemente... tentadoramente, sin dejar de mirar a su espectador privado.

Él se tambalea cuando el metro emprende de nuevo la marcha. Su parada ya no es esa, sino la preciosa diosa que tiene enfrente. Se desabotona la bragueta casi por instinto y saca su polla del aprisionamiento del pantalón. Ella parece celebrarlo porque sus ojos brillan aun más fijándose en la vigorosidad que tiene ante sí. Él comienza a acariciarse, notando como esa dureza aumenta por momentos, siente el calor de su verga, provocado por los movimientos lascivos de esa chica espectacular, siente que es la mejor imagen para masturbarse que hubiera soñado nunca y ahora quiere acompañarla tal y como hace ella, al mismo ritmo que el suyo, al que marca también el inicio de la marcha del tren.

Javier está nervioso, confuso… pero ante todo, más cachondo que en toda su vida. La joven, sigue entretenida con su revista. Sus dedos juegan entre sus labios mayores, y él puede llegar a percibir como la humedad de su vulva impregna la punta de sus dedos.

Él siempre se había preguntado cuanta gente tendría ese mismo fetichismo sobre las revistas, el sentirse atraído por las musas y sensualidad que ofrece el papel cuché... y ahora, es esa chiquilla la que le corrobora que no es el único en sentirse atraído por las revistas, sino que ella también se masturba, pero además, sin cortarse en absoluto haciéndolo delante de él… en absoluta preferencia.

La traviesa joven se siente victoriosa al observar cómo el miembro de Javier, en la máxima expresión, está siendo mecido por unos dedos temblorosos y excitados. Después ella vuelve a las fotos de moda y solo de vez en cuando levanta los ojos, para corroborar que él sigue metido en ese juego tan morboso que están intercambiando entre ambos, en algo más en común que una revista... su pasión.

Javier no sabe a dónde mirar para guardar en su memoria un momento tan insuperable, tan irrepetible. Quisiera poder grabarlo con una cámara y no perderse después ni un detalle de lo que vive ahora con ese ángel, de su boca, de sus ojos, de sus inmaculados dientes, de sus perfectas piernas, de su jugoso y ardiente coño… Esa admirable joven, está ahora prácticamente desparramada sobre su asiento, mostrando sus divinos muslos abiertos y sus dedos jugando sin pudor sobre su sexo.

A Javier le resulta complicado tener los ojos abiertos, porque su mano está acunando frenéticamente su polla a toda prisa. Sabe que no aguantará mucho, pero a la vez, quiere detener el tiempo solo para seguir admirando a su diva. La visión de ese cuerpo y ese dilatado coño que la joven acaricia cada vez con más vehemencia, superan el control del más sensato e imagina que está follándosela, que su miembro es uno de los dedos que está jugando entre el clítoris y la entrada de su virginal cueva. La chiquilla está mordiéndose el labio inferior ligeramente. En su mente parece tener a un hombre al otro lado que se está masturbando por su culpa. Dios, que perfección de mujer, piensa Javier, que maravilla de foto hecha realidad, donde cada detalle es armonía… arte… erotismo vibrante. Se fija en la redondez de sus hombros, como resaltan en una piel morena y fina, cómo ese brazo acaba en una alargada mano y cómo un pulgar está metido en su sexo, seguramente rozando las rugosidades de ese tierno chochito. No puede verlo, pero casi sentirlo en su mente. Cree estar viendo su polla acariciada por las paredes de esa vagina, como rozan su caliente tensión y como envuelven ese falo inflamado... sediento de sexo. Apenas unos segundos después su mente se nubla, el movimiento del tren y de su propia masturbación le producen un extraño vértigo, pero el trance aumenta cuando quiere estar acaparando todas esas imágenes con sus ojos cerrados y de pronto un potente chorro sale disparado hacia una altura inimaginable, a un lugar inconcreto, a la vez que un largo suspiro casi convertido en grito sale de su garganta para después lanzar un chorro tras otro acompañando a la corrida más alucinante en medio del vagón de ese metro tan surrealista.

Abre los ojos ligeramente para comprobar en qué estado se encuentra la chica, cuando alarmado se da cuenta que ha desaparecido. No está frente a él. Mira a todos lados, buscando cualquier resquicio por donde pudiera haberse colado. Es imposible. No puede creérselo, pero está prácticamente seguro que desde su última visión de esa mujer, el tren no se ha parado, sino que comienza a detenerse ahora en la penúltima estación. Quizás ella se hubiera trasladado al otro vagón, en el preciso instante en el que él, con sus ojos cerrados viviera el mejor orgasmo de su vida, aunque es casi imposible que no se hubiese percatado de eso.

Javier se levanta a duras penas. Casi no puede mantener el equilibrio con el traqueteo del metro y sus pantalones medio caídos entre sus muslos. No puede ser, esa chica no ha podido esfumarse en un suspiro, ni mucho menos sin que él se hubiera dado cuenta. Se enfada consigo mismo, arrepentido de haber cerrado los ojos en el momento de ese extraordinario orgasmo.

Se siente contrariado. Debería bajarse del tren, pero las puertas han vuelto a cerrarse y el convoy continúa hacia la siguiente estación... la última de su trayecto nocturno. Se apoya sobre el asiento, totalmente desalentado y confundido, porque no puede entender cómo ella se ha podido volatilizar, muchísimo menos que todo haya sido un sueño o fruto de su imaginación, porque ha parecido tan real, que aun tiene el olor de ella en sus fosas nasales y el recuerdo perfecto de sus piernas, de sus ojos, de sus labios y también los de su palpitante coño.

Cuando por fin el tren ha llegado a su parada final, Javier se levanta de su asiento, totalmente apesadumbrado dispuesto a abandonar el vagón mientras recompone como puede su vestimenta, intentando mientras dar un sentido lógico a toda esa locura, hasta que de pronto percibe que en el suelo, justo bajo el lugar donde minutos antes estaba sentada esa chiquilla, se encuentra tirada su revista. Se apresura a recogerla y la abre, recorriendo rápidamente las imágenes de su actriz favorita, en un intento vano de recuperar a la otra, a la real… pero ella no vuelve a cobrar vida, como hiciera antes. Realmente parece no haber existido en ningún momento.

Intenta recomponer todo el puzle de sensaciones que abordan su cabeza a medida que comienza a avanzar lentamente por el andén, separando de su mente lo posible de lo imposible, lo real de lo irreal, pero resulta tan absurdo dar una explicación fundada a todo ese suceso, admitiendo que seguramente todo haya sido producto de una extraña alucinación, como una especie de locura transitoria fabricada por su propia acalorada imaginación, incluso pudiera tratarse de algo paranormal, en la duda de si esa chica era de carne y hueso o simplemente ha traspasado una tercera dimensión, saliendo de su revista, para aparecer frente a él.

Lo que sí es real es la revista, la que ahora se lleva a la nariz para sentirse dichoso de tenerla, identificarse con su agradable aroma, en esa mezcla de olores a imprenta, a papel y al supuesto perfume de su chica fantasma. Javier abre la publicación por la página central, para volver a admirar la belleza de esa actriz, cerciorándose que es ella, la misma chica del vagón, que ahora pasará a formar parte de algo más que una fantasía porque ha logrado revivir del fondo de su mente.

De pronto el tren produce un ruido que despierta a Javier de sus pensamientos al cerrar las puertas. En ese momento regresa hasta el vagón que abandonara poco antes, pegando su cara al cristal, recorriendo con su vista el asiento ocupado minutos antes por su dulce angelito, recordando sus curvas, sus labios, sus ojos, cuando… inconcebiblemente observa que bajo el asiento hay unas braguitas echas un ocho, sí… esa misma prenda que la dulce y traviesa chiquilla se quitó en aquel movimiento tan erótico, tan increíble… Javier corre hasta la puerta más cercana en el vano y desesperado intento de abrirla, cuando en ese momento el tren emprende su marcha en sentido contrario, de camino a cocheras y el hombre se queda paralizado al borde del andén observando cómo se aleja el convoy y con él tantas ilusiones, tantas sensaciones…

Vuelve a acercarse la revista al pecho y se sonríe abrazándola, sabiendo que ahora, dentro de toda esa locura que ha vivido, tiene que haber algo cierto, porque… algo de todo esto ha sido real ¿O no?

Lydia



La chica de la revista
Categoría: Autosatisfacción

Lydia nos cuenta, en el Ejercicio, que un trayecto nocturno en metro puede ser un viaje rutinario más...o quizá convertirse inesperadamente en el sueño de la vida de un hombre,cuando una chica misteriosa aparece en escena.

lunes, 9 de mayo de 2011

Una manera de sentir (Gata Colorada)

Luís Alberto López Barea es la persona que más me había jodido en la vida y más he odiado. Desde los parvulitos hasta el final del BUP, todos esos años, lo tuve sentado al lado durante 9 meses. Era mi compañero de pupitre. Yo me llamo José López Bermúdez.

Él es rubio, alto, con ojos azules. Yo, bajo, moreno y con unos ojos castaños de lo más vulgar, tras gafas de miope. Él sacaba muy buenas notas , yo regulares, malas no podía, hubiera perdido la beca que me habían concedido para estudiar bachillerato en aquel colegio de frailes, donde transcurría mi infancia. Como compensación, ya que mis padres no pagaban las matrículas, yo tenía que hacer de monaguillo. Así que a las 7 entraba para que los frailes más madrugadores pudieran decir su misa. Porque Luís Alberto era rico y yo pobre.

Acabamos el bachillerato y los estudios nos separaron. Él se hizo arquitecto, yo aparejador. Siempre era más, yo menos.

Nunca le había podido olvidar, le odiaba. Y resulta que a los 38 años nos volvíamos a encontrar. Él “la administración”, yo “la puta contrata”. En mi empresa cuando se enteraron que el arquitecto que les había tocado en aquel instituto era de mi “ cole”, como decía el dueño de la constructora, allí me mandaron de jefe de obra. Y llevaba 8 meses volviendo a sentir aquella mala leche que me corría las entrañas.

Pero lo que más me jodía de todo era que estaba casado con el amor de mi vida y origen de mis complejos sexuales: Marisa González Bocanegra.

Me enamoré de Marisa el día de su primera comunión. Era normal que las hermanas de los alumnos comulgaran con ellos. Marisa es la hermana de Juan , un niño del colegio, que tenía además un compañero en mi clase: Julio. Yo tenía 10 años, ella 7. Y fue la primera vez en mi vida que el pene se levantó siguiendo la ley del instinto. Me empalmé cuando aquella preciosidad de enormes ojos negros abrió la boca de labios carnosos y sacó la lengua sonrosada para recibir la hostia. Yo, el monaguillo que sujetaba la bandeja de oro, me di cuenta que esa era la mujer de mi vida.

Me hice amigo de su hermano Julio, aprovechaba cada vez que podía para ir a su casa y poder mirarla. La vi crecer, cada día más guapa.

La bomba que destrozó mi vida sexual ocurrió en la fiesta de fin de curso de COU, yo con mis 18 años recién cumplidos me declaré a una adolescente de 14 en un momento que estábamos solos en el jardín. Llevaba una semana preparando lo que iba a decir y soñándolo desde que la conocí.

Ella me miró sorprendida y me dijo: “ Pepe no te entiendo. Yo siempre pensé que ibas a ser cura como mi hermano Julio, y que era él quien te gustaba. Ya sabes como es.Eres agradable pero no eres mi tipo.”

Y me dejó con la boca abierta y el corazón destrozado. Ella volvió a la fiesta y entre las lagrimas que empañaban mis gafas , pude ver como bailaba en los brazos de Luís Alberto.

Mi vida cambió al salir el colegio. Tuve que compaginar trabajo y estudios. Era muy difícil. Mi padre me metió en la pequeña constructora donde trabajaba de solador. El dueño, D. Fermín, un navarro bruto y buena persona, me ayudó para que mis faltas a clase no fueran muchas cuando se enteró que pensaba estudiar aparejador. Mi paga se la daba a mi padre y yo andaba si un duro, entregado a salir de la miseria y hacerme pajas. Me masturbaba un par de veces al día, era mi desahogo de joven feo y pobre.

Acabé la carrera y subí en el escalafón de la empresa. Sabía bien los oficios y la malicia de las obras, había trabajado en lo más bajo, así que me fui convirtiendo en uno de los dedos del jefe, decir que en su mano es mucho. Aproveché un edificio de viviendas que estábamos haciendo para comprar un ático pequeño cerca de la plaza de Roma.

Al irme a vivir allí no tuve que dar mi sueldo en casa. Mis padres, más mayores, tenían menos necesidades y pude disponer de dinero.

Me hice un experto en putas. Con una puta fue mi primera vez y todas las semanas, el sábado. me follaba a una. Siempre elegí chicas de primera y además el fin de semana eran más baratas, pues la clientela tenía que estar en familia. El sexo pago es gratificante por lo buenas que estaban las mujeres que me tiraba, pero pese a que algunas de ellas habían acabado siendo amigas y en parte confidentes, mi soledad sexual era enorme.

Seguía pensando en María Luisa González Bocanegra.

Así que tener que llevar a la final de la Copa del Rey a Luís Alberto, marido, amo y follador de mi amor me daba por culo, pero la pela es la pela. Y yo le esperaba para invitarle a copas, jamadita y partido, y a lo que más quisiera.

--------------------------------------------------------------------------------------

Estaba muerto, pero feliz, tomando un café con churros en el bar debajo de mi casa. Leía la crónica del partido del día anterior.

El imbécil de Luís Alberto se había mamado como un perro. Se había dado al güisqui y al jamón desde que nos juntamos y cuando su equipo perdió y ganó el mío ( me había hecho del eterno rival , cuando de pequeño me explicó que él era del otro equipo local y su papá le llevaba al campo) aumentó la ingestión alcohólica y encima se empeñó en que le llevara a algún puticlub a tomar la penúltima.

Cuando salimos no se tenía de pié, así que no tuve más remedio que llevarlo a su casa en su coche, pues el cabrón vivía en un chalet en Torrelodones. Yo sabía la dirección pues le había tenido que mandar un par de regalos , atención de la contrata a la administración.

La casa era acojonante, enorme, un lujazo. Eran las 4.30 de la mañana y antes de llamar, meé, yo me había dado a la cerveza y a la clara y necesitaba evacuar líquido. Cargué con él y llamé a la puerta.

Nos abrió y me ocurrió como la primera vez que la vi. Se me puso dura como 28 años antes. Estaba buenísima. Llevaba una bata cerrada. Me reconoció.

“ Pepe, gracias por traerle”

“ Algo le sentó mal, ya sabes con la emoción del partido”- mentí, era mi obligación. Lo que tenía era un pedo como una catedral.

“ No le justifiques, se ha emborrachado. Le pasa a veces”

“¿ Quieres que te ayude a acostarlo? Pesa bastante , es un peso muerto, y no creo que se despierte”- deseaba quedarme viéndola todo el tiempo posible.

“ Te lo agradezco”- Yo lo cargué como un saco y lo llevé al dormitorio. Gracias a dios estaba en la planta baja.

Al ayudarme la bata se entreabrió y pude ver el camisón transparente que llevaba y la carne ebúrnea que desbordaba la prenda. Le dejamos tumbado en la cama. Volvimos al salón.

“ ¿Quieres tomar algo?”

“ Un café. Yo también he bebido y tengo que volver a Madrid. Volveré en el primer tren de la mañana”

La acompañé a la cocina. Creí que la polla iba a reventar. Los años la habían convertido en una tía maciza, guapa de cara, con un pedazo de tetas , un culo y unas piernas de pan y moja.

Con la taza en la mano me miró y preguntó curiosa: “ Mi marido me ha dicho que no te has casado. Pero que andas con las prostis más lindas de Madrid”

“ La mujer que siempre he amado, me rechazó, y en la belleza de las mujeres con las que voy, sólo busco sustitutas.”

Sus ojos me recorrieron de arriba abajo, vi su mirada de asombro al fijarse en la tienda de campaña que marcaba mi erección.

Y me besó. Se me cayó el café. Y cuando se apretó contra mí, devoré su boca.

Un hambre salvaje nos inundó, sin soltarnos fuimos al salón, le abrí la bata y acaricié enfebrecido su piel desnuda. Marisa me soltó el cinturón y tiró del pantalón y el calzoncillo hasta dejar mi polla al aire. Me empujó. Yo, con los pantalones en los tobillos, me caí. Se paró con un pie a cada lado de mi cintura y bajó hasta empalarse. Se movió como una jinete al galope, hasta que solté toda mi leche entre sus convulsiones de placer.

El segundo polvo, ya desnudos, fue más tranquilo , pero igual de delicioso.

“ No sabía que tenías una polla así, tan gorda.”- me susurró mimosa abrazada.

“ Eso me suelen decir, pero…”

“ Pepe , tenemos que recuperar el tiempo perdido.”

“ Lo haremos, cariño.” – le musité convencido.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------

Fermín, mi hijo mayor, sale triste del campo. Nos han eliminado.

“Papá, cuéntame”

No le puedo contar todo, como cambió mi vida una noche. Como mientras le ponía los cuernos a Luís Alberto de manera continuada, con alegría y alevosía, me di cuenta que tenía a mano a la hija de mi jefe. Me puse de novio con ella, me case, tuve dos hijos, se murió mi suegro, heredé la empresa y seguí follando con Marisa, ahora más vieja y más puta.

“ La noche más feliz de mi vida fue el 22 de junio de 1992. Ganamos la Copa del Rey frente al Madrid, 2-0. Y recuerda siempre los que dijo Luís Aragonés, el sabio de Hortaleza y aplícalo a la vida. Estoy hasta los huevos de perder con estos, de perder en este campo. Lo que vale es que sois del Atleti de Madrid …..hay que salir y decir en el campo que solo hay un campeón y va de rojo y blanco” Ya sabes lo que pasó. Schuster dijo que en su vida había salido más motivado y metió el primero, el segundo fue de Futre.”

“Pero fue hace mucho.”

“Mira hijo, como canta Sabina: lo nuestro es una manera de sentir, de vivir , de aprender, de sufrir… Si ganas siempre, no disfrutas de verdad, la noche que te toca pasarlo bien”



Una manera de sentir
Categoría: Confesiones

Gata Colorada, en su segundo relato para el Ejercicio, nos narra como el odio puede llegar a convertirse en fuente de placer.

Vida de casado (Esclavo servicial)

Cuando fuimos oficialmente novios, Esther cambio, es decir intensificó aun mas su dominio y humillaciones conmigo, su despotismo era permanente y debía tratarla como si fuera la modelo mas cotizada del mundo, ella era una exitosa comerciante que sin mayores esfuerzos gozaba de éxitos y prestigio, prácticamente me convertí en su cadete y mandadero, yo mantenía mi casa aun pero prácticamente pasaba el día en la suya haciendo diferentes tareas.

Poco a poco deje de ver a mis amantes ya que requería ella de ese tiempo, solo quedó fijo los sábados con la flaca desdentada, quien requería permanentemente mis besos y penetraciones, con esto lograba mi novia que mi interés sexual decayera más cada vez, solo masturbaciones violentas con Esther y sexo obligado con su amiga, era la base de mi degradación como hombre, hasta casi perder el interés.

Una de sus amigas, Raquel ,la primer belleza que le había visto saludar, era de una familia de mucho poder y dinero, de familia tradicional, las que llegan vírgenes al matrimonio, virgen vaginales, pues su boca y su culo conocían placeres hace rato, Sabrina, la mejor amiga de Esther era la generadora de la mayoría de los exitoso negocios de mi novia, su juventud, 22 años, y su hábil boca convencía a poderoso amigos de su padre y repartían ganancias, cierto día Sabrina llego lastimada vino de visita y se dio el siguiente dialogo y mi gran sorpresa por lo que me entere

S: con quien me mandó señora, tenia pinta de tonto, pensé era otro juego pero resultó muy exigente

E: jajajaja ese asegurará mi futuro, será tu AMO amante permanente y tu seguirás siendo mi amante chupaconchas cerdita

S : sí mi señora haré lo que desee , pero insiste en que le entregue mi virginidad para firmar el acuerdo comercial

E. entrégasela entonces, ya tienes edad para decidir tu vida

S: pero usted señora conoce a mi familia, de no llegar virgen al matrimonio, me quitarán todo derecho sobre mi gran herencia

E: tranquila, cuando conocí a este idiota pensé en eso y lo estoy entrenando para que sea un buen cornudo

S: señora jamás mi familia aceptaría me case con un perdedor como éste

Una lluvia de bofetadas cubrió su ya castigado rostro, no pienses le gritó Esther, sólo haz lo que mejor sabes hacer, tomada de su cabello Sabrina hundió su boca en el sexo de la inmensa Esther, ésta aun mas fuerte ordenó, y tú idiota, refiriéndose a mi, saborea mi culo y mas te vale violarme con tu lengua si no deseas conocerme enojada, 2, 3 4 , innumerables orgasmos coronaron nuestra sumisión oral , entre insultos y golpes para ambos chupadores

Cuando terminamos y se dio por satisfecha, con una mano retorció un pezón y con la otra la masturbó hasta llevarla al placer, un beso morboso coronó el éxtasis, confía en mi le dijo, pronto estarás casada con este idiota y con el acuerdo firmado nos aseguraremos muestro bienestar económico.

Tres meses después me estaba casando con la bellísima joven, una fiesta a todo lujo, extrañamente nadie me saludaba a mí pero todos parecían estar especialmente felices, una vez terminada Ester nos llevo a nuestra nueva casa, con amplio jardín de frente, pileta, terraza y parque al fondo, allí nos esperaba un hombre mayor, apuesto, alto y muy elegante, fino en sus maneras, hablaron algo largo rato entre ellos , charla que terminaron con un brindis y risas , luego Esther la tomó a mi esposa de los cabellos y rudamente se la entregó al visitante quien a cambio y delante nuestro le dio una importante suma de dinero , estrena su virginidad le dijo y después que mañana firmemos el acuerdo podrás venir a usarla a tu gusto cuando desees y también si lo requieres el idiota y ahora cornudo la llevara donde digas cuando lo dispongas.

Esther me llevó con ella, estrené mi casamiento recibiendo un castigo ejemplar, para que las cosas me queden claras me decía, luego le di sexo oral hasta que se quedó dormida, yo no pude hacerlo, primero los gritos y luego jadeos de Raquel me lo impedían , el visitante se fue a media mañana , contento por la noche que se le brindó , Esther nos llamó desde la cama , cuando llegamos nos hizo desnudar , la pasaste bien le preguntó a Raquel , sí señora respondió esta, le hizo abrir las piernas y me ordenó limpiarla del semen que aun tenía dentro , se paró y retorció su pechos hasta que soltó lagrimas , me perteneces y así será hasta que yo lo decida , serás puta y diversión de quien yo te ordene y mirándome a los ojos me contó que desde que tenia 16 años ella era su ama y señora y ella la había guiado en la vida .

Mis días comenzaban desde muy temprano planchando la ropa que me hacían separar la noche anterior, luego las despertaba, dormían juntas, con el desayuno Raquel siempre amanecía con la cabeza entre sus gruesas piernas, después de servirlas me paraba al lado de mi ama con las piernas bien abiertas, su saludo era un típico y fuerte golpe con sus manos en mis genitales para después ordeñarme con violencia como siempre.

Raquel solo vestía diminutas polleritas, medias de red como su ropa interior y blusas transparentes, sus servicios, sexuales y para ser humillada, siempre eran requeridos por hombres y mujeres de alto nivel económico, desde las 17 de cada día estaba en casa a disposición si es que la necesitaba del mentor económico quien la desvirgó , el y AMA Esther eran los únicos que podían castigarla, marcarla , tatuarla o adornarla físicamente , yo como siempre, estaba encargado de limpiarla después que el señor la usaba .

Su familia luego de la boda nunca mas volvió a visitarla, la vida era tan automática que Raquel ni tiempo tenia de pensar en ellos, cuando mi esposa cumplió sus 26 años y yo ya tenia casi 55, siendo notorio su deterioro físico por el intenso uso que hacían de ella, fuimos llevados a un campo en la provincia que jamás supimos donde era, ella era abusada por rústicos peones y yo el encargado de lavarles la ropa de trabajo y prepararles la comida , las tres encargadas de las casas la usaban para juegos , como mueble y diversión tanto sexual como para reírse de ella . Jamás desde que nos llevaron volvimos a salir de ese campo.

Esclavo servicial



Vida de casado
Categoría: Dominación

Esclavo Servicial envía al Ejercicio la segunda parte de "Amo las mujeres que desagradan a otros", en que el protagonista de la historia sigue siendo usado y humillado.

lunes, 2 de mayo de 2011

Después de la feria según Lucas (Lucia Carolina)

Siendo las 5:30 de la tarde Don Lucas termina de disfrutar una rica comida.

Don Lucas

-Gracias doña Mari la comida le salió muy buena.

Doña Mari

-Gracias señor, disculpe mi hijo me habló para ir a la feria con su esposa y los nietos.

-Si usted no dispone otra cosa me gustaría retirarme.

Don Lucas

-Muchas gracias, creo todo ya esta listo, y que bueno que se va a divertir; gracias por venir el día de hoy y nos vemos el lunes.

Don Lucas es un buen hombre que vive solo, ya que nunca se casó, pues no le interesan las mujeres y aunque ha tenido varios amigos discretos, en estos últimos tiempos se encontraba solo.

Va al estudio y enciende su computadora de última generación con un potente quemador para DVD, viendo como arranca el sistema sonríe mientras piensa.

-Si Marquitos supiera, uyy que bueno está ese chiquito, si no estuviera tan joven, pero mejor me conformo con verlo cuando me quema los cd. ¡Pero que hermoso está el chiquito!

Así el señor empieza a navegar, dirigiéndose a páginas que muestras imágenes de jóvenes travestis, pero sin darse cuenta no deja de pensar en el dichoso Marcos

-Como se verá Marquitos así vestidito y maquilladito.

-Esa me recuerda a Marcos.

Marquitos, Marquitos, Marquitos.

Después de algún tiempo checa su fino reloj y ve que son más de las 7 de la noche y sigue hablándose.

-Me hubiera ido con Julio, esas fiestecitas se ponen buenísimas, pero tenía que ir hoy a ver esos terrenos ni modo.

-El estar viendo estas tonteras solo me la pusieron dura, y me recordaron a ese chamaco.

-¿Y si le hablo?

-Seguro no está o se ha de estar arreglando para salir, pero. ¡Quiero hablarle¡

-Ya sé, le hablo y luego me hago una en su honor.

Don Lucas toma su celular, y marca ese número, el cual un día sin motivo alguno, le ofreció Marcos sin más explicaciones.

Se oye tres veces el tono de llamado y después se escucha la voz de Marcos

-¡Hola!

La vos del muchacho se escucha rara algo nerviosa, aun así él le responde

--Hola Marcos, soy Lucas el que va a quemar al web de don Julio.

Marcos de una manera más natural, le responde

Si dígame Don Lucas ¿Qué se le ofrece?

Don Lucas

---No abrieron verdad.

Marcos

--Es sábado de gloria no, no se abrió hoy.

Don Lucas

--Oye mijo me pasaron un cd y lo debo regresar mañana quiero quemarlo ¿qué hago?

Se presenta un silencio, y de pronto el muchacho responde

--Acá tengo mi computadora, si no le importa venir con gusto se lo quemo.

Don Lucas

--Mijo eres un Sol, sé donde vives ¿Te puedo caer en media hora?

Y Marcos responde.

--No se preocupe, ¿para qué son los amigos?

Y cuelgan

Don Lucas y dice para sí

-¡Qué dulce y tierno eres!

-¡Eres un encanto!

Y reaccionando se lleva una mano a la cabeza

-Ahora que hago, no existe ese disco, cual quemo.

Y empieza a revolotear entre su gran colección de cd, y dice tomando uno de estos

-Mira que encontré, éste hace años no lo oigo, nos encantaba para bailar mmm vamos a copiarlo…total.

Apaga la computadora, se dirige a su cuarto para darse un rápido baño, ya con ropa limpia y oliendo a loción sale de la casa hacia la de Marcos.

El señor ve el reloj, pasan de las 8 de la noche. Toca el timbre dos veces, cuando empieza a escuchar como bajan de la escalera y se abre la puerta…

Jamás se esperaba encontrarse con la imagen con que tanto había soñado, era la diosa de sus sueños. Unos pantalones sumamente ceñidos al cuerpo y una camisa blanca que no parecía ser de varón, con la cual juraría haber visto a su hermana, perfume afrutado muy suave, así como un sutil color en los labios. ¡Toda una delicia!

Al verlo el chico entre nervioso y alegre le dice:

--Pase Don Lucas, andaba haciendo una tarea, a don Julio lo invitaron al puerto y mejor cerró, pero pase ahorita lo hacemos.

Aunque Don Lucas tiene mejor información sobre su amigo, únicamente dice

--No hay problema mijo, pero vi hace rato a mi compadre que trae este cd ¡Que está de poca! Pero a medio día sale de la ciudad.

Marcos

--No hay problema ahora lo quemamos mire acá tengo cds limpios.

Marcos cierra la puerta de la entrada y se dirige hacia la escalera indicándole al invitado que lo siga; el señor no da crédito al espectáculo que se le esta presentado al contemplar ese gracioso y esbelto cuerpo conducirlo; ver el movimiento de esas nalgas que tanto se ha imaginado.

Una vez en la recámara el chico se acercó a la computadora y mete el disco a quemar, en ese momento escucha a Don Lucas

--¿Y tu que haces acá? ¿No vas a ir a la feria?

Marcos

Todos los cuates salieron de la ciudad, me quede sólo y así no es divertido

Se abre la unidad de cd pidiendo el cambio de disco.

Don Lucas

--Uy mijo si eso es ahora imagínate yo, que todos mis cuates se fueron casando y me quedé solo.

Marcos

--¿Y por qué no se casó?

Don Lucas

--Nunca hallé a la persona adecuada y en la vida pasan muchas cosas.

Marcos

--¿A qué se refiere?

Don Lucas

--Cosas de la vida que en su momento entenderás.

Una vez que el proceso de quemado ha finalizado, el señor ve como Marcos vuelve a empujar el cd y lo pone a reproducir; observa como, al comenzar la rítmica melodía, el muchacho comienza a moverse con la gracia propia de una dama, esto a él le provoca admiración y, ¿Por qué no? Deseo.

Sin dejar de danzar Marcos prueba todas las melodías del cd para comprobar que todo quedó bien y una vez que concluye saca el disco de la computadora, lo introduce en su estuche y se lo entrega al señor, mostrándole una coqueta sonrisa que a Don Lucas le mueve todo, pero logra comportarse y tomando el paquete pregunta

--Mijo ¿Cuánto te debo?

Marcos

--No, solo luego me da un cd limpio y ya.

Don Lucas no se quiere separar de él, por lo que lo único que se le ocurre es decirle

--Oye, mira mmmmm yo si quiero ir a la feria ¿Por que no vamos juntos?

Don Lucas puede ver como se iluminan los ojos de Marcos, el aumento de su sonrisa, todo en él es fiesta. Y así le responde

-Me cambio rápido y nos vamos…

Aunque a don Lucas le hubiera gustado decir que para que se cambia si así está buenísimo, solo se anima a decir

--Ni que fueras vieja para tanto remilgo, así estas bien, ponte tus zapatos y vámonos

El señor solo ve como Marcos toma una cangurera y en ella mete la cartera así como su teléfono celular, se alza la camisa para ceñírsela en la cintura; con lo cual Don Lucas confirma que la ropa que porta es de dama.

Ya que Marcos cierra la puerta ambos entran al auto de don Lucas dirigiéndose a la feria.

Mientras conducía Don Lucas no daba crédito a lo que pasaba, estaba tan cerca de la persona que amaba, si lo amaba, jamás había sentido esto que empezó meses atrás al ir a ver a su gran amigo Julio, y ver trabajando a este precioso angelito, recordó como se fue acercando a él pidiéndole le quemara cd, y ahora lo tenía en su auto dispuesto a divertirse y pasarla bien juntos, ver esa sonrisa oírlo cantar con el cd, eso era increíble.

De momento deja estos pensamientos y se concentra en el tránsito, pues como se va acercando al evento éste se torna más rudo y como le es posible se va abriendo paso hasta el estacionamiento de la feria en el que logra un lugar para el auto.

Una vez que ambos están fuera del auto Marcos le ofrece un billete a Don Lucas pero él le ruega que lo guarde señalándole que lo espere en cierta área mientras se dirige a la taquilla.

Al salir de hacer fila en la taquilla, ya con las entradas en la mano ve a lo lejos a Marcos, y cerca de éste, como el hombre joven que estaba delante de él, en la fila, se acerca a una hermosa chica y se dan un beso, Don Lucas con gusto hubiera hecho lo mismo, pero sabe que no es posible.

De modo sereno, se reúnen los dos, como padre e hijo para dirigirse hacia la entrada, la cual se encuentra totalmente atascada por la gente que desea entrar, hay empujones, golpes, por lo que Don Lucas busca la manera de proteger a Marcos y las yemas de sus dedos se apoyan en la cintura del joven. Marcos casi no logra avanzar y a él lo empujan de atrás para que camine, entre estos movimientos la punta del pene del señor apenas roza sus nalguitas produciéndose una corriente eléctrica en el señor, trata de retirarse pues lo que menos desea es tener problemas con su amigo pero están fuertes los apretones por lo que se repite varias veces hasta que en una de esas su masculinidad fue a incrustarse en el canalito de muchacho, cosa de segundos pero no tardó el muchacho en voltear pero ahí quedo la cosa.

Ya dentro de las instalaciones la gente se comienza a dispersar, Marcos continua caminando ya mas tranquilo, y Don Lucas logra ponerse a la par de éste y así comenzar a disfrutar la feria.

Al señor le encanta el ganado, así que tiene cierta experiencia que aprovecha para deslumbrar al chico. El lugar se encuentra completamente lleno y para no esforzarse mucho abraza al muchacho y casi le habla al oído, le va dando estas explicaciones, a veces siente su cintura a veces su cadera, hay tanto que ver que el joven se mueve para todos lados, por lo que en uno de esos movimientos la mano de Don Lucas se posa sobre su nalga; corriente eléctrica fluye por el señor, sintiendo un pulso sobre su pene; el señor se pregunta

-¿Qué está pasando?

Y rápido sube la mano hasta la cintura del chico, así continúa explicando el funcionamiento de una bomba de agua con la que se toparon cuando siente la tibia mano del muchacho haciéndole discretos cariñitos en el brazo, continuando así disfrutando de las exhibiciones.

Al acabar con los puestos, el señor se siente algo cansado, por lo que al ver una fuente de sodas le dice al muchacho que se muere de sed, y lo invita a tomar un refresco. A lo que él, gustoso, acepta.

Nunca le había visto esa cara, el chico estaba radiante, feliz. Esos rizos que fueron lo primero que llamó su atención la primera vez que lo vio en el web, esas pobladas cejas hermosas, sus ojos llenos de brillo pero nada se comparaba con esos labios que le llamaban a ser besados; todo en ese ser era magnifico.

Ya que se terminan las bebidas Marcos le hace saber que quiere ir a los juegos mecánicos y de igual modo lo convence a subirse a la montaña rusa. Las vueltas comenzaron y la vista en lo más alto era increíble, mas al inicio de la segunda vuelta ambos se quedan viendo cara a cara hasta que don Lucas se anima a buscar esos labios que al encontrarlos fue ampliamente recibido, esos labios dulces y carnosos, pero en determinado momento Don Lucas deja ese manjar retornado a una correcta posición, momento en el cual la canastilla pasa por la parte más baja y una vez, cuando la rueda va tomando altura el señor vuelva al ataque y así están hasta que concluye el juego.

Al bajarse de la rueda el panorama ha cambiado, ya hay confianza, ya los dos saben qué esperar. Se suben a otros juegos, se tocan, se disfrutan; ambos se encuentran felices.

Al andar buscando a qué juego subirse, se escucha el celular de Marcos, Don Lucas sólo observa como lo saca de la cangurera, ve en la pantalla y se aleja para contestar, el señor está divertido disfrutando de las muecas que Marcos le hace mientras habla; una vez que cuelga, el chico se acerca a él y le comenta

-Mi Papá; organizaron una parrillada mañana y salen a medio día para acá.

En eso se escucha por el altavoz que se presentarán unos clavadistas e invitan a la gente para que se vaya acercando a ver el espectáculo y nuevamente se forma una multitud en torno al tanque donde se presentan los clavadistas. Don Lucas a propósito permite que Marcos se adelante, y luego va tras él aprovechando la gran multitud para tocarlo, abrazarlo y ¿por qué no? mostrarle como lo tiene. Aunque no lo esperaba Lucas es correspondido al sentir como los largos y delgados dedos de Marcos juegan con los vellos de sus brazos además de que su cola es la que ahora busca ansiosa su miembro.

Al concluir los clavadistas la gente se vuelve a dispersar. Pero de manera sorpresiva aparecen unos juegos artificiales, todo el mudo alza la cabeza para verlos, Don Lucas sin ningún temor a apoyar sus manos en el cuello de Marcos ofreciéndole algún tipo de masaje con los dedos; una vez que estos terminan ve en su reloj que ya son las 2:30, por lo que le pregunta a Marcos

-¿Que más hacemos?

Marcos ve la hora

--Tengo hambre, la Pizzería que esta cerca de la casa trabaja las 24 horas, vamos a casa y pedimos una por teléfono.

El señor se queda sorprendido, la invitación es tan directa que no puede negarse, y le responde

--Me parece bien, no tardan en cerrar aquí.

Y así ambos se dirigen al estacionamiento en busca del auto.

La felicidad de Don Lucas es grande, anda con su gran amor, pero andan como una pareja de enamorados, sus sentimientos son correspondidos, disfruta de la ternura de este ser tan divino.

Al llegan donde coche, Don Lucas considera su deber abrirle la puerta a su frágil doncella, así como esperar que quede cómodamente sentada para cerrarlo, después dar la vuelta al carro y al abrir su puerta es recibido por la gran sonrisa de Marcos y comienza a platicar

--Lucas… que bueno que fuiste por mí, estuvo muy divertido todo, te fijaste…

Para Lucas es un placer escuchar esa voz, se podría decir que se siente realizado, pleno.

Al hacer cambio de velocidades con la palanca de piso roza la pierna del chico pero ya sintiéndose en confianza deja caer su mano sobre la extremidad y empieza a acariciarla, a darle muy leves apretones con sus dedos; él esperaba cualquier respuesta, pero solo vio como Marcos se puso de lado y empezó a pasar sus dedos por su calva.

Marcos pregunta continuando con las caricias, casi al oído

--¿Lucas de qué te gusta pizza?

Y pronuncia la primera que se le presenta en la mente sin ninguna reflexión

--La hawaiana es riquísima…

Marcos vuelve a sentarse correctamente para sacar su celular, marca dos botones y empieza a hablar

--Hola Doña Esperanza, soy Marcos, podría enviarme una Pizza hawaiana a la casa, creo llegar en 30 minutos, así que no hay prisa

--si la grande, ajá…si con todo…

-- Gracias.

Marcos cuelga y le dice a su acompañante.

--Ya está, como me llevo con Manolo, conozco a su mami, Doña Esperanza, así que cuando lleguemos no tardaremos tanto en esperar la cena.

E inesperadamente Marcos le da un gran beso en la mejilla que le mueve todo.

Cuando el señor estaciona el coche frente a la casa, le pide a Marcos que le espere pues él le abrirá la puerta, la calle esta desierta por lo que se anima a llevarla da la cintura hasta la puerta de la casa. Marcos saca las llaves y ambos entran, al cerrar la puerta Marcos gira sobre su eje quedando ambos frente a frente para comenzarse a besar pasa su lengua por esos labios tan maravillosos, juega con ellos y por ultimo mete su lengua en la boca del muchacho, siente ese espigado cuerpo lo provoca aun más. Desea tocarle la cola por lo que su mano comienza a descender y ya cuando se encuentra cerca de su cintura se escucha un timbre, por lo que suavemente la comienza a soltar, aprovechando para decirle

--Me dejas pasar al baño.

Marcos le señala una puerta. Para luego ir a atender el timbre, el señor se dirige a la puerta señalada

Al lavarse las manos se ve al espejo y se dice

--Lucas, ésta es tu noche, jamás se repetirá, así que aprovecha al máximo.

Sus pensamientos son detenidos por la voz de Marcos que le dice

--Lucas voy arriba, ahí esta el bar, por favor sírvete lo que desees.

Y secándose con su pañuelo sale.

La estancia es cómoda y acogedora, reflejando un buen gusto, se observa un pequeño bar, al que se acerca, encuentra una botella de brandi, toma una copa para servirse un poco.

Estaba disfrutando de su copa cuando algo lo hace voltear hacia lo alto de la escalera donde encuentra una imagen espectacular. Si la primera vez que vio a Marcos esta noche lo había impresionado, esta vez se ha quedado sin palabras, una verdadera mujer.

Marcos lucia un vestido rojo que le entallaba muy bien, con un peinadito muy femenino y sus labios de un color rojo resaltaban su bello rostro, haciéndolos ver mucho más deseables. De la manera gentil Lucas le ofrece la mano al muchacho conduciéndolo al sofá que se encuentra en la sala y solo logra decir

--Te ves hermosa ¿Marcos?

Y este Le responde

--No. Así soy Liz.

Y ambos se volvieron a unir en un gran beso, el dulce sabor del labial era exquisito, pero lo eran más las caricias que el joven le brindaba, el calor de su aliento la tersura que sentía al acariciar su descubierta espalda.

Lucas desea tener así a Marcos para la eternidad pero de repente siente como éste sin dejar de besarle se le va despegando y comienza a abrirle la camisa, para así a tocar su velludo pecho.

De pronto Marcos deja sus labios y se dirige a su torso, el señor siente riquísimo como el muchacho besa y muerde sus pezones, a la vez que pasa su mano por su pecho. Hacia tiempo que Don Lucas no sentía tanto placer. Las caricias en su estomago son increíbles, pero en ese mismo instante siente como el brazo del muchacho roza su pene, la sensación es mayor.

Marcos se da cuenta de su reacción y Lucas siente como sin dejar su cuerpo, las manos de Marcos van desde su panza hasta las piernas, las acaricia varias veces, como titubeante, mas de repente Lucas siente como la mano del joven le toca el pene, siente como lo frota, le da pequeños apretones. Lucas ve como Marcos se comienza a levantar, busca sus labios y se dan un gran beso, momentos después Marcos se para y se hinca entre sus piernas para continuar jugando entre los pantalones de Lucas.

Lucas ya no resiste, él mismo se zafa el cinturón, se abre el pantalón y se levanta para quitárselo; ve como los ojos de Marcos buscan los suyos en la mirada de él se refleja emoción y sorpresa.

Momentos después Marcos pone lentamente sus dedos sobre su pene y lo comienza a manipular e inclina su cabeza. Una fuerte descarga eléctrica tiene al momento que la lengua de éste roza su glande, y continúa con un jugueteo con la lengua sobre el mismo. El señor solo gime y se revolotea del gran placer que está sintiendo, son una delicia todos esos besos sobre su miembro. Las manos de Lucas se apoderan de dos rizos del muchacho y juega con ellos mientras disfruta.

Aunque el señor hace su mayor esfuerzo para aguantar lo máximo de caricias, llega a su límite dejando salir un enorme chorro de semen hirviendo que a él mismo le sorprendió, pues hacía mucho tiempo no tenía esa clase de corridas.

Cuando Lucas siente que ya todo ha terminado, siente la lengua de Marcos entre su pene y sus piernas, viendo con asombro como Marcos se come la mayoría de su corrida.

El se dejo caer sobre el respaldo del mueble y se abandono totalmente, acariciando esos rizos, sin dejar de pensar en la gran venida que acababa de haber tenido, del mismo modo que sintió como Marcos acomodó su cabeza en su regazo y así permanecieron un buen rato.

Tiempo después, ya más relajados Lucas se levanta y se abrocha los pantalones, mientras que ve como Marcos jala una mesita sobre la que deposita la pizza, un refresco y la copa que se había él preparado y lo invita a sentarse. Los dos comieron platicando muy a gusto.

Una vez que terminaron, Lucas tomó la mesita y la colocó junto al brazo del sofá, para luego buscar a Marcos; comenzado así nuevamente los ardientes besos y caricias. Don Lucas no daba crédito a la erección que empezaba a sentir, aun con la corrida que momentos previos había tenido. Esto le da más bríos para abrazar y besar a “Liz”. Las manos de su amor se mueven acariciándole por todas partes, y en una de esas las siente en sus piernas y al instante sobre su miembro; es un placer volver a sentir esos deditos por ahí: Lucas siente como Marcos le deja de besar y poco a poco se va parando zafándose de sus brazos, él espera otra cosa mas una vez de pie, Marcos graciosamente le ofrece la mano y lo hace pararse, ya ambos de pie, Marcos sin soltarle la mano se enfila primeramente por la escalera, y ya en la planta alta lo conduce a su habitación. Al entrar es imposible no ver ese reloj y percatarse que son las 4:22 de la madrugada.

Una vez dentro, Marcos se puso frente a él, le quitó la camisa, y luego se hincó para quitarle los zapatos, se levantó dándole besos en el pecho, y por último se voltea hacia la cama, dándole la espalda.

El hombre toma al muchacho de la cintura y comienza a besar y chuparle la espalda descubierta del muchacho, sin dejar los mimos que le da a Maros, Lucas encuentra el cierre del vestido y lo baja sin ningún problema, para después ayudarlo a quitárselo.

Al ver a Marcos en lencería roja como muchas veces le ha soñado lo abraza, lo besa siente como su pene está incrustado en la cola de Marcos y él cual no presta ninguna resistencia.

Lucas mete los dedos entre Marcos y el elástico de la panti, estirándolo para luego dejarlo caer, él se va agachando al mismo tiempo que cae la prenda. A Lucas le provocan ese par de delgadas y suaves piernas, por lo que sin pensarlo comienza a besarlas mientras se la poniendo en pie. Besa y acaricia ese hermoso par de piernas, son suaves, totalmente libres de vello; no puede dejar de besarlas ni de acariciarlas, son completamente una delicia.

Cada vez acaricia y toca mas arriba, por lo que se va levantando poco a poco hasta alcanzar los glúteos del muchacho, ni en sus más alocados pensamientos había concebido estar tan cerca de ellos, los besa, los oprime con las manos, no resiste y les da algunos mordiscos; por ultimo separa ambas y haciendo esfuerzos mete su lengua entre ambas, primero roza las paredes internas de la cola, para después comenzar a tocar con la lengua su abertura anal. La combinación de experiencia y lujuria de Lucas generan que el muchacho se arquee y pierda el equilibrio, lo que provoca que caiga sobre la cama.

Lucas ríe con ganas y de inmediato va en busca del trasero de Marcos para retomar trabajando con su lengua. Marcos sólo gime, y se mueve con cada una de las caricias, hasta el punto de arquearse, lo cual aviva el ego del señor, y lo hace saber diciendo

--¡Ay niñito como me tienes!

--Si tú supieras las ganas que desde siempre te he tenido

Y ya que considera el señor que Marcos ya está listo para la siguiente etapa. Para la cual necesita un lubricante levanta la mirada para ver con que cuenta y al hacerlo ve su objetivo y dice

--Mija ¿Puedo tomar de esa crema que veo ahí?

Liz apenas logra decir

--¡Si!

A toda prisa fue y regresó, al regresar ya no se hinca, tan solo se sienta en la cama y agachándose empieza a besar esa cola; mientras que con sus hábiles manos abre el frasco de crema para meter el dedo índice en él. Este dedo lo pone en la cola del muchacho ejerciendo presión para abrir los esfínteres, siente como Marcos le coopera pero aun así le es difícil , mas al cabo de algún tiempo cede y con esto el señor comienza un leve movimiento de mete y saca procurando hacer el menor daño. Después hace lo mismo con dos dedos y por ultimo con tres, al hacerlo ve como el joven se revuelca de placer; cuando siente que esto es suficiente, se para cambiando de lugar la crema y dice

--Ya está, mira como me tienes.

Y le ondea el potente mástil, agregando

--Dele unos besitos

Lucas se estremece al sentir como el chico besa y lame su miembro, gime con estas caricias.

Luca de manera gentil toma la cabeza de Marco haciéndole saber que esto es suficiente, y de inmediato el muchacho vuelve a recostarse boca abajo y Lucas se pone sobre él besándole el cuello y los brazos a del joven. A continuación se empieza a acostar sobre el delgado cuerpo, sin dejar de mimar el cuello y los brazos del muchacho. Con su miembro comienza a buscar la cola y sobre todo la entradita del muchacho, dándose cuenta como la cola del muchacho busca su miembro. Por lo que una vez que se encuentran Lucas empieza a ejercer presión para abrirse pasa en el estrecho orificio, aunque siente como Marcos se afloja para facilitar las cosas, aun así le es complicado irse abriendo camino; pero logra irse introduciendo.

Ya que el miembro de Lucas se encuentra dentro, se espera un tiempo para que el muchacho se vaya acostumbrando, por lo que cuando lo considera prudente comienza un mete y saca. Primero de manera muy despacio pero gradualmente para lentamente ir aumentando su frecuencia, se logran escuchar los gemidos y la respiración entrecortada de Marcos.

Después de algún tiempo, Don Lucas recuerda su fantasía de ver a Marcos lleno de semen y se da cuenta que esta es su oportunidad para hacerla realidad. Por lo que al sentir que se encuentra próximo a venirse, se sale y aguantándose apenas las ganas, logra hincarse sobre la cama y pone boca arriba a Marcos, ya frente a él comienza a masturbarse frenéticamente para dejar salir otra gran descarga sobre el muchacho, misma que hasta él sorprende.

Solo alcanzó a ver el gran chorro se semen que escampo de él, y como éste dejo bien embadurnado a Marcos.

Segundos después de eso el hombre se desplomó sobre la cama no dando crédito a las dos grandes corridas que había tenido a lo largo de la noche. Su respiración está muy agitada, siente que el corazón se le sale pero se siente completamente dichoso.

Ni bien empieza a recuperar fuerzas cuando busca a Marcos le zafa el sostén que es la única prenda que aun mantiene y como puede lo lleva a la posición de cucharita y en esta lo empieza a colmar de besos sobre la nuca, al tenerla abrazada puede ver la hora es su reloj de pulso 5:25, la tranquilidad comienza a reinar y así se fue quedando profundamente dormido.



Después de la feria según Lucas
Categoría: Transexuales

Lucía Carolina nos cuenta en el Ejercicio como Lucas, un maduro al que fascinan los travestis jóvenes,es atraído por el empleado de un amigo, le telefonea una tarde aburrida y acaba pasando su mejor noche.

Trovadores de la noche (Coronel Winston)

Aquél autocar me llevaba a la paz. Las cumbres de Andorra me esperaban. Siempre estuve enamorado de Andorra. Sus picos, sus valles, su verde…., su armonía.

No era un viaje previsto, fue un viaje relámpago. Salida, sábado. Regreso, domingo. Destino, Andorra.

Bien estudiado, era una paliza, no por la distancia que me separaba del principado, no, si no por la corta estancia que iba a disfrutar en ese pequeño país. Había estado toda la semana escalando en los pirineos franceses junto a un grupo de galos. El día anterior, el viernes noche, hice un alto en mi regreso a Madrid y me detuve en la población de Lérida. Bernard se había ofrecido a trasladarme desde Luz-Ardiden hasta Lérida, lugar en el que vivía junto a Patricia, su novia española. Cuando logré zafarme de su invitación para que pasara el fín de semana con ellos, me alojé en un hotel de Lérida. Comenté con Bernard que a la mañana siguiente, sábado, saldría con destino a mi ciudad, Madrid. Pero ya dice el refrán “El hombre propone y Dios dispone”.

Al llegar al hotel, pude ver una proclama en recepción dónde se anunciaba una excursión a ese bello país. Después de tomar habitación, pregunté en recepción si aún habían plazas disponibles. ¿Sería el destino?, tal vez. Tres plazas quedaban para cubrir el aforo del autocar. Dos las acababan de ocupar…y yo iba a ocupar la última. La salida, sábado a las 06,00 AM, el regreso, domingo 18,00 PM.

Después de la cena, me subí a mi alojamiento para descansar y estar listo a las 05,00 de la mañana.

Instalado en el asiento 32 del autocar, comenzó el viaje hacia Andorra. Mi compañero de viaje era un hombre mayor que, a juzgar por su apariencia, se diría que acudía a su propio sepelio en tan bello lugar. El conductor, tipo entrado ya en la cincuentena, nos obsequió con música. Raphael nos amenizaba con canciones de su repertorio. Una de las melodías era coreada por dos jóvenes sentadas en la fila de la derecha del autobús y en paralelo al asiento que ocupábamos el finado y yo.

“Hoy para mí es un día especial, hoy saldré por la noche, podré vivir lo que el mundo nos da cuando el sol ya se esconde, podré cantar una dulce canción a la luz de la luna, y acariciar y besar a mi amor como no lo hice nunca…”

Ambas jóvenes, coreaban sin pudor alguno la melodía de Raphael. Rubias, de aspecto muy saludable, ambas transitarían por la veintena de años. Como no quería ser descarado, las observaba con el rabillo del ojo. No me pregunten que sentí por aquellas jóvenes, ni yo mísmo lo sé, pero era claro que hicieron que el viaje pasara en un instante. Ambas se miraban, se sonreían y seguían con su coro emocional.

“¿Qué pasará, qué misterio habrá?, puede ser mi gran noche, y al despertar ya mi vida sabrá algo que no conoce…”

Me recluí en mis pensamientos más obscenos. Tras imaginarme agasajado por ambas muchachas, sonreí. Yo sólo era un tipo cansado, apasionado por ese bello país y deseoso de subir hasta Arinsal para empapar mis pupilas con ese hermosísimo paisaje.

Al llegar al hotel, me adjudicaron el apartamento núm. 6. A ellas, el núm. 10.

El apartamento estaba limpio y era muy amplio. Una habitación, una cocina, un baño completo, un salón y una pequeña terraza desde la cual se divisaba lo que yo había ido a buscar, placer para mi vista. Vacié la mochila y me di un baño relajante. Sentí hambre.

Como conocía Andorra, y había frecuentado la estación de Arinsal en varias ocasiones, no había problema en localizar un lugar dónde almorzar.

Mientras devoraba un bocadillo de beicon y bebía un buen “Cim de Cel”, vino de la tierra, las ví llegar. Las dos melenas rubias entraron en el bar. Vi como se acomodaban junto a una mesa mientras Jordi se dirigía hacia ellas. Sus cabellos anunciaban que se habían duchado.

Conozco a Jordi de otras ocasiones. Es un camarero inteligente, educado, perspicaz y muy eficiente, y si bien no nos une una gran amistad, al menos nos agradamos. En otras ocasiones, cuando he visitado el bar en el que trabaja, siempre acabé entablando conversación con él. Como yo también soy muy observador, no me pasó desapercibida la larga charla que mantuvo con las rubias cuando las llevó unos bocadillos de calamares y unas cervezas. Mi curiosidad me hizo preguntar.

-¿Qué pasa, estás ligando con las rubias?. Pregunté.

-Noooo, ¡qué va!. Les estaba explicando lo de la fiesta de ésta noche. Me contestó un tanto aturrullado.

-¿Una fiesta?, ¿Aquí?.

-Esta noche, el francés-Su jefe es francés y él le llamaba así-, ha montado una fiesta. Dice que este verano hará un par de ellas por mes. Por eso hablaba con las rubias. Intentaba convencerlas para que asistan.

-¿Y vendrán?. Pregunté con sumo interés.

-¡Por supuesto!. Se han mostrado muy dispuestas.

-He venido desde Lérida con ellas en el autocar. ¿Sabes?, he estado en Francia, en Luz Ardiden, y a mi regreso me he alojado en un hotelito de Lérida. Allí surgió ésta excursión. Se alojan en los apartamentos Velvet, como yo.

-Lo sé. Me lo han dicho.

-Y… ¿A qué hora es esa fiesta?

-A las 10 de la noche. Sube un chaval de San Juliá para ayudarme con el lío. De todas formas vendrá poca gente. ¿Acaso vas a venir?.

-Pues…no lo sé. Depende de lo cansado que esté. Mañana salimos para Lérida a las 6 de la tarde.

-Bueno, pues si vienes, aquí me encontrarás. Te dejo, voy a atender a aquellos gabachos que acaban de entrar.

-Ve, ve. No hay problema. Toma-Dije dejándo dinero sobre la barra-, aquí te dejo 10 euros. ¿Hay bastante?.

-Si. Son 8,25…

-Quédate con la vuelta. Me voy a dar un paseo.

Salí del bar y, al pasar cerca de las rubias, eché un último vistazo. Una de ellas luchaba contra la elasticidad de un calamar. La otra, “pimplaba” cerveza como una jabata. Sonreí de nuevo y salí a la calle.

Ya en el exterior, aspiré aquél aire limpio. Lo que quedaba de mañana transcurrió muy deprisa. Estuve andando por los alrededores hasta que llegó la hora de la comida. Había decidido comer en los apartamentos. La cafetería sería un lugar tranquilo y tal vez pudiera ver de nuevo a esas dos hembras cantarinas.

Cuando daba fin al helado con el que me había obsequiado, maldije mi mala suerte. No habían ido a comer a la cafetería. Tal vez hubieran bajado a San Juliá, tal vez lo hubieran hecho en su apartamento, tal vez….

Distraído mientras pensaba en ellas, las vi. Nuestras miradas se encontraron. Me sonrieron ambas. Bajé mi cabeza sin ni siquiera pensar que su sonrisa iba dirigida hacia mí. Cuando la levanté, estaban de pies junto a la mesa que yo ocupaba.

-Hola. Me saludó una de ellas.

-Hola. Contesté sin moverme y lleno de sorpresa.

-También venimos de Lérida. Vinimos juntos en el autocar. Esta mañana. ¿No nos recuerdas?

-“! Oh, si!....ibais sentadas en la fila de la derecha.

-Si. Íbamos cantando- Dijo a la vez que sonreía de nuevo-, yo me llamo Ana y ésta es mi amiga Julia.

Me levanté de la mesa. Sonreí de nuevo a la vez que me presentaba.

-Encantado. Yo me llamo Gustavo. ¿Os queréis sentar?. ¿Habéis comido ya?

-Si hemos comido en el apartamento. Son grandes ¿Eh?. Hemos venido a tomar un café. Contestó Ana.

-Pues en ese caso, permitirme que os invite. Dije tratándo de ser cortés.

-De acuerdo. Dijo Ana a la vez que ambas se sentaban a la mesa.

Dos cafés con hielo fueron servidos. No tuve que iniciar conversación alguna, pues Ana era muy dicharachera. Julia parecía reservada.

-Gus, ¿Te puedo llamar así?-Me pregunto Ana-, ¿Irás a la fiesta de ésta noche?.

-No creo. Estoy cansado. Llevo una semana muy dura. Vengo de Francia. De Luz-Ardiden.

-¿Qué hacías allí?, ¿Vives allí?, ¿Eres francés?. Me preguntó llena de curiosidad aquella chica.

Les expliqué de dónde venía, les mostré mi entusiasmo por Andorra y me interesé por conocer algo de ellas. Atendieron mis explicaciones en silencio. Luego, Ana me reveló algo de ellas.

-Nosotras sómos amigas. Sómos de Barcelona. A través de internet nos enteramos de la excursión. Y aquí estámos, ja,ja,ja. Casi no llegamos a tiempo de sacar los billetes de autocar. Sólo quedaban tres plazas. ¡Imagínate!. Estámos de vacaciones y como estámos cansadas de playa, y aunque era una excursión corta, pensamos que no sería mala idea pasar el fin de semana aquí. Me gusta Andorra. Yo ya había venido alguna vez, pero Julia no lo conocía.

-Volver. Esto es maravilloso.

-Ahora lo haremos sin problemas-Comenzó a decir Ana-, Julia y su novio han roto hace dos meses. Yo rompí con el mío hace dos años, ja,ja,ja. Era un pobre diablo. ¡Y un celoso!. Y además….

Julia interrumpió a su amiga…

-Yo no he roto con nadie. Ya sabes que ha sido él quien me ha dejado. Protestó Julia como si aquello fuera un eximente en aquella relación.

-Bueno, si, vale, ¿Y qué?. Lo real es que ya no estás con él. Aseveró Ana.

-En realidad me parecéis muy jóvenes para andar de novios. Y sobre todo tú, Ana, que dices haberlo dejado hace dos años.

-¿Cuántos nos echas?. Me preguntó Ana.

-No sé. Soy pésimo adivinando. No sé…andaréis por los veinte…treinta….tal vez cuarenta, ja, ja, ja.

-¡Oye guapo!, yo tengo 26 y Julia 27. Protestó Ana.

-Era una broma. Dije excusándome.

-¿Y tú?. Me preguntó Julia mirándome a los ojos.

-37.

-Bueno, al menos no eres un niñato. Reflexionó ella.

-Puedes estar segura que a veces me muestro como tal. Contesté.

-¿Irás esta noche a la fiesta del bar?. Insistió Ana.

-Puede.

-Nosotras estámos en el apartamento 10, pasa a buscarnos a las 11. ¿Te parece bien?. Me preguntó Ana.

Dudé unos instantes ante tal invitación. Quería, de eso no había duda, pero algo me decía “cuidado, Gus” .

-De acuerdo. A las 11 iré a buscaros. Es decir…si no os molesta ir con un tipo caducado.

-¿Estás casado, Gus?. Me preguntó Ana.

-No. Vivo con una chica en Madrid. Llevamos juntos diez años.

-¿No te ha acompañado?. Me preguntó Julia llena de interés.

-No. Ella no escala. Es más de oficina. Yo soy el aventurero. Está trabajando.

-¿Tu no trabajas?. Preguntó Ana.

-Si. Pero estoy de vacaciones. Soy ingeniero. Me he reservado una semana para estar junto a Raquel, así se llama ella, pero no quería dejar pasar la oportunidad de irme con este grupo de franceses a escalar. El lunes ya estaré en Madrid. Y esperaré pacientemente a que llegue el día 22 para irme con ella a alguna playa… al menos una semanita.

-Eso está bien. Bueno, nosotras nos vamos. ¿No buscas a las 11?.

-Lo haré, pero no quisiera chafaros algún plan.

-No estámos interesadas en eso. ¡Se acabaron los novios!, ja,ja,ja. Contestó Ana.

-Si, debéis disfrutar la vida. Tiempo tendréis para formalizar una relación.

-Así es. Dijo Ana.

-Ha sido un placer invitaros al café. Y una charla muy entretenida. Dije a la vez que me despedía.

-Igualmente, Gus. ¿Qué harás toda la tarde?.

-Ni idea. Saldré a caminar un rato, luego me ducharé y cenaré en la cafetería….

-Y luego nos irás a buscar, ¿no?. Continúo Ana.

-Vale. A las 11 llamaré a vuestra puerta. No creo que me pierda en el camino, yo estoy en el apartamento 6.

-Vale pues, nos vemos luego. Ciao, Gus.

-Adiós.

Aún tuve tiempo de tomarme otro café. Recordé a Raquel a la vez que me mordía el labio inferior. “Bueno, una copa, un rato y a dormir. Ellas son jóvenes y sin compromiso. Yo estoy cansado”. Mi pensamiento estaba claro y mis ideas también.

Pasé la tarde dando una vuelta por los alrededores. Después de descansar un par de horas, me duché y me vestí con una camiseta que había comprado en Francia. Me acoplé un pantalón que andaba medio limpio y me dispuse a ir a buscar a aquellas dos rubias.

Al llegar a la puerta del apartamento, llamé al timbre. Rápidamente Julia me abrió la puerta. Mis ojos se clavaron en ella. Ya estaba arreglada. Era impresionante lo que había cambiado tras maquillarse. Su larga melena rubia adornaba aún más su bello cuerpo.

-Pasa. Ana está arreglándose. ¡Anaaaaaa….está aquí Gustavo!. Aquél grito me alarmó.

-Igual he venido muy pronto, dije a la vez que me miraba el reloj.

-No. ¡Ésta, que es una pesada!. ¿Quieres tomar algo?. Tenemos el minibar casi agotado, ja, ja, ja.

Es evidente que algo se había tomado. Julia estaba más desinhibida que aquella mediodía. No estaba ebria, pero puede que “chisposa” si.

-No, gracias. No suelo beber. Si acaso una copa en alguna ocasión.

-Me gusta tu camiseta. Me dijo.

-La compré en Francia. Es la única que tenía limpia.

-Ven, pasa. Nos sentaremos hasta que ésta termine.

Unos pasos más adelante, dos silloncitos acogieron nuestros cuerpos. Sin darnos tiempo a iniciar una conversación, la puerta del baño se abrió y la figura de Ana llenó el pequeño salón.

-¡Hola, Gus!. Me visto y nos vámos.

Es evidente que se tenía que vestir. Ana había salido del baño completamente desnuda. Me quedé estupefacto. No daba crédito a la visión. Julia lo vio en mi cara. Cuando Ana se perdió dentro de la habitación, dejó la puerta abierta. Julia se acercó a mi oído y me susurró…

-Es una exhibicionista. ¿Has visto lo morena que está?, la playa nudista a la que va. Se la comen con los ojos.

Me quedé en silencio. ¿Qué podía decir?. Si la imágen fue sumamente agradable, la revelación de Julia no fue menos interesante.

En apenas cinco minutos su cuerpo salió de la habitación. La camiseta que cubría aquellos pechos que yo había visualizado, y un pantalón ajustado, hacían de su cuerpo un objeto lujurioso. Me sonrió y me preguntó con maldad…

-Gus, ¿Crees que gustaré a los chicos?.

No sabía que decir. Simplemente estaba anonadado ante la belleza de aquellas dos chicas. Al fín, puede articular palabra.

-Estáis preciosas-Dije sinceramente-, pero eso no hace falta que yo os lo diga. Vosotras sois conscientes de ello. Esta noche os saldrán mil planes…

-No necesitamos planes-Contestó Ana-, sólo queremos divertirnos. ¿Nos vámos, pareja?.

Los trescientos metros que separaban el complejo de apartamentos y el bar dónde trabajaba Jordi, lugar de la fiesta, los recorrimos en silencio. Ellas pavoneándose, yo… alucinado.

Al llegar al bar, Jordi me llamó. Un pequeño espacio en la barra había sido convenientemente reservado para nosotros tres.

-Aquí, poneros aquí. Os lo he reservado.

-¿Y cómo sabías tú que íbamos a venir?. Pregunté.

-Ella me lo dijo esta tarde. Dijo mirando a Ana.

-¿Habéis estado aquí ésta tarde?. Pregunté encarándola.

-Si. Dijo ella.

Y como la respuesta fue seca, finalicé mi interrogatorio. En realidad ¿Quién era yo para preguntar a dos hermosas jóvenes dónde habían ido?.

-¿Qué os pongo?-Preguntó Jordi-, el “francés” anda por aquí. Ha venido a joderme. Luego, cuando vea que no va a venir mucha gente, se largará y me comeré el marrón yo solito, pues el chico de San Juliá, ha llamado y dice que no puede venir. ¡Ójala y vengan mil personas!. Así se joderá y tendrá que currar. Pero no, vendrán los que hay.

Efectivamente, eran casi las 12 de la noche y en aquél bar habría cerca de 30 personas en total.

Raquel acudió a mi mente. De pronto me vi en aquél bar, a medianoche, con dos jóvenes de las que deseaba su compañía. Pero algo en mi interior me decía que aquello que estaba haciendo no estaba bien.

Jordi nos sirvió tres copas. Ana y Julia tomaron sendos gin-tonic y yo un ron y cola. Después de dar un par de tragos a su gin-tonic, Ana se lanzó a bailar. Tanto Julia como yo nos negamos a acompañarla. La música estaba demasiado alta. Aquél ambiente me aturdía. A los pocos minutos, Julia acompañó a su amiga.

Entre idas y venidas a la barra, la noche fue pasando con lentitud para mí. Ellas gozaban con el baile y empezaban a desinhibirse debido a los dos gin-tonic que ya habían tomado. Observé que algún chaval quería ligar con ellas. Bailaban un rato y después iban al lugar que yo ocupaba en la barra para refrescar su garganta.

En una de esas idas y venidas, Ana buscó algo más. Mientras bebía, pegó su cuerpo al mío y acercó su boca a la mía.

-¿No vas a venir a bailar con nosotras?. Me preguntó melosamente.

-No. Ya os he dicho que no me gusta bailar.

-¡Ah, claro, lo tuyo es escalar!-Exclamó a la vez que sentí su mano en mi entrepierna aferrando mi paquete-, ¿No escalarías mi monte de Venus?.

No estaba borracha. No estaba fumada. Estaba mostrándose tal como era. Me quedé sorprendido por su acción, y si bien pensé que se trataba de una broma, pronto disipé mi convicción.

-¿Acaso no te gusto?. Me preguntó rozando con sus labios los míos.

-¡Claro que me gustas!. ¿Por qué no ibas a gustarme?

-Pero no te gusto tanto como para que te acuestes conmigo, ¿verdad?.

Ana sabía lo que deseaba, y esa es una cualidad que admiro de la gente. Ana era una chica segura pese a su juventud. Me había dicho bien claro que se quería acostar conmigo, y si bien no lo interpreté con el rigor que era preciso, me descubrí queriendo que sucediera. Raquel, mi compañera sentimental, había volado de mi mente. Y voló aún más lejos cuando Ana posó sus labios sobre los míos y su lengua buscó la mía. El beso cesó y quise más, pero ella se alejó sonriendo a encontrarse con su amiga para seguir con ese baile que ya me mareaba.

Al poco rato fue Julia quien se acercó al lugar que yo ocupaba. Trató de tomarme de la mano para lanzarme al abismo del baile con ellas, pero me resistí como pude con ostensibles gestos de negación con la cabeza. Tan pronto se fue, volvió Ana. Otro trago. Otro beso. Pero en esa ocasión tomó mi mano y la introdujo bajo su camiseta.

-Mira, escalador. Toca estas montañas.

Si. Mi mano se arrebató con aquellos pechos. Mi pene respondió al estímulo. El beso era prolongado. Las lenguas se buscaban con ansia. Mi mano ya era experta y acariciaba sus pezones, su vientre…su piel.

-Quiero follar contigo, Gus.

-Y yo también. Me oí decir mientras nuestros alientos se enfrentaban.

-¡Joder, cómo estoy!...

Que estaba, se notaba. Que yo la deseaba, se veía. Que Julia nos descubrió, se apreció.

-¡Bah, parecéis dos jovencitos en un portal!-Dijo a la vez que se situaba a nuestro lado-, si queréis follar iros al apartamento.

-¿Celosa, Julia?. Preguntó Ana.

-¿Quién, yoooo?. Para nada.

Ana hizo algo que me rompió los esquemas. Aquello me satisfizo plenamente y, aunque me dejó descolocado, me excitó mucho. Los labios de Ana se juntaron con los de Julia y el beso fue espectacular. Oí algún silbido de aprobación procedente de algunos jóvenes que estaban en la barra. Luego, las dos se rieron.

-Vámonos. Dijo muy resueltamente Ana.

-¿Dónde?. Pregunté como un niñato.

-A nuestros apartamentos. El ambiente se ha cargado mucho.

Sacó dinero para pagar las copas de todos. No se lo permití. Quería invitar yo. Ante mi insistencia, Ana dejó que yo pagase, pero compró tres camisetas del local, una para cada uno. Jordi las metió en una bolsa y ella pagó 30 euros por las tres.

Ya en la calle, de camino a nuestro albergue, Ana me echó un brazo por la cintura y su mano descansó en el bolsillo trasero de mi pantalón. Julia caminaba a nuestro lado. Miraba al frente y se cardaba el pelo con sus manos. El silencio de los tres nos sentaba bien. Demasiado bullicio en aquél bar. Me sentía a la expectativa. No sabía lo que iba a ocurrir. No sabía si los deseos de Ana de follar conmigo se habían disipado. Julia podía haberlos cortado. ¿Y si ellas se conformaban con sus besos?. Pero no, esa, al igual que la canción que ellas canturreaban, era mi gran noche.

-Gus. Dijo Ana parando sus pies.

-Dime.

-¿Alguna vez has estado con dos chicas?

Si, era eso. No admitía dudas. La pregunta era directa. Miré a Julia que caminaba unos metros delante de nosotros sin percatarse que nos habíamos parado.

-No. Contesté.

-¿Te gusta Julia?.

-Si, si…-Dije sorprendido-, ¡Cómo no me va a gustar!. Es muy guapa.

-Necesita acostarse con un tío. ¿Te acostarías con ella?.

-¿No eras tú la que quería acostarse conmigo?. ¿Me vas a ceder a tu amiga?.

-No. Pero si quieres acostarte conmigo, tendrás que hacerlo con las dos.

Inaudito. Acostarme con las dos. Reanudamos la marcha, pues Julia se volvió y nos reclamó.

-¿Dónde está la trampa, Ana?. Pregunté.

Ana volvió a detenerse. Tomó mi mano y la guió hasta su cintura mientras ahuecaba el pantalón. Mi mano franqueó la barrera del nylon. La humedad me desbordó.

-¿Qué me dices?. Preguntó.

La besé con pasión. Julia se giró de nuevo y nos volvió a sorprender.

-¡Estáis calentitos, eh!.

-Espera Julia-Dijo Ana a la vez que reanudábamos la marcha hasta llegar dónde se encontraba su amiga-, Gus dormirá con nosotras esta noche. ¿Algo que objetar?.

-No. Se os nota muy calentitos. Supongo que tendréis que acabar.

-¿Y si acabáramos los tres?. Invitó Ana.

-¿Los tres?. Preguntó Julia.

-¿No te apetece, Julia?. Insistió Ana.

-¿Tú que dices, Gus?. Me preguntó Julia.

¿Qué iba a decir?, ¿Qué podía decir yo si ese bello lugar del que estaba enamorado me había puesto a dos jóvenes rubias al alcance para ser por primera vez infiel a mi pareja?. ¿Acaso me iba a vetar a semejantes caramelos?. ¿Raquel iba a merodear por mi mente mientras me follaba a esas rubias?. Había que probarlo.

-Soy poca cosa para los dos, pero se puede intentar. Dije sin reconocerme.

-Nosotras te ayudaremos. Dijo Ana a la vez que su brazo agarraba mi cintura nuevamente y me besaba en los labios.

La entrada a los apartamentos no fue como la salida. Una rubia a cada lado. Mis brazos abiertos abrazando las cinturas de ambas. Caminando en silencio. Sin cantos delatores.

-En el nuestro. Dijo Ana al llegar frente a mi apartamento.

Reanudamos nuestros pasos y la puerta del apartamento 10 se abrió. Al cerrarla tuve la sensación de que cuando saliera de allí ya no sería el mísmo.

No hubo prólogos, ni copas, ni conversaciones, ni…sólo deseo desenfrenado. Las camisetas de las dos rubias volaron hacia lo sillones. Sus pechos balanceándose impactaron en mis pupilas de una manera agresiva. Ana se acercó a Julia y el beso las unió. Yo me quedé mirándolas mientras disfrutaba de esa escena. Verlas unidas por sus bocas, sus pechos enfrentados, sus carnes morenas…y yo, de pies, mirando lejos, muy lejos de Raquel.

Ana desabrochó el pantalón de Julia y ella mísma tiró de el hacia abajo. Aquella prenda rosa ajustada a su cintura me alborotó. Seguían unidas por sus lenguas, como si fueran un solo cuerpo. Estaba claro que el calentón que sentían era abrasador. Yo pensaba en Ana, quería tocar su cuerpo, pero habría de ser paciente. Era su turno, y yo tendría mi oportunidad, pues de lo contrario, no me hubieran invitado a su apartamento.

Como si Ana me leyera el pensamiento, se separó de su amiga y me encaró. El beso se estrelló en mis labios brevemente. Ella misma me sacó la camiseta y sus labios bajaron a succionar y besar mis pequeños pezones mientras sus manos ágiles me libraban de la opresión del pantalón. Tras ella, Julia se afanaba en bajar los pantalones de su amiga. Conseguido el propósito, mientras Julia bajaba la braguita de Ana, ésta a su vez tiraba hacia abajo de mi calzoncillo. Mi pene, duro como una piedra, dio un respingo al sentir la libertad. La mano de Ana lo aferró para acariciarlo mientras me besaba en los labios.

Sentí una mano que acariciaba mis glúteos. Julia se afanaba en inspeccionar con detalle mi piel. Mis dedos, solícitos dónde los haya, se perdieron de inmediato buscando sus orificios, su humedad. Mientras Ana me besaba, Julia mordisqueaba mi cuello, mis lóbulos, mi nuca. Mi dedo más largo resbalaba por los bordes de aquella hendidura suave.

-Vayamos a la cama. Dijo Ana.

Sólo hube de sacar mis pantalones y mi calzoncillo para poder ponerme en marcha. Al llegar a la habitación, Julia abrió la puerta de la pequeña terraza. El silencio y el claro de la luna me embriagaron definitivamente. Mi cuerpo fue empujado sobre la cama y ambas gatas se situaron cada una a un costado de mí. Cerré mis ojos cuando sentí aquellos dos pequeños órganos lamiendo mi pene. Sus manos acariciaban mis piernas, mi vientre, mi pecho. Con mis manos acariciaba sus espaldas. Sentía placer, sentía vértigo. Presentía una eyaculación furiosa y se lo hice saber.

Cesaron en el castigo que me estaban infligiendo. Las ví besarse, acariciarse, abrazarse. Arrodilladas una frente a la otra, sus manos bailaban en el sexo de la otra. Me uní a ellas. Arrodillado yo también, las abracé.

Mis manos alcanzaron sus sexos, mi boca luchaba de un pezón a otro, de un cuerpo al otro. Julia se dejó caer a mi espalda y Ana se agachó frente a mí. Otra vez su boca colmó mi hinchazón. Sentí la humedad de la lengua de Julia en mi periné, sentí su saliva en mi ano. Creí desvanecer.

-Quiero que me folles.

Ana pedía por su boca y yo, lejos de mi Raquel, compañera fiel, no iba a negar nada. Me dejé caer sobre la cama para que Ana se subiera a horcajadas. Tomó mi miembro con su mano derecha y lo aproximó hasta el infierno. Su melena rubia impidió que el claro de la luna me mostrara su rostro, pero el silencio de la noche me trajo sus suspiros y sus ayes de placer. Los movimientos se hicieron cada vez más violentos, parecía tener prisa por correrse, por caer derrotada. La explosión nos sorprendió a los dos, al unísono. Ella se venció sobre mi pecho con mi miembro en su interior y pude sentir las contracciones de su vagina. Mis manos acariciaban su espalda con ternura, su pelo, sus glúteos. Su mejilla reposaba en mi pecho cuando Julia me besó en los labios. El beso era desgarrador, impaciente. Supe qué hacía. Se masturbaba y se corría. Y quería correrse besándome mientras su amiga aún estaba unida a mí. A los pocos segundos se derrumbó en la cama, a nuestro lado.

El claro de la luna nos arropó en la noche. Los trovadores cesamos en nuestros cantos y nos quedamos dormidos.

Con los primeros rayos del sol me follé a Julia. Ana aún dormía y yo me había levantado a orinar. Debí despertarla. La erección matutina no la sorprendió cuando me pilló en el baño. Ligeramente vencido hacia delante, trataba de orinar dentro de la taza. Su mano se puso sobre la mía y entre ambos orientamos el pene. La micción comenzó fuerte. Una vez cesada, Julia me lo pidió.

-Fóllame, Gustavo. Dame lo que….

No la dejé terminar su frase. La empujé violentamente contra los azulejos del baño y la besé. Ella abrió sus piernas y mi vigoroso pene penetró en ese cuerpo hambriento desde hacía unos meses. Unas embestidas con furia fueron suficientes para que Julia se corriera. Mi eyaculación se retardaba y opté por girarla. Cara a la pared la volví a penetrar. En esa postura no tardé mucho en eyacular dentro de ella.

Aún, recuperando el aliento, nos sorprendió Ana. Desnuda y con cara de sueño nos dio los buenos días. Y añadió una pregunta estúpida, pues nuestros cuerpos aún estaban unidos.

-¿Qué hacéis?. ¿Habéis follado?.

No fue necesaria la respuesta. Ana se sentó sobre la taza del inodoro y orinó. Sus bostezos nos llevaron a la cama de nuevo, donde después de dormir hasta las 12 del mediodía, mantuvimos una extraordinaria sesión de sexo, en la cual ambas me obsequiaron con algo que jamás he olvidado, verlas hacer el amor para mí.

Sobre las tres de la tarde me marché a mi apartamento. Tenía hambre y quería comer en la cafetería. Ellas no me acompañaron. Con un “hasta luego, preciosas”, salí de su apartamento y no las volví a ver.

Sentado en el mismo autocar, con el mísmo viejo a mi lado, con el mismo conductor, con la mísma música de Raphael, esperé a ver si sus asientos eran ocupados por ellas. El autocar arrancó rumbo a Lérida, pero faltaban dos rubias. Cuando pregunté al conductor antes de iniciar la marcha, éste me respondió con un lacónico “se quedan”.

Adormilado sobre la ventanilla y pensando en mi amada Raquel, pensando en la infidelidad que había cometido, la canción sonó de nuevo para traer a mi memoria las imágenes de aquella noche. Pero no había coro, no había rubias canturreando como el día de antes. Las recordé cantando, tan risueñas, tan felices. Y mi voz sonó con gravedad… “Hoy para mí es un día especial, hoy saldré por la noche, podré vivir lo que el mundo nos da cuando el sol ya se esconde, podré cantar una dulce canción a la luz de la luna, y acariciar y besar a mi amor como no lo hice nunca… ¿Qué pasará, qué misterio habrá?, puede ser mi gran noche, y al despertar ya mi vida sabrá algo que no conoce…”

El viejo que me acompañaba, el que supuse que iba a morir en Andorra, me miró y me llamó la atención. Rescatado por algún convenio extraño con la muerte, ante mi respuesta optó por escabullirse en el lugar que debieron ocupar Ana y Julia. Mi respuesta, posiblemente, le haría pensar que estaba enajenado.

-Disculpe si le molesta mi canto, pero ¿sabe usted?, me siento un trovador de la noche.

Coronelwinston



Trovadores de la noche
Categoría: Trios

Coronel Winston nos cuenta en el Ejercicio como un inocente viaje a Andorra puede acabar, siendo tres, en la mejor de las noches.