sábado, 28 de mayo de 2016

Homenaje

 Elección.

- ¿ Ella o yo? .
- Ella.

Deseo.
- Ve y que te den por culo.
- Dame.

A Monterroso, el maestro del relato corto, leer La oveja negra es un placer indescriptible, donde se mezcla la inteligencia con el humor. Dicen que escribió el cuento más corto en castellano: El dinosaurio.
Y a Machi que se atrevió a inspirarse en dicha historia y logró un magnífico relato.

viernes, 27 de mayo de 2016

Indefensa


Te sientes vulnerable, como una muñeca de trapo. Dejas de esperar respuesta de tu mente y tu cuerpo, que en este momento le pertenece a él, se va deshilachando de pies a cabeza bajo sus manos.
Se humedecen tus ojos y te sientes desnuda, exhibiendo emociones que afloran sin tu permiso y pensabas que podías controlarlo…  
Nunca has estado tan indefensa como en este momento, nunca tu cuerpo y tu alma han estado más desconectados y, sin embargo, sabes que tú lo has buscado.
Tantos años de recato, tantos esfuerzos por ser de todos menos de ti misma, para llegar a esto…
Le miras con una súplica muda en tus ojos, quieres que pare, que se detenga todo, pero muy en el fondo, sabes que todo va a continuar, que todo debe continuar, que no se puede volver a dormir a la bestia que ha despertado.
Te agarra de las muñecas y su ansiedad te estremece. Cierras los ojos para no ver la victoria reflejada en su mirada, porque se sabe vencedor, ha derrotado a tu cuerpo y tras este, llegará, tarde o temprano,  tu mente.
El último es el definitivo, tu cuerpo se tensa al máximo y te convulsionas violentamente, para luego quedar exhausto. Ha atravesado la piel y la carne para llegar a tu alma, haciéndote gritar como nunca antes lo habías hecho.
Con lo feliz que eras tú en tu divina ignorancia, siendo la mujer que todos esperaban que fueses, manteniendo cerradas aquellas puertas que no debías abrir, pero las has abierto de par en par y ahora deberás asumir las consecuencias de haber despertado al dragón.
Te has rebelado, has mudado tu oscura y opaca piel y debajo de esta, te da pánico lo que puedas encontrar.
Tu mente se ha rendido y solo ahora es plenamente consciente de tu cuerpo; de tus muslos doloridos, del sudor que baña tu cuerpo, de tu sexo inflamado, que continúa palpitando como si tuvieses allí el corazón; pero ahora eres consciente de algo más: de su virilidad aún dentro de ti, de sus labios acariciando tu rostro, de sus dedos entrelazados con los tuyos y de ese aliento que quema tu piel… Te gustaría que fuera inmune al fuego, pero las escamas acaban de nacer y temes que no te protejan. Desde tus entrañas, la bestia pide alimento con insistencia para poderse hacer grande,  fuerte y finalmente devorarte.
A falta de algo que llevarle a la boca, utilizas tus propios dedos y las llamas se inflaman con fuerza, como si lo hubieses invocado.
El ritmo de tu mano es mecánico mientras  tu mente se niega a aceptar lo ocurrido. Estás a tiempo de parar, de dejar que muera de inanición, de no permitir que te domine.
Vuelve atrás y atranca la puerta que no debiste abrir o toma impulso y lánzate, quítate la armadura y enfréntate desnuda con el caos, que pronuncia tu nombre con insistencia mientras los dedos se hunden hasta el fondo de tu ser.

jueves, 26 de mayo de 2016

Reencuentro

 “Lo veía venir. Desde que las antiguas alumnas del internado nos reencontramos y quedamos en vernos cada año, era cuestión de tiempo que volviéramos a estar solas. Tenemos que agradecer a Isabel, la organizadora del encuentro, la decisión de que nos distribuyéramos en las habitaciones como entonces. Así estuvimos en aquel hotel madrileño. Como entonces, volvimos a compartir el dormitorio. Y como en el pasado te viniste a mi cama.

Y la chispa que se apagara cuando cada una se fue a una universidad distinta y dejáramos de vernos, volvió a encenderse aquella noche. No te mentiré si te aseguro que, al apagar la lámpara tras la charla intrascendente que tuvimos, tenía mariposas en la barriga.

Viniste a mi cama, desnuda, como hacías en el internado. Y te sentí a mi espalda; clavándome tus duros pezones. Y todo mi ser se removió al reconocer algo tan querido como el contacto con tu cuerpo. Y tus manos se perdieron dentro de mi camisón, buscando mis pechos, sedientos de tus caricias. De mi boca salieron los primeros jadeos. Mi cuerpo quería más.

Me di la vuelta para enfrentar mi cuerpo al tuyo, pero tú no me dejaste, sino que me hiciste tumbar boca arriba; y te pusiste encima. Para besarme, para acariciarme, para chuparme, para volver a perderme en tus brazos. Y mi cuerpo te devolvió los besos y las caricias, el manoseo y el juego entre lengua y clítoris.

Al amarme me sacudiste, no solo el cuerpo, estremecido por un orgasmo que casi no recordaba desde aquellas noches juntas, sino también el deseo de ser amada como tú lo hacías en aquel lejano entonces y lo volviste a hacer aquella noche.

Tú te dormiste, siempre tuviste esa capacidad de desconectar y de que las preocupaciones no te alteraran el sueño. Yo no, me quedé despierta, abrazada a tu sueño y sin moverme para no despertarte. Estuve meditando; pensando que, separada de aquel tipo con el que estuve casada veinte años, que tantas tardes negras me dio, y con lo hijos ya crecidos y lejos del hogar, debía dejar atrás tantos años oscuros y vivir mi propia vida.

No se trataba de irme contigo; no negaré que te acababa de recuperar y que el deseo de tenerte no dejaba de entrar en mis planes, sino de rebelarme contra el destino y, si así lo deseara, verte cuando quisiéramos sin que me importara nada el qué dirán. Vivir mi vida, ir allá donde fuera sin la sombra de un marido dominante. Controlar mi futuro de acuerdo con lo que realmente quiera y con quien desee.

Aquella noche del reencuentro me zarandeaste sin querer, y me lanzaste a mi futuro. Por eso te doy las gracias cada vez que nos vemos y nos echamos una en brazos de la otra. Fuiste mi mejor amiga y amante, y nos hemos reencontrado para siempre. Te quiero.”

María cerró la carta de Silvia. Encendió las velas y se dispuso a recibir a su amiga.

sábado, 12 de diciembre de 2015

miércoles, 9 de diciembre de 2015

domingo, 6 de diciembre de 2015

jueves, 3 de diciembre de 2015