jueves, 16 de febrero de 2012

Por toda la casa

Ana del Alba comenta en su relato que parece mentira lo que, gracias a un error, da una casa para las relaciones...

Lunes. De repente suena el teléfono móvil, timbre de mensaje nuevo. “Mensaje recibido del 555629565. Quiero que me cojas en brazos, me lleves al dormitorio, me desnudes y me folles a fondo, tq. L”.

El hombre no conoce ese número. No es el de su esposa, con la que lleva casado 5 años. Podría ser, porque ella quiere cambiar su terminal ¿pero y el número? Tampoco es su estilo, sus mensajes no son de ese estilo. Pero esa L puede ser la inicial del nombre de su mujer, Laura. Claro que esa petición explícita tampoco va con ella, a decir verdad, después de esos años de matrimonio, el sexo se ha vuelto rutinario, una vez a la semana y mucho es. Y siempre igual.

Y entonces ¿qué? El mensaje puede ser de alguien que se ha equivocado de número. Pero también podría ser de ella. Alternativas hay varias, pero la más atrayente es hacer caso al mensaje y realizar lo que dice. Además hoy él vuelve a casa antes que ella.

Laura introduce las llaves en la cerradura, abre la puerta, entra, deja las llaves en la bandeja, el bolso y la chaqueta en el perchero, y una sorpresa. Su marido desnudo la coge en brazos, la besa, y de esa forma se la lleva al dormitorio, la desnuda y, sobre la cama, la posee con una pasión desconocida para ambos. Nada del misionero, la ha penetrado desde atrás, tumbados lado a lado, le ha practicado sexo oral, y hasta le ha introducido un dedo en el año de ella. Laura está encantada porque se ha corrido cuatro veces, algo que no sucedía desde que eran novios.

Al día siguiente, martes, Mario, envía, tanto a Laura, su mujer, como a la desconocida L del mensaje primero un mensaje ¿porqué a la desconocida L?, quizá como agradecimiento, quizá como juego.

El nuevo teléfono Kiano de la mujer vibra con la llegada del mensaje. Mensaje recibido del 555670327 “Me gustaría que me esperaras en ropa interior, para follarte en la cocina, tq, M”. Vaya, piensa la mujer. El número del que procede este mensaje es idéntico al de Manuel, su marido, pero el último número es un siete, en vez de un seis. Y qué curioso que hoy vuelva ella antes que él a casa, porque parece que el mensaje viene al pelo. Ayer folló de miedo, su Manolo hizo caso del mensaje que le envió y, al llegar a casa, se encerraron en el dormitorio como dos animales en celo. Se corrió cuatro veces. Todavía se calienta cuando las recuerda.

Después de pensarlo un rato, decide que el mensaje no procede de su marido, pero hay algo en él que le excita. No recuerda haber follado en la cocina, así que ese mensaje le propone un juego excitante. Así que decide hacerle caso.

Por la tarde, ha llegado a las cinco, como su Manolo llegará a las seis, se ha dado un baño largo y sensual. Luego se pone un conjunto de bragas y sujetador negro con todo tipo de encajes, que sabe le excitan. Y como para redondear la situación, se ha calzado unos tacones de 10 cm. Ahora le espera en la cocina, sentada en la mesa de madera en la que desayunan. Está muy caliente, esperando a su hombre.

A la hora habitual, Manuel llega al hogar, deja su cartera, llaves y chaqueta en la entrada y, por el rabillo del ojo percibe, más que ve, una imagen lujuriosa: Lara está sentada en la mesa de la cocina, en ropa interior, con las piernas abiertas, como esperándole.

La tarde transcurre casi más cálida que la del día anterior. Con ella encima de la mesa le ha comido el coño, la ha follado por delante, incluso se la metió por el ano, luego ella se ha puesto con los pies en el suelo, e inclinada sobre la mesa, y la ha follado desde atrás, y luego por el culo. Él se ha llegado a correr un par de veces, ella, como unas tres o cuatro, en la hora que han pasado en la cocina. Vaya el juego que da una simple mesa en una estancia que, a primera vista, no parece buena para el sexo. Seguro que repiten en el futuro. ¿Y eso de esperarle en ropa interior y tacones?

Miércoles. “Espérame en el salón con la polla tiesa, tq, L”. Es el mensaje que Mario, de nuevo ha recibido de la desconocida L, porque el número remitente es el mismo que el del lunes.

La llegada del mensaje hace que recuerde con excitación la tarde anterior. Lorena se prestó al juego y le esperaba en la cocina, sentada en la mesa, con su biquini blanco y unas bailarinas del mismo color. Follaron como leones. Hacía tiempo que no follaban en la cocina, de hecho mucho tiempo, tanto que casi no se acuerda. Pero hay cosas que no se olvidan. Nada como que Lorena se tumbe en la mesa, él le meta la polla y, sujetando y abriéndola de piernas hacia arriba, follársela hasta que se corren los dos. Esa posición le ha gustado siempre mucho y la mesa de la cocina le deja la altura justa para sus sexos. Luego se la ha metido desde atrás, que es otra posición que le gusta mucho. El biquini también hace lo suyo para excitarle.

A la vista del resultado de los dos días anteriores, Mario decide hacer caso al mensaje de la desconocida que, para más extrañeza, coincide con que los miércoles él llega antes que Lorena. Por supuesto desconoce si la desconocida L, porque a esta altura, Mario ha decidido que L es una mujer, ha hecho algo con el mensaje que le envió.

Así que, cuando llega a casa, Mario se ducha, ambienta el salón con música suave en el equipo, dispone unas velas para dar un ambiente más sensual y se sienta, desnudo, en el sofá, con la polla dispuesta para Lorena.

Jueves. “Quiero que me esperes desnuda tomando un baño, tq, M”. Vaya, un nuevo mensaje del desconocido M, porque Lara ha decidido que el tal M es un hombre. Claro que el Martes, tras el primer mensaje, decidió que no respondería ni se pondría en contacto con ese número. Pero, por desconocidas razones, ese M y ella están intercambiando mensajes. Porque está segura que los mensajes calientes que le manda a su Manolo, los recibe también ese M.

Y revive el día anterior, cuando su marido la esperaba en el salón, con unos boleros como a ella le gustan, sonando bajo en el equipo, las luces atenuadas, un olor a perfume varonil y la polla tiesa de él que sobresalía de su cuerpo tumbado. La tarde la pasaron boca en sexo, primero ella, que le dio una mamada de campeonato, luego él la comió el coño hasta el culmen, luego un 69, y luego ... Todavía se excita.

La propuesta del baño no es muy original, claro que Manolo y ella hace un tiempo que no follan en la bañera, antes si, pero hace meses que el baño no es escenario de sus placeres. Y otra vez acierta el tal M, ella regresa hoy antes que su marido. ¿La observará M sin que ella se de cuenta?

Viernes. “Te esperaré desnuda en la alfombra del despacho. tq. L” Un nuevo mensaje de esa tal L. Esta vez es difícil, porque seguro que Lorena no le espera de esa manera, ya que ella no recibe los mensajes.

Mario recuerda el día anterior, cómo ha llegado a casa, se ha desnudado y ha encontrado a Lorena en el baño, desnuda y cubierta sólo de espuma, y agua. Cómo se ha metido en la bañera con ella, se han besado y han follado dentro del agua, uno enfrente del otro, sentados con las piernas de ella a cada lado, el coño abierto presto a ser penetrado por su polla. Luego follaron de pie, Lorena tenía un pie apoyado en el borde de la bañera, otro en el fondo.

Por eso, como quiere continuar hoy también con sexo, le envía a su mujer el mensaje cambiado, pidiéndole que le espere en la alfombra de la habitación que usan de despacho.

A las siete de la tarde, en Madrid, Lara está desnuda, con las piernas abiertas, boca arriba, sobre la alfombra de la habitación que usan Manuel y ella como librería y despacho. Y está siendo penetrada por él que está encima de ella.

Exactamente en el mismo momento, en Málaga, Lorena está en la misma posición, siendo penetrada por Mario, que da gracias en su más profundo interior a ese ángel que empieza por L y que le está dando su mejor semana desde hace mucho tiempo.

A las siete y cinco, Manuel y Mario se corren, pero siguen bombeando, dos minutos más tarde, Lara y Lorena suspiran al correrse.

Lunes. A la misma hora, el éter es cruzado por dos mensajes: “Muchas gracias, desconocida L., te debo una semana de sexo sin parar con mi mujer. Mario” “Gracias a ti, M., hemos follado toda la semana. Lara

El anuncio del diario del mismo lunes dice: “La compañía Kiano ha detectado un fallo de programación en sus nuevos terminales Xray por el que un SMS es enviado dos veces, una al número que el usuario quiere, y otra al mismo número sumando la cifra 1. Por ello lamenta las molestias causadas a sus clientes y pone a disposición de los mismos, terminales con el error corregido que pueden cambiar por el terminal defectuoso en los puntos de venta donde los adquirieron. La compañía asimismo les abonará el importe que las compañías de telefonía móvil les han cobrado debido al defecto detectado. Nuevamente Kiano lamenta las molestias causadas a sus clientes”

Ana del Alba

martes, 14 de febrero de 2012

El suicidio del samurai

Gatacolorada demuestra en su historia que las vueltas que da la vida son complejas y como muestra... un botón

Buenos Aires.

Las dos mujeres, Verónica Bamel y Elena Rojo, pasean empujando los cochecitos de sus hijos, el ondular de sus caderas hace que los hombres se vuelvan para mirarlas con deseo. Ellas lo saben y juegan con la concupiscencia de los machos en celo. La más baja se vuelve para decir al niño que las sigue que acelere el paso y acabe con el plátano que está comiendo. El crío aprovecha que están entretenidas en su parloteo para tirar parte de la fruta. Corre hacia su madre para evitar que vea lo que ha hecho.

Aristóbulo Ramírez se ha quedado abobado con las dos hembras cimbreantes y pisa la cáscara del plátano, cae al suelo y siente un dolor enorme en la pierna, pero no llega a desmayarse. Es médico y sabe que acaba de romperse algún hueso del tobillo. Se arrastra hasta la terraza de la confitería, los mozos corren y le ayudan a sentarse, usa su propio celular para llamar a la ambulancia.

Su ayudante la Lda. Beatriz Bermúdez , una belleza de 32 años, rubia teñida, está sentada en el sofá de la habitación del sanatorio, la pollera corta deja ver sus piernas enfundadas en medias negras de red y parte de sus muslos bronceados. Los senos, semicubiertos por un corpiño color carne, se muestran generosos por los cuatro botones desabrochados de su camisa blanca. Sus ojos pardos miran con pena a su jefe que yace en la cama con la pierna en alto.

“Aris, voy a anular tu viaje a Granada. No podrás presentar la ponencia. Lo harás en el siguiente Congreso.”

“No puede ser, se celebrará dentro de dos años y habrá perdido novedad. Así que eso te va a tocar a vos: Ir y dar la charla. Conoces el proyecto como yo, y en la parte de ensayos más. Así que tómatelo como un premio y vete a Granada. Seguro que lo haces bien.”

Como unas mamás, un niño y una cáscara de plátano pueden cambiar el ponente de un Congreso.

Granada- Madrid.

Beatriz vuela de vuelta a Buenos Aires. Va sola en el asiento para dos personas pegado a la ventana. Cubierta con la manta, en la oscuridad del avión, con el pantalón semiabierto, su mano busca el camino de la concha. Alcanza su objetivo, los dedos acarician el clítoris mientras se da cuenta que es feliz.

La conferencia fue un éxito. Durante los tres días del Congreso, ejerció de investigadora eficaz, prudente, disimulando su belleza explosiva. Lentes, moño, saco y pantalón, en fin que nadie pudo sospechar que a parte de ser inteligente y trabajadora, su papel de ayudante del Dr. Aristóbulo Ramírez se debía a que eran amantes. Quedó tan bien que el Dr. Gabriel López de Mena, un encantador viejecito, le ha ofrecido una beca para trabajar un año en su departamento de la facultad de Valencia.

Y luego el placer maravilloso de Antonio.

Le había conocido en las Cuevas de Sacromonte tras acabar el Congreso. Era el día que la Organización había dedicado al turismo. Sólo se habían quedado los extranjeros, los españoles ya conocían el recorrido, algunos les acompañaron en la visita guiada a la Alambra, pero huyeron de la excursión por las cuevas gitanas de la ciudad. Habían llegado hacia las 9 de la noche, para una cena y el espectáculo. No supo si fue el vino, ella bebía poco, o el cimbreo de los bailarines que jugaban danzas de deseo y rechazo, pero se fue soltando, dejó de ser la profesora controlada y pasó a ser ella.

Se deshizo el moño, el pelo suelto y los botones de la blusa que desabrochó por el calor, le dieron un cambio de imagen convirtiéndola en hembra.

Los bailarines eran expertos y al final del show la sacaron a bailar, como a alguna otra persona del grupo que se notaba estaba afectada. No conocía aquellas danzas, en su inconsciente eran un juego de seducción y sexo, y se aplicó a ello con esmero.

Se dio cuenta que alguien la devoraba con los ojos. En uno de los giros lo localizó, estaba tomando una cerveza y hablaba con una mujer mayor, que había cantado en el zambra, pero no dejaba de desnudarla con la mirada. El deseo la consumía, él se dio cuenta. Cuando iban a salir se acercó y la propuso llevarla en su moto a conocer algún sitio más de la noche granadina. Ella aceptó y poniéndose el casco que le ofreció, se dejó llevar por el desconocido.

Beatriz mira por la ventanilla del avión, abajo acaba la tierra y empieza el océano. Sus dedos siguen acariciando su feminidad, mientras recuerda la loca pasión que ha vivido.

La primera noche en la que cogió como una fiera en celo. El volver al hotel y preparar la maleta desmadejada de tanto sexo. El telefonazo del macho que propone llevarla a Madrid, y acompañarla hasta que vuelva a Buenos Aires. Su sí encantada de proseguir la aventura, el viaje en auto , parando en Córdoba, la Mezquita y el jamón, porque ha comido en esos días más jamón que en toda su vida anterior, se sonríe recordando aquello que le insistía Antonio Negrote, así se llama su semental, que el ibérico da colesterol del bueno. Madrid, los paseos, el cochinillo, la Plaza Mayor, el Museo del Prado y siempre mucho sexo. Le duele la vagina de la cantidad de polvos que ha echado, porque Antonio, que no es muy alto, ni un cuerpazo, lo que tiene es una verga que destroza, 22 x11, enorme, incansable. Y sabe coger, no sabe los orgasmos que ha tenido, se iba una y otra vez con la enorme pija dentro, hasta que estallaba el volcán de semen del hombre. La anulación del vuelo, un día más de regalo con el macho, la entrega de su puerta oscura, el dolor y el placer de sentirse dilatada por el taladro de carne dura que como un ariete la empalaba.

Nunca ha gozado tanto. Sabe que volverá a gozarlo cuando vuelva con la beca a España.

Se ríe callada, recordando la llamada que recibió el fornicador maravilloso para que fuera a Roma, pues el Abogado Luigi Campanni, que iba a visitar la empresa en Granada, al estar él perdido y desaparecido en combate, deliciosas batallas, debía acudir a Italia a cerrar un negocio que se traían entre manos.

Como el continuar con el placer de coger y un retraso aéreo obligan a un ejecutivo a viajar a Roma.

Roma.

Antonio lleva reunido todo el día con el Abogado Luigi Campanni, están acabando las negociaciones pero siempre queda algo, se da cuenta que terminarán al día siguiente. Pide a su compañero que le reserve un hotel mientras cambia el billete para el día siguiente. El italiano le invita a dormir a su casa, un piso enorme cerca del Coliseo. Siguen analizando un rato más las cuestiones pendientes. Antonio le invita a cenar en un restaurante en el Trastevere. La cena es divertida , buena y abundante. La pasta , el pescado, el vino, las grapas, los cafés hacen que ambos estén relajados, y que Antonio cuente sus aventuras amatorias con la argentina. El italiano, aficionado al cine y a los toros, le recuerda la famosa anécdota de Dominguín cuando inmediatamente de hacer el amor con Ava Gardner, se levantó, se vistió para marcharse y ante la pregunta de la bella actriz de a dónde iba , contestó aquella frase famosa de “A contárselo a los amigos”.

Otra ronda de café y grapa permiten al Abogado, totalmente liberado, hacer la propuesta erótica- profesional. Sexo por cerrar los pedidos con al empresa de Antonio. El granadino se niega a las prácticas homosexuales, ni por todo el oro del mundo dejará su hombría al capricho de un romano vergonzante. Eso si, su negativa está cargada de educación para evitar perder a un cliente. Las risas del italiano hacen retumbar el local, no lo quiere para él, lo necesita para un vídeo porno con una pupila que va a lanzar en el cine XX. Antonio respira tranquilo, pero piensa que tras el trajín de los días anteriores va a necesitar alguna ayuda. Una pastilla azul surge de la cartera de Luigi, tras tomarla el español que paga la cuenta y agarra la factura para descontarla en Hacienda y además justificar los gastos, piden un taxi para ir al departamento.

Le lleva a su habitación, el español cuando se queda solo se ducha, luego vuelve al enorme salón envuelto en un albornoz.

Allí ve a la muchacha desnuda, es una hermosa joven negra, su cuerpo delgado se muestra generoso en los pechos que se alzan rotundos con sus pezones erectos. El pelo en melena, alisado, los labios sensuales entreabiertos dejan ver unos dientes blancos como la nieve, los ojos verdes deslumbran de picardía. El italiano les presenta, la etiope se llama Emma Hart ( ese es su nombre artístico), tiene 18 años y 3 meses, su protector aclara que no quiere verse en líos de menores. Mientras coloca los focos y el fondo para la filmación, pide a Antonio que se vista con una túnica blanca y una capucha del mismo color. Quiere que simule una violación de un miembro del KKK a una negra. Nunca se le verá la cara. El granadino respira aliviado, no le hace mucha gracia que todo dios le vea jodiendo en Internet.

La verdad es que disfruta durante la filmación, la chica es una joya que disfruta del sexo, incitándole, haciéndole gozar. Cuando eyacula, tras casi una hora de ejercicio sexual en la que usa todos los posibles blancos para usar su arma, besa a la muchacha con una mezcla de agradecimiento y camaradería.

A la mañana siguiente mientras los tres desayunan juntos, Luigi acaba de firmar los contratos con gran alegría de Antonio.

Como un retraso de un vuelo, y la necesidad de firmar un contrato convierten a un granadino en actor porno.

Osaka.

Muni Mifume mientras en la pantalla de su enorme Sanyo aparecen los títulos de crédito de la película erótica, se deshace del kimono, y se va desnudando para poder masturbarse tranquila durante la proyección.

Empieza la proyección. El hombre tiene una enorme verga dura, en alto, orgullosa de su poder. El cuerpo con vello es fuerte, no de un atleta, pero si de un tipo sano y concupiscente. Posee a la mujer de color de todas las formas imaginables. Parece romperla al penetrarla con su arma, pero la negra gime, chilla loca de placer Las manos de Muni acarician su vulva delicada , mojada, empapada, rebosante de flujos. De un pequeño armario de bambú saca un pene enorme de goma y se lo introduce de un golpe en su vagina palpitante. Sin perder ni un segundo la película, su ritmo mete- saca aumenta hasta casi calentar el instrumento de plástico.

Recuerda California, cuando era estudiante, y vivía un mundo de marihuana y promiscuidad. Hombres, mujeres, por separado o juntos, tríos, cuartetos, orgías de todo ha gozado. Todo cambió al prometerla su padre con un hombre poderoso en Japón, tuvo que volver para casarse. Eso sí, con el apoyo de su amiga Fátima Almohad y el bisturí del Dr. Ian Foster volvió a su país totalmente virgen. Sangró en el lecho de bodas, cuando su marido la penetró.

Su vida se convirtió en un sueño de lujo y riqueza , pero encerrada . Prisionera en una jaula de oro, sin poder desarrollarse como ser humano, se ha ido consumiendo, dejando de soñar. Sólo las películas pornográficas que le recuerdan su ayer y las masturbaciones asociadas le permiten no suicidarse.

Cuando, en la pantalla, la verga sale del trasero de la muchacha y derrama la leche sobre los pechos erectos de la joven, la japonesa acaba su enésimo orgasmo, saca el pene ficticio, lo lame y lo vuelve a guardar en el pequeño armario.

Akira, solo, en su despacho, ve en el monitor la masturbación de su esposa. Se da cuenta del enorme error que cometió al casarse con ella. Pero el problema no era de ella, era él el que no la satisfacía. Las técnicas amatorias de los viejos tratados no eran suficientes, la mujer quería una verga mayor, no sus 11 cm. Lo sabía, lo había oído cuando su esposa se lo contó a una amiga de E.E.U.U, compañera de Universidad. Su orgullo de samurai, el orgullo de una familia de luchadores, estaba por los suelos.

Pero lo peor quedaba por llegar. Desnuda su mujer toma el celular y se graba volviéndose a masturbar, después llama. Akira la oye hablar, cada palabra es un puñal en su corazón, no es que le odie, le desprecia, le ve como un pobre tonto, sólo útil para pagar la mejora de calidad de vida de sus padres. Y sigue, uno tras otro sus comentarios son cada vez mas insultantes. Cuando acaba, envía el dedo que se ha hecho a la persona con la que ha conversado.

Akira se mira en el espejo, se ve miserable, es una batalla en la que no sabe luchar. Es un perdedor, recuerda la norma samurai: “ El que pierde, sólo tiene un camino para recuperar su honor.” Busca el sable. Se arrodilla en el viejo cojín, testigo de los fracasos de sus antecesores, apoya la punta en el estómago y empuja, siente como el acero va entrando en su carne, después lo gira y corta su vientre. La muerte llega, como una mujer callada que le acompaña a un mundo donde se juntan los luchadores, sin distinción de vencedores y vencidos.

Como las exigencias para la firma de un contrato hacen que un samurai se sienta perdedor y se haga el harakiri.

Resumen final de esta historia:

Como la cáscara de plátano que arroja Felipe en Buenos Aires causa el suicidio de Akira, samurai en Osaka.

domingo, 12 de febrero de 2012

Causa y efecto

Shadow nos resume en su relato que toda acción tiene una reacción en mayor o menor medida, pero cuando esta sucede en el peor momento y en la peor situación… la reacción se puede tornar trágica.

Isabel iba sentada en el coche mirando por la ventanilla, iba pensando en cómo podía estar haciendo esto, como podía estar otra vez con su amante camino de un hotel, además siempre del mismo hotel, lo que consideraba un peligro, por mucho que él dijera que era el sitio más seguro. Llevaba poco más de tres meses con esta relación clandestina y no lo entendía. En ese momento Rafael le metió mano entre sus piernas, haciéndola gemir, eso era, justo eso. Rafael, el socio de su marido Carlos, sólo con tocarla la ponía caliente, sólo con rozarla recordaba ese primer polvo prohibido, salvaje, morboso y se mojaba toda ella de deseo por él. Pero no podía evitar sentirse sucia, estaba engañando a alguien que lo daría todo por ella, incluso su vida si se la pidiese, que la satisfacía cuando y como ella deseaba en la cama por muy agotado que llegara. El no se merecía esto, pero era superior a ella, este deseo maldito que sentía, este ardor interno.

Su mente racional la indicaba que jugaba con fuego, que si su marido, el hombre al que amaba sobre todas las cosas, sin el que moriría lentamente... le avisaba de que si él se enteraba de esto la dejaría, la repudiaría y puede que por esta estupidez que hacía al acostarse con Rafael incluso perdiera a su hijita también, lo estaba arriesgando todo por un polvo, por follar con alguien quien tampoco es que le cayera muy allá como persona, que siempre le había parecido un chulo, cuya mujer, Mirta, encima era muy amiga suya.

Estaban llegando por fin al hotel, una vez en la habitación se limitaría a follar, a disfrutar y a dejar de pensar. No quería pensar en lo que supondría para ella perder a su amado Carlos, sólo quería sentirse por unos breves instantes como la hacía sentirse Rafael, unos instantes tan breves como el tiempo en que lo tenía dentro de ella follándosela.



Rafael iba preocupado, por un lado no podía dejar de mirar de reojo a Isabel, la mujer de su socio, su nueva zorra desde hacía tres meses, siempre que quedaban la veía así, mirando al vacio, seguro que arrepintiéndose de estar follando con él, lo veía en sus ojos, menos mal que era tan puta que con sólo rozarla el coño se ponía a chorrear. El idiota de Carlos la tenía en palmitas, en lugar de darla palmetadas, seguro que le haría el amor en lugar de reventarla a pollazos como le gustaba a esta zorra, el imbécil no aprovechaba a semejante guarra, metió su mano entre las piernas de Isabel, alcanzando su tesoro, notando como se humedecía a marchas forzadas. Irónico pensó que no era más que una puta calentorra y viciosa que se las daba de señora.

También iba preocupado por el coche, había visto de reojo encenderse un piloto rojo en el cuadro, y el rojo nunca era algo bueno, no sabía qué era, pero bueno, cuando llegara al hotel le encargaría al encargado que lo llevara a algún taller de confianza para que se lo miraran, llevaba años llevando a su puta de turno a ese hotel, por eso tenía ciertos privilegios. El personal se llevaba buenas propinas por todos estos pequeños detalles incluido el no poner su verdadero nombre en el registro. Era un experto, llevaba haciendo esto desde antes incluso de casarse con Mirta, desde que eran novios aquí era donde se traía siempre a sus zorritas.



La tarde acababa de empezar ese viernes, Carlos en lugar de estar trabajando como siempre, en lugar de quedarse en la oficina hasta las tantas, se dirigía a su casa en completo estado de shock. Había sorprendido a su adorada Isabel en algunas contradicciones, gastos extraños. Pidió a un amigo que investigara qué le pasaba, estaba muy preocupado por ella, hacía unos años cayó en el vicio del juego, se temía una recaída en él, lo que nunca pudo llegar a imaginarse era lo que su amigo descubrió y le probo con fotografías, las mismas que iban en el bolsillo interior de su chaqueta guardadas. Su adorada mujer, su vida, su amada, la razón de su existir junto con su hijita, le estaba engañando con su propio amigo y socio, con Rafael, las lagrimas corrían libremente por sus mejillas.

Cuando llegó a casa no había nadie, según ella estaba con sus amigas, él sabía que como cada viernes, estaría con su socio follando, entregándose a él como una puta, con esa cara de guarra que mostraba en las fotos que le había dado su amigo. Necesitaba enfrentarla cuando regresara, lanzárselo a la cara.

Pero quizá antes de hacer nada tendría que hablar con un amigo que era abogado matrimonialista sobre cómo actuar para no perderlo todo ante ella, sabía de sobra como decidían los jueces en estos casos, sin duda eso era lo mejor, quería divorciarse de esa mujer que ahora sabía que no lo quería, pero no quería que ella se quedara con su hijita, con el único amor que ahora quedaba en su vida, con lo único que ahora le quedaba para luchar, no podía enfrentarla ahora, no sabía muy bien qué hacer para que ella no se diera cuenta de que lo sabía todo.

No podía evitar hacerse preguntas, ¿Por qué? ¿Qué era lo que le faltaba con él? ¿Le habría querido de verdad alguna vez? ¿Sólo había sido para ella un burro que trabajara para mantenerla y darla todos sus caprichos? Estaba destrozado.



Mirta estaba en la peluquería, no podía dejar de pensar en Carlos, en el socio de su marido, el marido de Isabel, una de sus mejores amigas. Carlos, su secreto, un secreto que llevaba consigo desde que lo conoció hacía ya cinco años. Estaba enamorada de él, le quería desde el mismo momento en que le puso la vista encima cuando su entonces novio Rafael estaba mirando de convertirse en su socio, se dio cuenta de que lo que sentía por su entonces novio Rafael no debía de ser verdadero amor, con él no sentía esos pajaritos en el estomago que sentía sólo con oír la varonil voz de Carlos, cómo su corazón se aceleraba sólo con rozarse con él. Sólo se caso un año después con Rafael por la familia, y porque así por lo menos podría estar cerca de su amor.

Estaba segura de que el cerdo de su marido estaría por ahí con alguna golfa, la estaba engañando desde el inicio de la relación, no le importaba, ella también tenía sus escaramuzas, de hecho si había aguantado todo era por Carlos, estando casada con Rafael, con su socio y amigo, siendo además amiga íntima de Isabel, tenía un grado de intimidad que él no le permitiría de estar soltera... le gustaba de él esa forma de mantener las distancias con cualquier mujer, ojalá se hubiese atrevido cuando pudo, cuando Isabel cayó en el juego tuvo la oportunidad de su vida para habérselo arrebatado pero la dejó pasar por el bien de su amiga.

Muchas veces pensaba en dejar a Rafael, en divorciarse, aunque se creía muy listo tenía pruebas más que de sobra contra él, además, lo que no sabía casi nadie fuera de las familias de ambos es que el dinero era de ella, las acciones de la empresa en la que era socio de Carlos fueron compradas por el dinero de ella únicamente con el secreto fin de poder acercarse a él, y no de Rafael, además estas estaban también a su nombre, aunque Carlos pensara que era por el tema de impuestos. Se podría decir que si se divorciaran Rafael no tendría dónde caerse muerto, cuando estaba de bajón como era el caso se sentía como una imbécil por no pensar sólo en ella, por no dejar a su marido y por no haberse atrevido a ir a por Carlos a degüello, pasando por encima de su esposa, pero Isabel era una persona legal, no podría haberle hecho eso, además ver cómo él se volcó con ella cuando lo de su adicción, no podía hacer eso, ¿no? ¿O realmente era tan idiota como se sentía en esos momentos de bajón?



Rodrigo estaba solo en el taller, uno de los conserjes del hotel cercano le acababa de llevar un cochazo de alta gama, su dueño decía que se le había encendido una luz roja pero que no sabía cuál era. Jodidos Yuppies, ni para eso servían, no eran ni capaces de saber qué puta luz se le encendió, ahora tendría que mirar con lupa el puñetero coche y él había quedado a medio día con su chica con la sana intención de echar un polvo aprovechando que el jefe no estaba, les daba morbo follar en los coches de otros, le acababan de joder el día.

Estuvo mirando el coche durante un buen rato, al final cerró la puerta y salió con él a probarlo, sólo le dio tiempo a andar cien metros cuando se volvió a encender el piloto rojo y el ordenador del coche le indicó la avería. Menudo idiota, ni siquiera fue capaz de leer el mensaje del ordenador indicándole la avería. Ahora sólo tenía que verificar que era el alternador. Una pieza cara, un buen dinero esa reparación, si la perdía el jefe le mataba, con el tiempo que se llevaría esa reparación supo que se le había jodido el polvo de todas, todas. Si era el alternador iría con el tiempo justo para cambiárselo, y eso gracias a que lo tenían allí porque el listo de su jefe lo pidió por error para otro coche, una casualidad. Encima ese puto Yuppie iba a tener la suerte de que ya tuviesen la pieza allí, eso le iba a permitir salir con el coche reparado esa misma tarde.



Silvia llegó al taller donde trabajaba su chico, su jefe no estaba, a ver en qué coche podía follar con su chico, la daba morbo follar en el coche de otros... pensar que pudiesen dejarse en él por error una prenda, una mancha de semen o de flujo que pudiese encontrar al mujer o marido del propietario... El quizá ver en algún sitio ese mismo coche sabiendo que ella ha estado follando en el... eran cosas que la ponían malita. Según entró vio a su chico enredando en el motor de un cochazo, se le empezó a hacer el coño agua sólo de pensar en follar en él.

Se acercó a su chico por detrás, agarrándole por sorpresa del paquete, éste sobresaltado se volvió, al ver que era ella se abalanzó sobre sus labios, le encantaba cómo su chico se entusiasmaba cada vez que la veía, cómo se le notaba que se moría por besarla. Su anterior novio era más guapo, más fuerte, mejor tipazo y tenía la polla más grande que Rodrigo, pero no se arrepentía para nada de haberle dejado por él, Rodrigo la llenaba como nunca ningún otro chico antes. Le pidió mimosa que cerrara para follar en ese estupendo coche... no vio a Rodrigo muy convencido en esta ocasión, pero una dulce miradita, un apretoncito sobre la pija y su chico sólo pensaría en follársela, en hacer que se corriera de gusto por las patas. En tres minutos bajó el cierre y cerró la puerta de acceso, cogió a su novia por la mano y entró con ella en el asiento de atrás del lujosísimo coche.

Se encontraba cachondísima, se quitó la mini y las braguitas, el contacto del lujoso cuero contra su culito la estaba poniendo a cien... su chico fue a acariciarla, pero no quería eso, sólo quería que se la metiera hasta el fondo y se la follara lo más fuerte que pudiese, el olor del coche, ese típico olorcito a coche nuevo, a cuero nuevo la volvía loca. Cuando su chico entró tras ella, con la polla en ristre, con el preservativo puesto no pudo aguantar más, le apremió a que se la clavara sin contemplaciones. Sintió cuándo el miembro de su chico se abrió parte en su intimidad, cuándo éste empezó a embestirla, cómo su polla se frotaba con sus paredes vaginales, tocándola en lo más profundo. Estaba tan excitada que sólo le hizo falta una docena de embestidas de su chico para correrse de gusto, pero él siguió hasta hacerle alcanzar un segundo orgasmo, a la vez que su chico se corría en el preservativo.

Nada más recuperarse tumbó a su chico en el asiento trasero, colocándose luego sobre él, dejándole al alcance de la boca su coñito mientras ella engullía la estaca de su novio. Debía de reconocer que ese coche le daba muchísimo mas morbo de lo normal, de todos modos hacía casi una semana que no había follado con su chico, y eso para alguien tan caliente como ella se notaba, estaba intentando recuperar esos polvos perdidos. Tras correrse ambos se puso a gatas, con una rodilla en el suelo y la otra pierna sobre el asiento de atrás, dejando el coño rozando con el borde del asiento trasero. Quería que la rompiera el culito en esa posición, quería que se la follara así.

Sintió cuando su chico poco a poco se la empezó a meter, despacio, muy despacio hasta que estuvo toda dentro de ella. Después espero pacientemente a que ella se acostumbrara, le encantaba la delicadeza de Rodrigo, siempre había sido ella quien tenía que frenar a sus amantes, pero con su chico todavía no había tenido que hacerlo ni una sola vez. Cuando notó que pasaba el dolor le dijo que empezara a moverse, para su placer comprobó que con cada embestida de Rodrigo su coñito se frotaba contra el borde del asiento, multiplicándola el placer que sentía. Duró muy poco, igual que su chico, se corrieron ambos enseguida.



Rodrigo no pudo evitar como su polla se encabritaba al ver a su chica en esa extraña postura, ofreciéndole su culito. Se puso otra goma situándose tras ella en tan incómoda postura, poco a poco fue introduciéndosela por el culito, su chica soltaba gemiditos de dolor, una vez estuvo toda dentro espero pacientemente a que Silvia le dijera que empezara a moverse. Esto sucedió poco después.

Para su sorpresa comprobó que cada vez que embestía a su chica sus huevos avanzaban o retrocedían rozándose levemente con el borde del asiento, sentía el cuero acariciándoselos, intentaba aguantar como podía para conceder a su chica el orgasmo, pero con ese roce sabía que no duraría mucho. Afortunadamente cuando llegó sintió cómo su chica se corría a la vez que él.

Una vez se vistieron y arreglaron limpiaron por dentro todo el coche, todo el borde del asiento trasero estaba empapado en flujos de su chica, al hacérselo notar ésta se sonrojó, era algo que le encantaba de Silvia, que pese a saber que era una chica de experiencia, con él muchas veces era capaz de comportarse de ese modo, ruborizándose por una tontería sólo porque él lo había dicho. Silvia se despidió de él para regresar a su casa, cada vez estaba más colgado por ella.

Cuando el conserje del hotel llego a por el coche habían pasado más de seis horas y sólo le había dado tiempo de volver a montar todo lo que ya había retirado cuando le sorprendió Silvia, pero el coche realmente no lo había llegado ni a tocar. Para quitarse el marrón y que su jefe no pudiese decir nada, al conserje le dijo que era el alternador, pero que el coche al tener menos de dos años estaba en garantía, lo que no le dijo fue que el coche estaba usando la batería al no funcionar el alternador y que eso podría suponer que al quedarse sin batería se quedasen tirados con el coche.


A Rodrigo no le interesaba que dejara el coche, si su jefe se enteraba tendría problemas por no haberse encargado de él teniendo tiempo para hacerlo. Después de eso Rodrigo no volvió a pensar en ello, total, ¿qué podía pasar?, ¿que el yuppie se quedara sin la batería y tuviera que pedir una grúa?, anda y que se jodiera.



Rafael iba conduciendo camino del centro comercial donde habían dejado el coche de Isabel, el conserje le había dicho que sólo era un problema eléctrico, que el mecánico le había dicho que lo llevara a un taller de la marca cuanto antes ya que lo cubría la garantía. Rafael pensó que mejor así, de haber sido algo grave y ser una factura alta quizá hubiese tenido problemas para ocultárselo a su mujer...

Rápidamente su mente se desvió de esto para centrarse en la tarde que había pasado con la golfa que se sentaba a su lado, qué mujer, qué loba, era arriesgado al ser la mujer de su socio y amiga de su mujer, pero merecía la pena. Sabía que tardaría mucho en aburrirse de semejante putón, sólo tenía que cuidarla un poquito para que sus remordimientos no la alejaran de él y volvieran a llevarla con el imbécil de su marido.

De reojo vio cómo otra vez parpadeaba la luz roja, por lo menos ahora estaba tranquilo, sólo era un pequeño fallo eléctrico. En ese momento se empezaron a encender varias luces más en el cuadro, algunas rojas, otras naranjas y la pantallita Led del ordenador no dejaba de dar mensajes de averías. Esto le preocupó sobre cualquier otra cosa, dejó de prestar atención a la carretera para centrarse en lo que ocurría en el cuadro de mandos del coche.

Cuando oyó el chirrido de frenos levantó la vista para encontrarse con un tráiler que estaba haciendo la tijera delante suyo, intentó evadirlo saliéndose al arcén, pero la dirección asistida falló y se endureció, rápidamente subió la mano que tenía entre la pierna de Isabel para hacer fuerza con el volante y poder girar. Por instinto esta vez tiró del volante con todas sus fuerzas, desgraciadamente en ese momento volvía a tener dirección asistida haciendo que el coche se cruzara en medio de la carretera, restando metros de frenada a los demás conductores. Al cruzarse de carril varios coches fueron a impactar contra el vehículo de Rafael, empujándolo a base golpes contra el camión que se hallaba cruzado en medio de la carretera, incrustándolo en él, mientras varios coches más se unían al accidente múltiple al no ser capaces de frenar a tiempo.

El problema de quedarse sin alternador es que el coche empieza a usar la batería, pero cuando llega el momento en que ésta ya no puede dar lo que el coche le pide, el ordenador del vehículo empieza a reducir consumo eléctrico apagando sistemas, razón de las presuntas averías, por eso la dirección se puso dura sólo un segundo, ya que al ser un sistema "primordial" el ordenador volvió a conectarla de nuevo. Fue sólo mala suerte, justo cuando la batería dijo basta, desviando la atención de Rafael hacia los testigos que se encendían de avería al apagar sistemas el ordenador, el tráiler reventó una rueda de su dirección, el conductor no pudo hacer nada por impedir que el remolque se cruzara haciendo tijera... Justo cuando Rafael intentó mover el coche con una mano el ordenador retiró la asistencia a la dirección impidiéndole mover el volante al no ir sujetándolo debidamente y endurecerse este por completo. Justo ese segundo que tardó en subir la mano que tenía en la pierna de Isabel al volante, fue el que necesitó el ordenador para volver a conectar la dirección asistida, provocando con ello que Rafael al tirar de golpe con todas sus fuerzas del volante, sólo consiguiese dar un violeto giro que descontroló el vehículo por completo cruzándolo en medio de los otros carriles de la autopista a menor distancia de la que estaba el camión, llevándose ellos los impactos de los demás vehículos.



Carlos estaba en casa, con los ojos agotados de llorar cuando recibió la llamada de la guardia civil informándole del accidente y de que su esposa estaba ingresada en el hospital. Llevó a su hijita con una vecina y partió raudo hacia allí. En todo el camino lo único que le preocupaba era cómo estaba su mujer, su amada Isabel, todo lo que había descubierto de ella pasó a un segundo plano. Nada más llegar se encontró con que estaba en el quirófano, dos horas después el médico le atendió dándole el parte sobre el estado de Isabel, por lo visto estaba muy grave, pero hasta pasadas 48h no se sabría que ocurriría, además su corazón había quedado muy débil...

Toda su atención estaba centrada en el estado de Isabel, en rezar porque no le pasara nada, por lo menos hasta que vio allí a Mirta descubriendo en ese momento que el accidente había sido con el coche de Rafael, y dónde había sido... no le hizo falta más para saber de donde volvían los dos, la gélida garra de los celos y el odio secó su corazón de cualquier rastro de preocupación o de angustia por Isabel, por primera vez deseo que no saliera de esta, que muriera, eso solucionaría todos sus problemas, su hijita sería sólo para él, no tendría que pelear por ella, esa puta no se merecía seguir viva.

Disimulando se interesó con Mirta por el estado de Rafael, pesando que ojalá muriera también ese cerdo, pero no dejó traslucir nada ante Mirta, no quería hacerla sufrir innecesariamente. Si por suerte ambos morían ella no tendría que enterarse nunca de que su marido le había sido infiel, destruyéndose así la imagen que sin duda debía tener de él.



Mirta estaba en casa cuando la llamó la Guardia Civil notificándole el accidente, cuando llegó se enteró de que su marido estaba más con un pie en el otro barrio que en este. Su sorpresa vino cuando supo quién era la otra persona que iba con él en el coche... no salía de su asombro, la nueva fulana de su marido era Isabel, su mejor amiga, la mujer de su amado Carlos. No se sintió del todo bien con ello, pero no pudo evitar dejar de desear que ambos murieran, por su marido no lloraría en absoluto, es más podría organizar una fiesta y todo para celebrarlo. Por Isabel en otras circunstancias lo hubiera lamentado, pero ahora, que hubiese engañado a un buen hombre como Carlos que tanto había hecho por ella con el cerdo de su marido, traicionándola de paso a ella también. Ojalá se muriera ella también, eso dejaría su camino expedito al corazón de Carlos.

Cuando vio a Carlos no supo bien cómo actuar, cuando le preguntó por Rafael tuvo que actuar, disimular, no podía permitir que él supiera que su mujer lo engañaba, callaría, no diría nada de nada salvo que sobreviviera. Si Isabel lo hacía, esta vez no pensaba permanecer quieta, pensaba luchar por el hombre que amaba, ya vería como conseguir pruebas contra los dos amantes y eso era fácil, su marido no lo sabía, pero ese hotel donde siempre iba creyéndose seguro, una parte de él era de uno de sus primos. Tampoco permitiría que esa puta de Isabel separara a Carlos de su niña, ya vería como lograba destruirla, pero algo haría, si es que sobrevivía, ojala que no.



Tres días después Rafael falleció, el médico le dio la mala noticia a su esposa. Mirta se preparo para organizar el funeral de su marido, cualquiera que la viera pensaría que era una desconsolada viuda. Contó con la ayuda de Carlos, quien como buen amigo de su esposo estuvo con ella todo el tiempo que pudo, que era muy escaso ya que él debía de estar pendiente de Isabel, aunque a él ciertamente no le apeteciera estar pendiente de ella, pero sabía que debía de mantener las apariencias, ya que pese a todo, si salía de esta seguía pensando en divorciarse.



Isabel pareció recuperarse, parecía que ella al menos si lograría salir de esta, pero no indemne, el médico le dijo a Carlos que sus piernas no tenían ninguna sensibilidad, su columna había sufrido daños serios, su corazón estaba dañado por el sobreesfuerzo que tuvo que hacer para lograr mantenerla con vida, estaba al borde de un colapso, con tratamiento y tiempo podría recuperarse de esto en concreto, pero nunca volvería a andar otra vez. Que cuando quisiera podía entrar a verla en la habitación, que no se asustara por todos los tubos que viera que tenía, que no había que hacer que se sobresaltase por nada, porque algo así podría ser fatal para su corazón...

Cuando entró le dio un vuelco el corazón al verla en ese estado, llena de tubos por todos sitios, entubada, con drenajes, en fin, imagináoslo. No sabía qué hacer, se iba a quedar parapléjica, pensó que ningún juez después de eso la separaría de su hija, si pedía el divorcio con ella en ese estado perdería seguro. Tendría que cargar con alguien en sus condiciones sabiendo que nunca lo ha querido, que para ella sólo ha debido de ser un burro que llevara el dinero a casa, no era justo, dios, no era justo, porque le pasaba todo esto a él que nunca había mirado a otra y había adorado allí por donde ella pisaba.

Vio en los ojos de Isabel una clara pregunta, ¿Qué me ha ocurrido? Carlos decidió contestarla teniendo cuidado para no sobresaltarla. Se limitó a decirle que había tenido un accidente con Rafael. En ese mismo momento sus ojos condenaron a Isabel, esos mismos ojos marrones que en otro tiempo el adoró, los mismos que le miraron asustados, los mismos que dejaban escapar el miedo a tener que explicarle que hacía ella con Rafael en aquel coche.

Carlos al ver eso ya no fue capaz de callar más, el odio por su traición se apoderó de su alma haciendo que se lo soltara todo a Isabel con la secreta esperanza de que su corazón reventara de una vez. Le dijo todo lo que sabía, lo de ella y él, que Rafael había muerto, que estaba invalida, incluso la dijo cargado de odio que iba a divorciarse de ella, que iba a quitarla a la niña, que pensaba destruirla como ella le había destruido a él con su traición. Vio como la maquina que vigilaba el ritmo cardiaco se volvía loca, como la línea que marcaba sus pulsaciones se disparaba para luego quedar en una línea continua, sin saltos, pensó que con un poco de suerte, esa línea plana seria definitiva.

Oyó los pitidos de las alarmas de las maquinas, las carreras... pensó con frialdad qué era lo que debía de ir haciendo desde ese momento, paso a paso. Empezó a moverse, tocó la alarma para llamar a las enfermeras, sólo porque sabía que debía de hacerlo así, como haría cualquier esposo que deseaba que su mujer se salvara, ahora debía de poder llorar, pero sus ojos estaban secos, no sabía qué hacer. Entonces se acordó de algo que vio en una película, se sujeto unos pelillos de la nariz tirando con fuerza de ellos, arrancándoselos . Un gemido de dolor escapó de su garganta justo en el momento en que el personal médico entraba a la carrera, sus ojos se desbordaron de lágrimas, enrojeciéndose sus ojos instantáneamente por el dolor, la viva imagen del acongojado esposo.



Isabel falleció de un colapso el mismo día en que lo hizo Rafael, fallecieron ambos con sólo unas pocas horas de diferencia. Ambos esposos se apoyaron en esos momentos de dolor, ambos cuerpos fueron velados en el tanatorio en sendos cuartos situados uno al lado del otro por deseo expreso de ambos cónyuges. Por allí pasaron muchos familiares de ambos, amigos y conocidos.

Al día siguiente se procedió al entierro de ambos en distintos cementerios. Durante los días siguientes días ambos viudos, Carlos y Mirta estuvieron arreglando papeles juntos, apoyándose mutuamente en tan duros momentos. Entre los dos empezó a formarse una camaradería forjada en tan difíciles momentos, todo el mundo se alegró por ellos, por poder tenerse como apoyo mutuo.

Mirta estaba en la gloria, los dos habían muerto, tenía el camino libre para conquistar a Carlos, no pensaba cometer los errores del pasado, fuese honorable o no, pensaba aprovechar el estado de desconsuelo de Carlos para robarle el corazón, le quería para ella, no permitiría que ninguna espabilada se lo pudiese arrebatar. Seguiría dejándose consolar por él, poco a poco su amado Carlos iría cayendo enamorado de ella. Se moría de ganas de poder hacerlo suyo por fin, nunca le contaría lo que sabía de Isabel y Rafael, eso se lo guardaría para ella, no quería que el perdiera la imagen que tenía de su amiga, no por ella, sino porque él no sufriera más de lo que ya lo hacía por alguien que no merecía ni una sola lagrima de él.

Carlos por su parte estaba pensando muy enserio en intentar conquistar a Mirta, era una mujer de bandera, no entendía como Rafael se había liado con la puta de Isabel, cuando su propia mujer era mucho más atractiva y deseable. No estaba enamorado de ella, pero le tenía un gran cariño, la consideraba una de sus mejores amigas, bueno, suya y de su difunta mujer. Sabía que Mirta era una gran mujer y su hijita iba a necesitar una nueva mamá. Además sabiendo lo dulce y cariñosa que era Mirta, ésta no tardaría mucho en lograr que él se enamorara de ella y en robarle el corazón a su niña, era sin duda la mejor opción, además no podía dejar que descubriera cómo era su esposo, mejor dejarla con la imagen idílica que sin duda debía de tener de él, sucediese lo que sucediese entre ambos, Mirta jamás se enteraría de lo de su esposo con Isabel, no merecía sufrir más por un cerdo como él.

Cada vez que ambos se encontraban, al cruzarse sus miradas, sus ojos lanzaban destellos y daban chispazos, ¿sería eso amor?

FIN

lunes, 6 de febrero de 2012

La fiesta de Navidad

Garganta de Cuero nos relata una tórrida aventura entre Mandy y Roberto, que ocultos tras unas máscaras, esconden algo más que un disfraz en una loca fiesta de Navidad.

Sentado en el cómodo sillón del cuarto, frente a la televisión, el hombre trataba de aparentar tranquilidad… ¿para qué, si estaba solo? Calentaba un trago en la mano porque apenas le daba pequeños sorbos. Era un tipo maduro, de 45, piel morena clara y cabello lacio, castaño y oscuro, no demasiado largo, que llevaba a modo de melena. Medía más de 1.80 y era robusto, fuerte y macizo, aunque ya no marcaba como antes. Además era un oso imponente, macho peludo y viril de barba y bigote, muy espesos, que le conferían un aspecto serio y, a veces, hasta intimidante. No le huía a su edad, pues sus sienes y su barba ya mostraban canas incipientes que lo hacían aun más interesante. Y sus lentes de grueso armazón lo convertían en una rara mezcla entre nerd y motorista.

Estaba nervioso, muy nervioso, había sido invitado por su jefe a una fiesta muy especial… y era especial porque, si todo salía bien, se convertiría en una orgía digna de Calígula. Don Efraín era un millonario que se hizo a si mismo a base de trabajo duro y tesón. Salió de los rincones más apartados y miserables del campo para formar un imperio comercial que Roberto, economista de profesión, salvó de la bancarrota al evitar que las volátil economía internacional se llevaran el trabajo de toda la vida del bueno de Don Efraín. Y Don Efraín, hombre justo y generoso con sus amigos, depositó en nuestro héroe toda su confianza… y el culo también.

Don Efraín era un pervertido que no hacía distinciones de ningún tipo, le hacía a todo. En agradecimiento le dio el culo a Roberto y se lo sigue dando desde entonces… a él y a su ejército de amantes. Roberto todavía tiembla al recordar la primera vez que se cogió a su patrón y el mundo de placer que se le abrió desde entonces. Ahora llevaba una doble vida, pues nadie podía enterarse por nada del mundo. ¡Ja, se estremecía de solo pensar lo que ocurriría si su círculo se llegara a enterar que el correcto Roberto, ejemplo de rectitud y ética, era en realidad un degenerado caliente! No, no podía permitirlo.

Esa noche era la fiesta de Navidad de Don Efraín y el hombre tiraría la casa por la ventana para agasajar a sus selectos invitados y amigos. Sería una fiesta de disfraces con motivo navideño, nadie podría entrar si no llegaba disfrazado y con antifaz, pues también se prohibía mostrar su verdadera identidad. Aquello se convertiría en un bacanal y era la primera vez que Roberto asistiría, y, para ello, había alquilado un traje de cascanueces para esa cita, con bonete y todo, incluido el antifaz, solo su poblada barba quedaría a la vista. Tuvo que inventar un viaje de trabajo para que su mujer e hijos no sospecharan nada.

Y para darle más tensión, su jefe le quería presentar a una hermosa “muchacha con la verga más grande que había visto jamás y a la que le encantaba ser sodomizada… y mejor con una buena verga y brusquedad”. Por enésima vez Roberto vio su reloj… ya era hora de arreglarse. Apagó la tele (ni se había enterado de qué programa tenía puesto) y se dirigió al baño de su suite…

. . . . .

– ¡Pero Mandy, cuidado mujer, que todo se te está cayendo hoy!

– ¡Perdón Christy, es que estoy muy nerviosa, es una fiesta, por Dios!

Mandy y Christy estaban vistiéndose en la casa de la segunda, la primera dijo en su casa que saldría a una fiesta y que luego se quedaría a dormir con su amigo de toda la vida, pero convenientemente olvidó mencionar que estarían totalmente solos. Para ella era un alivio poder librarse de la máscara que mostraba al mundo, pues sus padres, tan correctos y cuadriculados, jamás podrían entenderlo. Ella no era hombre… o por lo menos no debió nacer como tal. Era una mujer, hermosa y exuberante, femenina y delicada, tierna y cariñosa… y muy sensual y caliente.

Estaba nerviosa, muy nerviosa, ella y su amiga Christy habían sido invitadas a una fiesta muy especial… y era especial porque, si todo salía bien, se convertiría en una orgía diga de Calígula. La ofrecía Don Efraín, viejo millonario y pervertido que no hacía distinción alguna entre géneros. Originalmente conoció a Christy y la incluyó en de su extensa y selecta lista de amantes desde entonces… y Christy le presentó a Mandy, poseedora de un falo descomunalmente grueso y largo y un par de testículos redondos, pesados y repletos de semen. El viejo se dejó coger por ella y quedó con el culo abierto como una flor y más satisfecho de lo que había estado en mucho tiempo… obviamente la incluyó en su lista. Lástima que a Mandy le gustaba ser la pasiva, pero por lo menos con ese hombre podía ser ella y no él.

– Ayudame con esto porfa… – le pidió Christy – ¿ las costuras están bien?

– Están perfectas. – dijo Mandy, amarrándole y apretándole las cintas del corsé.

Christy iba disfrazada de duende, con un ceñido body verde semitransparente que mostraba la diminuta tanga que llevaba y un corsé rojo pasión, en la cabeza un gorro rojo. Mandy iba de “reno”, con una mini roja de mezclilla, medias oscuras de rejilla y una torerita, dejando su plano abdomen descubierto y el piercing de su ombligo. En la cabeza lucía una diadema con cuernos. Aparte, ambas féminas iban impecablemente maquilladas, con una base espesa y clara, colores llamativos en los ojos y los labios de rojo pasión. Christy llevaría un peluca rosa bajo el gorrito y Mandy llevaría su rubio cabello rizado suelto y planchado.

Mandy iba nerviosa porque, además, Don Efraín iba a presentarle a uno de sus mejores amantes, un hombre maduro y muy bien dotado que la haría ver las estrellas. No sabía nada más de él, pero quería darle una muy buena impresión y dejarlo con las bolas secas, así que pasó todo ese día con un plug anal metido en el culo para estar flojita y abierta y se depiló por completo… iba dispuesta a matar.

Por enésima vez Mandy y Christy vieron sus relojes… ya casi era hora. Se dirigieron al baño para evacuar sus intestinos por última vez, esa noche, si todo salía bien, estarían ocupados por las gruesas barras de carne de machos hambrientos y calientes…

. . . . .

Era una fiesta de locos, la gran mansión había sido especialmente acomodada para albergar a todos los invitados y más que eso, parecía ser una lujosa disco. El anfitrión iba de Santa Clos (el Santa Clos más lujurioso del mundo) y le quedaba como anillo al dedo. Había elegido un Santa menos tradicional al clásico gordito en rojiblanco (propiedad de la Coca-Cola, por cierto) y eleigió una versión nórdica menos refinada, con un traje en colores verde musgo, verde azulado, ciruela y violeta, adornado con ramitas de muérdago y hojas de roble canadiense.

El hombre era un oso rollizo casi tan alto como Roberto, con una panza cervecera enorme que hacía juego con su enorme y hambriento culo. Sus ojos eran celestes, su piel blanca y su sonrisa simpática y encantadora. Se dejó crecer la barba y se la decoloró, lo mismo que su cabello. Y como siempre andaba con las mejillas coloradas, el look le quedaba perfecto.

Caminaba saludando a sus invitados, los reconocía sin problemas a pesar de estar disfrazados y enmascarados. “Obvio” se dijo Roberto, “los conoce bien… todos se lo han cogido”. Él andaba a su patrón como si fuese su guardaespaldas, vestido con su traje de militar del siglo 19. A Don Efraín le parecía comiquísimo y así lo presentaba… además opinaba que se veía increíblemente delicioso.

– Ay Beto, con lo que a mi me gustan los hombre uniformados… ¡yo creo que ya ni te presento a Mandy y me encierro contigo para que me cojás rico, je, je, je! – Roberto enrojeció, a pesar de conocer de sobra a su jefe y de cogérselo a cada rato, todavía no se acostumbraba a todo eso.

Mientras tanto, en otro lado del gran salón de baile, una duendecilla y un reno muy sensual avanzaban impresionadas y despacio entre la multitud. No esperaban ver ese gentío caliente buscando guerra. En algún momento se sintieron fuera de lugar, la mayoría traía disfraces de primera alquilados para la ocasión, mientras que ellas llevaban ropa normal, bonita y bien combinada, pero ropa al fin y al cabo. Pero igual su atuendo logró su objetivo: levantar fuego con su descarada sensualidad, que gritaba a todo pulmón: queremos macho. Eran asediadas por hombres y mujeres por igual y ya empezaban a calentarse. Pero no podían irse con nadie, habían quedado con Don Efraín y no podían quedarle mal. Además, la noche era joven y había mucho que ver antes de elegir, y unas perras calientes como ellas solo se conformarían con la mejor verga de todas.

– Mandy… preparate niña que por allá está Don Efraín… – ella pegó un salto cuando Christy se lo anunció al oído y los nervios se apoderaron de ella.

– ¡Cómo! ¡¿De verdad?! ¡¿Dónde está… Beto está con él?… ¿cómo me miro?!

– Tranquila mujer, que no te vean así o van a pensar que sos una mocosa inmadura… – el regaño de su amiga casi la hace reír, después de todo no estaban muy lejos de ser un par de “mocosas inmaduras”… tenían 19.

– ¡Ay Christy… ¿y si no le gusto a Beto?! ¡Qué vergüenza con Don Efraín!

– ¡Mandy, por favor… si no le gustás a ese hombre será porque le falla algo en la cabeza! Estás vestida para comerte completita amor… y con ese gran leño que te cuelga entre las piernas no veo cómo alguien pudiera rechazarte.

La tomó de la mano y se la llevó, cruzaron rápidamente la abarrotada pista tropezándose cada tanto, llevaban unos sexys, pero muy poco prácticos, zapatos: los suyos eran unas enormes plataformas, los de Mandy tenían un fino y altísimo tacón. Sabían cómo irían disfrazados ellos, así que cuando vieron al pintoresco Santa Clos acompañado del enorme cascanueces supieron que eran ellos.

– ¿Don Efraín?

– ¡Christy, por Dios Santo… mirá qué buena te mirás!

– ¡Don Efra, qué buen disfraz!

– ¡Mandy, vos también estás para comerte entera! – entonces el hombre se volteó a Roberto, que daba gracias a Dios que su máscara ocultara su gesto de idiota… esas putillas estaban para comérselas enteras – ¡Mirá, ellas son las 2 amiguitas de las que te había hablado! La duendecita, es Christy…

– Mucho gusto Beto… – Christy lo saludó con voz melosa y caliente.

– …y ella es… Mandy… – el viejo dijo su nombre de una forma muy significativa.

– Mucho gusto Beto…

– El gusto es mío señoritas… – Roberto, educado como era, las saludó con una leve inclinación, deslumbrado por su belleza… y ellas con la suya.

Sus ojos grises se toparon de frente con los luceros celestes de ella, que estaba deslumbrada con su presencia, ataviado con ese impecable traje militar del siglo XIX, de chaqueta y pantalón verde musgo y camisa roja. Discretamente se relamió los labios, saboreando desde ya a ese gran macho que, en breves momentos seguramente la tendría ensartada hasta los huevos. Y a Christy y a Don Efraín no les pasó desapercibido la química que nació entre ellos al instante y, por un momento, se sintieron de más allí. Los 4 fiesteros voltearon a ver el gran reloj que colgaba de una de las paredes… la noche todavía era joven y prometía mucho…

. . . . .

Mandy y Beto bailaron tan pegados que ni el aire podía colarse entre ellos, no les interesaba la música, ni siquiera la escuchaban, solo querían sentirse uno al otro, respirar el aire que el otro exhalaba. No tardaron mucho en confirmar lo que Don Efraín les comentó, los 2 estaban soberbiamente dotados, Roberto lo sintió sobre su muslo y Mandy en su bajo vientre. Ella se sentía acomplejada por su gran falo, no era lo que una señorita debería tener entre las piernas, para ella era una cosa grotesca a pesar que todo el mundo opinaba lo contrario.

Hacía ratos que Christy y Don Efraín los habían dejado solos y ellos apenas recién se daban cuenta… les hizo gracia. Y entonces, en ese momento, el Cascanueces besó con pasión a la hermosa Venadita, cuya mirada enfebrecida le indicó que tenía que llevársela, ya estaba lista. Y así lo hizo, no había nada más que decir. La tomó de la mano y la condujo, a ella le gustó su tacto fuerte y delicado. Subieron por las escaleras y todos los volteaba a ver, sabían a dónde se dirigían y a qué. Llegaron a un pasillo amplio y largo en donde estaban las numerosas habitaciones en donde Don Efraín hospedaba a sus invitados. Habían solo 2 condiciones para usarlos: se prohibía cerrar la puerta y quitarse las máscaras.

Mandy y Roberto pasaron despacio observando lo que ocurría adentro. En las primeras 2 puertas encontraron multitud de gente teniendo sexo. Pero al llegar a la tercera se toparon con una orgía salvaje protagonizada por Don Efraín que berreaba desesperado mientras 2 machos enormes y violentos lo sometían y taladraba por turnos. Roberto sonrió, sabía cómo le gustaba a su jefe ser dominado y maltratado; Mandy también sonrió y sintió, además, envidia por la suerte que tenía Don Efraín de estar subyugado por esos magníficos sementales.

Ni ella ni Roberto pudieron soportarlo más, él la tomó de la mano nuevamente y se la llevó corriendo, casi arrastrándola, buscando un cuarto vacío. Lo encontraron casi al final del pasillo, entraron precipitadamente y Roberto tiró de ella con fuerza, la besó con pasión y luego se separó de ella, se sentó en la cama y empezó a reír.

– ¡Dios mío Mandy… esta es una fiesta de locos!

– ¡Si… jamás imaginé estar en un lugar así, je, je, je!

– Pero bueno, ahora vamos a ver qué tan perra resultás ser tu… – agregó y ella lo abrazó y acarició su ancha espalda, se sintió aguijoneada y excitada.

– Mmmm… pues decepcionado no te vas Beto… ¿te gusta lo que ves papito?

– Me encanta… sos increíble, una verdadera hembra…

Roberto se quitó la chaqueta y de nuevo se fusionaron en otro apasionado beso, rodeó su cintura con sus fuertes brazos y la llevó, poco a poco, a un sofá. Así tomaron asiento y ella no se anduvo con sutilezas, empezó a sobarle el bulto. Él se dejó hacer, cerró los ojos y siguió besándola mientras ella le estrujaba el paquete por encima del pantalón, lo encontró duro y listo para la guerra.

Mandy dejó sus labios para lamerle el cuello y quitarle la camisa al mismo tiempo, descubriendo un torso amplio fuerte y peludo, se sintió fascinada por él, era un oso fuerte y viril. Siguió por su pecho y se detuvo en sus pectorales grandes y besó y chupó sus pezones oscuros, al mismo tiempo le abría la bragueta. Por fin liberó ese instrumento que tanta curiosidad le daba y se llevó una sorpresa, Beto estaba muy bien dotado, con unos huevos grandes y una verga dura y muy gruesa de no menos de 20 cm que parecía verla a los ojos amenazadoramente.

– ¡Por Dios! – exclamó y siguió bajando, lamiendo todo en su camino hasta alcanzar su gran verga, a Mandy ya se le hacía agua la boca

Pasó la lengua sobre su glande rojo e inflamado y le sacó un profundo suspiro, él la tomó de la nuca y presionó, su tremenda talega separó súbitamente las quijadas de la hembrita y se coló hasta el fondo de su garganta. Eso le gustó, le fascinaba que un macho la sometiera y la obligara a tragar de esa forma. Sin soltarla, Beto comenzó a cogérsela por la garganta, tirando fuerte de su cabello. Mandy adoraba sentirse "obligada" y ser tratada como a una perra. Solo la dejó libre para terminar de desnudarse, luego la agarró del pelo de nuevo y la separó de un tirón brusco.

– Quiero verte desnuda… – su voz tuvo más autoridad de lo que había planeado, le gustó sentirse así, en control de la situación. Era una de las razones por las que le gustaba su doble vida, con su mujer jamás podría hacer todo esto.

Ella se puso de pié y, despacio y con coquetería, comenzó a desnudarse, no necesitó muchas maromas, su ropa era escasa. Sonrió satisfecha al ver su expresión excitada cuando quedó solo con sus medias oscuras de rejilla, sus zapatos de tacón y su antifaz. Beto quedó maravillado, era una sílfide delgada y perfecta, blanquísima, con los pezones perforados con aros plateados y un piercing brillante en el ombligo. Con lo que Mandy si tuvo problemas fue con su inmenso pene y sus enormes testículos, que escondió entre sus piernas cruzadas.

– ¿Satisfecho de tu hembrita papito?

– ¡Mucho más de lo que puedo decir con palabras!…

– Entonces no me lo digás con palabras… – le dijo, acercándose a él como gata en celo. Lo besó suavemente y trató de sentarse a horcajadas sobre sus piernas, pero su enorme pene no se lo permitía, pues no quería que se le saliera por el frente. Roberto solo reía de sus intentos de acomodárselo, pero como lo tenía parado era imposible.

– ¿Problemas con algo, Mandy? – me preguntó riendo.

– No… no… todo está bien… – respondió ella, molesta y azorada.

– Mandy, dejémonos de cosas que Don Efraín ya sé contó que tenés una verga inmensa. Quiero vértela amor… enseñámela…

A ella eso no le hizo gracia, su pene la inhibía horriblemente, pero obedeció, no quería quedarle mal. Separó las piernas y, como un resorte, su hercúlea erección de caballo quedó descubierta. Su gigantesco y grotesco pene se balanceaba horizontalmente frente a sus desmedidos y pesados testículos, como una boa. No pudo evitar sentir una fuerte vergüenza ante la mirada atónita de Roberto.

– ¡Dios mío, y yo que pensaba que estaba bien dotado! ¡Qué verga tan increíble, impresionante! – ella estaba a punto de decir algo cuando él le agarró el glande – ¡Jamás había visto nada igual en mi vida, es soberbia, me encanta! – entonces la empujó y la hizo caer en el sofá, se arrodilló y se la llevó a la boca.

¡Qué delicia, Mandy sinceramente no esperaba que un macho como él le mamara la verga! Y cómo lo hacía, pues aunque la muchacha se dio cuenta que no tenía práctica, lo hacía con ganas. Succionaba su glande con forma de ciruela y a la vez lo lamía dentro de su boca, al mismo tiempo le masajeaba suavemente los testículos y le rozaba el ano, solo para desesperarla pues sabía que a ella le gustaba. Y ella gemía como dama moribunda mientras recibía ese esmerado trato. Ver a ese gran macho de rodillas ante ella le provocaba un morbo indescriptible.

Luego Beto se detuvo y se puso de pié, la tomó de la mano y la llevó a la cama, se tumbaron en ella con él encima y siguieron besándose apasionadamente. Empezó a acariciarla y a tocarla como a una mujer de verdad, apretándole las tetas y acariciándole los pezones, agarrándole y amasándole las nalgas. Ella se dejaba hacer, mareada por el vapor etílico de su propia excitación y con la sensación única de estar flotando sobre nubes. Pero quien quería participar más activamente era su pene, que presionaba su vientre con fuerza.

– Tengo algo presionándome aquí abajo, je, je, je. – dijo Roberto riendo.

– Si… perdón… es que tengo un pene muy rebelde…

– ¡Mandy, Mandy, no se puede enyuntar a un potro bravo, ja, ja, ja!

A ella le pareció un comentario muy corriente pero no le dijo nada. Bruscamente la jaló y le dio un beso muy apasionado y casi violento, luego la empujó y la bajó del lecho, ella cayó de rodillas y quedó a 4 patas con el culo bien paradito. Mandy sintió que su ano se ponía a palpitar de la emoción.

– ¿Ya me vas a encular papito? – le preguntó, moviendo el culo y ofreciéndoselo.

– Si Mandy… te voy a dar gusto…

– Dale pues, penetrame… partime en 2 con tu macana…

– Macana es la que tenés colgando entre las piernas… – le dijo separándole las piernas un poco, de forma que quedó abierta y con “todo” colgando – Así es como me gusta verte Mandy, así, sin ocultar nada… sos lo mejor de 2 mundos.

Roberto se puso de pié, sacó de su chaqueta un tubito de lubricante y se echó un poco en dos dedos, presionó sobre el ano de su amante y, poco a poco y sin esfuerzo, se los metió. “¡¡¡AAAAHHHHH!!!” gimió ella de placer, le encantó sentirlo dentro de su ser, hurgándola y abriéndola. Los dedos se movían en su recto y entraban y salían dibujando círculos. Le metió hasta 3, de vez en cuando los sacaba y escupía en su ano o se untaba un poco más de lubricante antes de volvérselos a introducir. A ella le encantaba.

– ¿Lista Mandy? – le preguntó, tomándole al mismo tiempo su lago garrote que casi se rozaba el suelo. Era una pregunta retórica, ¡ella se estaba muriendo de ganas! Por toda respuesta Mandy movió su culo seductoramente – Bueno, entonces ahí voy… – se puso de pie, automáticamente ella apoyó la cara en el suelo y se abrió las nalgas con las manos, ofreciéndole su agujero. Él la sujetó de las caderas y puso la punta de su pene sobre su ano, apenas necesitó presionar un poco y ya tenía la cabeza adentro de ese delicioso culo.

– ¡¡¡AAAAHHHHHH!!! – gimió ella en un largo y placentero suspiro – ¡¡Dale Beto, cogeme duro papito, AAAHHHHH, qué rico!! – la perrita subió la cara y se topó con 3 mirones masturbándose viendo como era tomada… se calentó más aun.

Pese a su gran dilatación sintió algo de escozor, pues esa verga tenía un grosor considerable. Pero sus ganas eran mucho mayores y rápidamente inició un rico culeo, contrayendo su ano para sentirlo mejor cada vez que ese pene entraba y salía de él. En minutos ya estaban perfectamente coordinado y sus movimientos se hacían cada vez más bruscos, estremeciéndola por completo a cada embestida de él, su pene se bamboleaba como un gran péndulo bajo su cuerpo.

– ¡¡¡AAAHHH, AAHHH, Dios mío… BETOOOOOGGGHHH, AAAHHHHH!!! – sus gritos y gemidos se hacían más fuertes conforme aumentaban su ritmo y el placer crecía. Mandy se sentía completamente llena y totalmente abierta, se sentía sometida a ese macho soberbio que la estaba partiendo a la mitad.

Él también se percató de los mirones y, tras cohibirse con poco, sintió un gran morbo que lo empujó a ser más agresivo, si querían un espectáculo se los daría. Jaló a su amante del pelo con fuerza y la levantó, la besó con pasión, catando el sabor de sus labios y lengua. La agarró de la verga y se la comenzó a frotar vigorosamente, asombrándose de lo gorda y dura que era. Se preguntó qué se sentiría ser penetrado por algo así y sintió como su calentura crecía.

La soltó, tomó asiento en el sofá y le señaló su regazo, lanzándoles una elocuente mirada a los mirones, ella entendió lo que tenía que hacer. Se puso a horcajadas sobre él, con su ano hambriento sobre su verga y volteando a ver con ojos pícaros a los intrusos, comenzó a bajar. Roberto mantenía su pene en posición para facilitarle la inserción y con su mano libre la agarró de la cintura haciéndola bajar más rápido. “¡¡¡OOOGGGGHHHH, AAAAHHHH!!!” gimió ella de gozo, el poderoso tronco volvió a entrar en ella y más profundamente si cabe, debido a la postura.

– ¡¡¡¡AAAAYYYY, BETO, DESTROZAME DE UNA BUENA VEEEZZZGGGHH!!!! – le gritó totalmente fuera de si. Y él le hizo caso, comenzó a taladrarla como un salvaje – ¡¡¡AGHH, OOOUUUHHH… ME MATAS, ME MATAASSGGHH!!! – con sus brazos la ayudaba a subir y bajar cada vez más rápido, destrozándole el culo y matándola de placer y de vicio.

– ¡¡¡SOS LA HEMBRITA MÁS RICA QUE HE CONOCIDO MANDY, SOS LO MÁXIMO, AAHH!!! – gemía él, viendo de reojo como uno de los 3 mirones se arrodillaba para mamársela a los otros 2… ¡aquella fiesta era una barbaridad!

Mandy continuó cabalgando a su macho, su ano ya no era más que un gran boquete abierto y una fuente inagotable de placer. Sabía que no se podría sentar en una semana, pero no le importó, aquello valía la pena. Lo mismo pensaba él, que se preguntaba lo que dirían su esposa y sus hijos si lo vieran en ese estado, violando brutalmente a una hembra tranny con la verga más grande que la suya. ¡Y hasta con mirones, por Dios, todavía le costaba creer todo aquello!

Enloquecido de tanto gozar, y como un toro desbocado, Beto se levantó y volvió a cambiar de posición, pero sin dejar de cogerla. La puso boca arriba sobre el sofá, con la cabeza apretujada contra el respaldo y las piernas sobre sus hombros, el largo pene de la muchacha le quedó a menos de un palmo de su rostro y eso lo excitó más. Así continuó barrenándola, hasta parecía que le quería arrancar el culo a vergazos. El goce era demasiado para ella, con un ano tan sensible no pudo resistirlo más y alcanzó un ruidoso y violento orgasmo.

– ¡¡¡¡BETO, BEEETOOOGGGHHH!!!! – Mandy acabó como loca sobre su propio cuerpo tan solo con la estimulación en su recto – ¡¡¡¡AAAAHHHH, AAAAHHHH, AAAAAHHHHH, PAPIIIIIIGGGGHHHH!!!! – lanzó largos y abundantes chorros de semen sobre su rostro, cuello y pecho, retorciéndose y gimiendo de gusto.

– ¡¡¡ASÍ MANDY, ACABÁ, GOZÁ CON MI VERGA, PERRA!!!

– ¡¡¡¡OOOHHH, OOOHHH!!!!… ¡¡¡¡MMMMMGGGGHHHH… AAAAGGGHHHH!!!!

Fue un orgasmo apoteósico, increíble, vació por completo todas las reservas de sus testículos y, con ellas, todas sus energía. Quedó derrengaba en el asiento mientras su macho no dejaba de taladrarla, verla acabar así lo puso peor. La tenía firmemente sujeta de la cintura y continuaba embistiéndola con un ritmo frenético, cada vez con más fuerza y violencia, resoplando más fuerte. Los 3 mirones ya estaban adentro, 2 de ellos hacían un 69 sobre la cama, el otro se acercó a Roberto desde atrás y se puso a acariciarle el culo. Ese atrevimiento lo calentó todavía más, si es que se podía, y empezó a arremeter sin control ni ritmo, jadeando más que ella. Y Mandy intuyó que su orgasmo estaba cerca…

– ¡En mi boca Beto, vaciate en mi boca! – le dijo y se deslizó al suelo de rodillas.

– ¡¡¡¡AAAAAAHHHHHH, MANDY, MANDY… OOOOOAAAAAAHHHHHHHHH!!!! – sacudiéndose con vigor la verga, y con un par de dedos entre el culo, Roberto lanzó un fuerte bramido y acabó a cántaros. Su hembrita lo esperaba con la boca abierta y la lengua afuera.

El primer chorro entró directamente a su garganta debido a la presión que llevaba. Luego un baño de semen caliente y espeso (directamente proporcional a la talla de sus gordos huevos) cayó sobre su lengua, cara, ojos y garganta. Y ella tragaba y tragaba extasiada aquel néctar, gimiendo tanto o más que él. Finalmente sus estertores finalizaron y él retrocedió y se derrumbó sobre la cama, junto a la otra pareja, jadeando agitadamente y sudando a mares. Mandy se quedó arrodillada y bañada en esperma y sudor, con el culo abierto y palpitante y el corazón acelerado… ambos con una sonrisa de profunda satisfacción.

El tercer mirón la comenzó a acariciar y hasta le metió 2 dedos entre el culo como si nada, asombrándose de lo abierta que la había dejado. Ella no le hizo caso y, así como estaba, se acercó a Roberto gateando como una perra y se metió su ya casi flácida verga en la boca para dejársela limpia. Él se la pasó por toda la cara, recogiendo los restos de su semen y llevándoselos a la boca. Y ella, agotada y algo adolorida como estaba, se sentía feliz y plena ahí en el suelo, como una mujer de verdad que acababa de darle gusto a su macho.

– ¡MMMMMM… rico! – exclamó ella en un susurro, relamiéndose su semen.

– Riquísimo… espero haber dejado satisfecha a la señorita… – le contestó él.

– MUUUUUY satisfecha papito… ¿y a ti te gusté… por lo menos te caí bien?

– RE-bien… – le dijo y la besó suavemente.

Al mismo tiempo la muchacha le movía el culo al tercer mirón muy coqueta y sugestivamente, estaba desatada y quería más. Ella y Roberto consultaron el reloj… la noche todavía era joven, muy joven.

. . . . .

Dejó que el agua tibia de la ducha recorriera su cuerpo aquella mañana, ya eran más de las 11. Estaba agotado y desvelado, había sido una fiesta increíble, cogió más de 3 veces y una de ellas con uno de los mirones. Pero ahora venía la parte fea del asunto: la resaca moral. Gozara lo que gozara, jamás podría salir del closet y dejar de ser “el hombre” que todos querían que fuera. Ahora volvería a su casa con su mujer e hijos y haría como si nada hubiese pasado, como si todo estuviera bien. Y ya nada estaba igual ni estaba bien, se había encontrado a si mismo, se descubrió como un amante del sexo más sucio y por primera vez en su vida se sentía pleno. Y eso lo mataba, su esposa era buena y no se merecía eso. Y sobre todo Mandy… su Mandy. No sabía nada de ella, ni siquiera conocía su rostro, pero sabía que a partir de aquella noche era suya.

Y mientras pensaba en esto dejaba correr el agua tibia sobre su cuerpo pecaminoso, acariciándose el falo que ya empezaba a despertar. Roberto vio su reloj, se le hacía tarde para volver a su casa…

. . . . .

– ¡Ay! – exclamó Mandy, mientras se untaba el ano con pomada pues lo tenía inflamado y escocido… “deliciosamente escocido” pensó.

Ya eran más de las 11 de la mañana y todavía estaba en casa de Christy, agotada y desvelada. Aquella había sido una fiesta increíble, se la cogieron más de 3 veces y hasta se cogió a uno de los 3 mirones con su gigantesco pene. Pero ahora venía la parte fea del asunto: la resaca moral. Gozara lo que gozara, jamás podría salir del closet y dejar de ser “el hombre” que todos querían que fuera. Ahora volvería a su casa con sus padres y hermana y haría como si nada hubiese pasado, como si todo estuviera bien. Y ya nada estaba igual ni estaba bien, se había encontrado a si misma, se descubrió como una amante del sexo más sucio y por primera vez en su vida se sentía plena. Y eso la mataba, pues su familia era buena y lo quería, nunca podría romperles el corazón. Y sobre Beto… su Beto, su semental. No sabía nada de él, ni siquiera conocía su rostro, pero sabía que a partir de aquella noche era suya.

Y mientras pensaba seguía untándose pomada, sintiendo la acción calmante casi al instante y tranquilizando a su pobre ano. Je, je, por lo menos no quedó tan mal como Christy, que por puta y caliente se dejó sodomizar al mismo tiempo por 2 grandes machos y la destrozaron. Armando vio su reloj, se le hacía tarde para volver a su casa…

. . . . .

La mujer estaba atareada en la cocina, se había quedado en compañía de su hija menor, solas toda la noche, y eso no le gustaba. Pero qué le iba a hacer, su hijo salió con su amigo Christian y su marido tuvo que viajar por cosas del trabajo. De pronto los oyó regresar, le causó gracia que los 2 volvieran al mismo tiempo. Los oyó saludarse afuera y luego los vio entrar.

– Buenos días mama… – saludó, Armando, su hijo, con sus rizos dorados cayendo sobre sus hombros y su maleta deportiva en un brazo.

– Hola cielo… – saludó, Roberto, su esposo, con su bigote y barba espesos y su media melena, impecablemente ataviado con uno de sus mejores trajes.

Ella sonrió ampliamente, la familia estaba completa. Voltearon a ver el reloj de la sala al mismo tiempo… todavía era temprano, estaban a tiempo para el almuerzo.

Garganta de Cuero

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