No
recordaba nada cuando desperté, pero al moverme noté que estaba atado a un
sillón y que enfrente había un monitor.
jueves, 30 de junio de 2016
miércoles, 29 de junio de 2016
martes, 28 de junio de 2016
En la oscuridad
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Levanta la cabeza, el oscurecimiento le
permite ver una miríada de estrellas en el cielo, pero no está mirando hacia
arriba por el espectacular panorama. No llegan todas las noches, pero eso no
impide que este siempre tenso esperándoles.
Camina rápidamente por la calle, tiene un
presentimiento. Un minuto después la sirena aúlla por toda la ciudad advirtiéndole
de que debe buscar refugio.
Esto no es Londres, no hay una boca de metro
en cada esquina. Mira a su alrededor y ve un edificio de estilo neoclásico. La
abundante piedra y las columnas le dan un aspecto macizo y el estrecho portal
le parece el único refugio decente.
Entra justo antes de que caiga la primera
bomba. No cae cerca, pero aun así siente el bofetón de la onda expansiva
seguido de una vaharada de aire caliente apestando a cordita.
En medio del pitido de sus oídos oye un
taconeo apresurado. Con precaución se asoma y ve una mujer, con el uniforme de la defensa civil,
corriendo espantada, con los ojos muy abiertos y las lágrimas haciendo surcos
en el polvo que cubre su cara.
Cuando pasa a su lado la atrae a su refugio de
un fuerte tirón. La mujer, sorprendida, tropieza y tiene que agarrarse a él
para no caer.
Una, dos bombas caen haciendo temblar el edificio;
esquirlas de metralla zumban a su alrededor. La desconocida se estremece y se
aprieta contra él.
Siente el pecho de la joven respirar
apresuradamente. La mujer levanta la cabeza. Sus ojos grandes y azules
contrastan con su pelo negro. Sin poder evitarlo, le limpia la cara de polvo y
lágrimas, descubriendo su rostro, arrebatador con aquella expresión de miedo y desconsuelo.
Ella le
mira y acerca sus labios. Algo estalla, esta vez dentro de ellos. Se abrazan y
se besan desesperadamente, intentando aislarse de la tempestad que se
desencadena a su alrededor.
Sin ceremonias levanta la falda de la mujer y acaricia sus muslos. La
desconocida gime y se aprieta dejando
que él le acaricie el culo y le sobe los pechos a través de la blusa del
uniforme.
Los besos se vuelven ansiosos. La joven separa
las piernas ligeramente y no se lo piensa. Apartando las bragas lo justo,
desliza su miembro en el coño de la joven con un gemido de placer.
Abrazados combaten la bombas con besos, las
llamas con caricias. Los gemidos y los suspiros ahogan las explosiones y ese
mundo violento y sanguinario se diluye mientras penetra a la desconocida con
apremio.
Los gemidos se hacen más intensos y la mujer
estalla en un fuerte orgasmo. Dos embates más en aquel cuerpo joven y turgente
y él la imita eyaculando en su interior.
Cuando se separan, el estruendo ha
desaparecido y ahora solo se oyen las sirenas de los bomberos aproximándose.
En ese momento la chica parece darse cuenta de
que tiene un cometido y tras arreglarse apresuradamente el uniforme sale del
refugio y desaparece para siempre en la oscuridad de un mundo en guerra.
lunes, 27 de junio de 2016
El desquite de Érica
A
lo largo de sus 33 años de vida, jamás se había sentido tan
deseada, tan plena, tan mujer, tan… ¡tan puta! Al menos eso era
lo que Érica pensaba mientras por propia mano se clavaba la verga de
aquel desconocido en su húmeda vagina, sintiendo como a cada
centímetro, la iba abriendo, provocándole un placer indescriptible.
Estaba contenta, estaba feliz y totalmente llena. Cuando los huevos
tocaron su cuerpo, vino a su mente el motivo por el que estaba en
aquella situación de coger con tres hombres a la vez, olvidándose
de todo, moralidad, valores, hijo, familia, “ÉL”, todo.
-Maldito,
maldito y mil veces maldito-, pensaba Érica al tiempo en que una
mano apoyada en su espalda, le indicaba que se hiciera adelante, ella
no objetó y al hacerlo unió sus labios a los del desconocido que
tenía debajo. Y no era por esta acción que lo pensaba, si no por lo
que le había hecho Carlos. Se había entregado a él en cuerpo y
alma, pero sobre todo en cuerpo, ¿y para qué? Él la había
traicionado, su comentario estúpido sobre otra, le había dolido.
Ese dolor era más grande que el que sentía en ese momento en su
ano.
-Espera-,
dijo Érica al entender lo que sucedía, sabía que no había marcha
atrás, estaba ya metida en eso, y tenía que llegar hasta el final,
así que se relajó, y el hombre debajo de ella, contribuyó a esa
relajación lamiendo sus endurecidos pezones. Con un movimiento de
cabeza, indico a su atacante anal que prosiguiera, este sin tardanza,
volvió a colocar la punta de su verga en el orificio anal,
encontrando menos resistencia, lo que permitió que el glande se
alojara dentro de ella. Él se esperó un poco, y después volvió a
empujar hasta que la verga entró.
Cuando
los huevos de aquel tipo tocaron las nalgas de Érica, ella sintió
que su cuerpo se tensó, y de pronto, la embistió un gran e intenso
orgasmo que hizo que se desconectara del mundo por algunos segundos.
Al recuperarse, volvió a ver a su amigo, por el cual era que se
encontraba ensartada por sus dos agujeros, le sonrió dándole a
entender que estaba disfrutando, y le dio las gracias mentalmente. Él
al verla tan llena de placer, se acercó verga en mano, y la ofreció
para que Érica la mamara, acto que ella recibió y realizó con
gusto.
Tuvo
otro orgasmo al sentir como el tipo de debajo la llenaba de semen,
otro al llenarle el ano, y uno más cuando su propio amigo le llenó
la boca. Así transcurrió el resto de la noche, los tres llenaron al
menos cuatro veces los agujeros de Érica, dándole un sinfín de
orgasmos que al final, la dejaron sin fuerzas para más. Después de
aquella noche, Érica sabía que no volvería a ser la misma, y que
jamás vería a su amigo de esa forma. Y nunca regresaría con
Carlos. Había descubierto el placer, y en la vida quería dejarlo.
domingo, 26 de junio de 2016
La maldición
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Descorro esta pantalla que me separa de ti y penetro
tu intimidad. Te apuñalo una y otra vez; remedo de psicópata de motel de
carretera. «¡Más!», pides, y más te doy, mi reina del grito. Tus miedos acaban
diluyéndose piel abajo hasta el desagüe que conforman nuestros sexos. Agonizas
de placer bajo la ducha.
A una
vida de aquí la Ciudad duerme un sueño ligero plagado de pesadillas. Gobernada
por momias y científicos locos; urbe zombi. Nos buscará cuando despierte para
chuparnos la sangre una vez más, insaciable. Nunca nos dejará escapar. Su
asfalto infinito intentó atraparnos, pero nuestra salvación estaba escrita en letras
de neón: había vacantes en este edén para dos fugitivos de su madrugada.
La
sesión doble continúa en la habitación. La luz violada del letrero entra
intermitente entre las lamas de la persiana. Veo tu imagen monocromo acercarse,
fotograma a fotograma; espléndida desnudez proyectada en sábanas blancas.
Deshacemos la cama luchando por poseernos. Te mueves
felina; me clavas las uñas, me marcas la espalda. Pero llevas las de perder,
gata salvaje. Conoces el guión: entre nubes brilla una luna en sexo creciente...
Te penetro de nuevo y te revuelves, indomable. Abrazo tus muslos, agarro tus nalgas
y empujo. Aúllo de gusto; devoro tu boca. Sobre nuestro clímax luce la Luna
llena de deseo.
Un
amanecer oscuro nos aguarda. La Ciudad nos ha encontrado y su venganza cae
sobre nosotros. El neón tiñe la lluvia púrpura que nos empapa. Un último adiós
antes de verte ir hacia la luz que te devolverá al zoo humano: una estrella de
tres puntas; una bala de plata que no puede matarme porque mi corazón vive
contigo, mujer pantera. Soy un no muerto enamorado.
Volveremos a vernos: haremos la secuela; sabes que no
miento. Será el próximo plenilunio.
Palabra de licántropo...
sábado, 25 de junio de 2016
Eva Marina
Eva Marina es un torbellino, me encanta
su forma de ser, el cariño que me da y lo atenta que está siempre
conmigo. No es guapa y le sobran algunos kilos más que a mi mujer,
pero su belleza interior me atrae con locura.
En realidad ni siquiera es amiga mía
propiamente dicho, simplemente soy el marido de su amiga de la
infancia, pero me da más cariño y atenciones que mi mujer… aunque
a veces se pasa.
Hoy apareció sin avisar, como
siempre.
—¡Hola chicos! —saludó
canturreando como acostumbraba entrando por la puerta— pasaba por
aquí y me he dicho: voy a visitar a mis dos amorcitos a ver qué se
cuentan.
Dos besos acompañados de un cariñoso
abrazo a cada uno era lo más alegre que teníamos en casa esa
mañana. Una caricia furtiva en mi mejilla me regaló mientras
entrábamos al salón.
Durante minutos, ya sentados en plan
familiar sobre el sofá, nos parloteaba sobre lo que había hecho
durante la mañana y lo que le había llevado a visitarnos, habla
mucho, demasiado… yo a las mujeres siempre las escucho paciente,
resignándome, claro.
El teléfono suena, mi mujer se
levanta como un resorte, sabe que a mí nunca me llaman al teléfono
fijo.
—Será mi madre, ahora vuelvo.
Se le oye hablar desde la otra
estancia, efectivamente es su madre, va para rato.
Eva me mira, yo la miro… se sienta
a horcajadas sobre mí y me besa apasionadamente.
—¿Tenemos tiempo? —Su susurro me
derrite y me aterra a partes iguales.
Mi mujer sigue hablando… Eva me
recuesta boca arriba en el sofá tomándose mi espantado silencio
como vía libre. Me baja pantalones y calzoncillos hasta los tobillos
haciendo lo propio con lo suyo.
Se coloca en posición de 69 sobre
mí, poniéndome su bonito coño en mi cara y metiéndose mi asustado
pene en su ansiosa boca, consigue que se ponga rápidamente tieso en
escasos segundos. No me ha dado tiempo a negarme, no he podido.
Considerando que hay prisa chupo el
delicioso chochito de mi Eva querida agarrándole las nalgas con mis
desesperadas manos.
Testículos, glande, perineo… todo
lo mamable es devorado por Eva aceleradamente.
Siento la necesidad de empujar hacia
el interior de su boca, ella lo bien interpreta y frota con más
ansia su coño en mi cara. Irremediablemente nos corremos, a la vez,
eso nunca me pasa con mi mujer en esa postura. He durado poco.
No se la saca de la boca hasta que no
he terminado de sacudirme, supongo que entendió la necesidad que
premiaba el no manchar nada, eso tampoco lo hace mi mujer.
Se oye como mi esposa se va
despidiendo de su madre, Eva se levanta presurosa poniéndose bien la
ropa y sentándose en el lugar que le he dejado libre tras
adecentarme yo también. Aquí no ha pasado nada.
Eva tiene la cara roja, supongo que
yo también. Mi mujer se vuelve a sentar donde estaba antes, Eva se
abanica con un folleto de muebles que había en la mesa.
—Joder tía, que calor hace hoy,
¿tenéis agua fresquita?
viernes, 24 de junio de 2016
La viuda
–¡ Qué cojones
tienes y qué chorra! Te vas a casar los cincuenta y ocho con una
de veinticinco y que encima es la viuda de tu hijo. Bartolo ¡eres
lo más!
–Como decía Jack el
Destripador, vayamos por partes. Primero, sólo tú y yo , y su
madre que nadie sabe donde coño está, sabemos que Angelito era mi
hijo. Para todos era un pariente lejano, al que yo le tenía cariño
después de la muerte de mi mujer y mi hija. Así que por ahí nada.
Segundo es la manera de darle la herencia de lo que tengo a mi
nieto, el hijo de Ángel y lo tercero y más importante es que
Maribel me vuelve loco. Me ha dejado K.O desde el día que la
conocí.
–Rica, rica, está.
Rica es poco, está buenísima y tiene un morbo que se lo pisa. Si
te tengo envidia, cabrón. Y encima es seria y buena. No se puede
pedir más.
–Mira, cuando Ángel
me dijo que se iba a casar con una niña de dieciocho años, puse el
grito en el cielo. Había venido a vivir conmigo cuando a la loca de
su madre le dio por decir que acabado el secundario era hora que me
ocupara yo de él, que me haría compañía y podría educarle a mi
aire, que ella se iba para la India. Todavía debe andar por allá,
porque no ha dicho esta boca es mía desde que se largó buscándose
a si misma. Le recibí como un sobrino, su madre es prima mía, le
puse a trabajar conmigo. Mientras curraba, hizo la carrera, se
convirtió en mi mano derecha y va y con veintiocho me dice que se
casa con una cría. Carlitos, ¿ te acuerdas cómo me puse? Que no,
que no.
Bartolo, Ángel te
convenció cuando te dijo que sin boda no había polvo, que era muy
clásica.
–Que le hacía unas
pajas de maravilla, que se la chupaba de diez, que estaba como un
templo, pero que tenía que casarse con ella para follarla. Cuando
la conocí, le entendí. Se me puso dura como si tuviera quince
años. Y se casaron. El chaval feliz, me decía de vez en cuando: “
Maribel es una máquina de follar. Me tiene loco”. Y yo cuando les
veía, y me la imaginaba jodiendo, me ponía cachondo perdido.
Empecé a buscar putas que se le dieran un aire y me imaginaba que
era con ella con quien lo hacía. Cuando acabó la carrera,
psicología industrial y se quedó embarazada. Arreglé mi casa, el
piso bajo para ellos y el de arriba para mí. Verla todos los días
no sabes como me tenía. Cuando veía como daba de mamar a
Sebastián, su hijo y mi nieto, me tenía que ir a hacer una paja.
¡La hostia!, Carlitos,
me ha tenido siempre loco.
–Y la verdad que buena
es y sacrificada, que los cuatro meses que Ángel pasó en el
hospital , antes de morir, ella allí, a su lado , sin moverse:
impresionaba. ¡ Joder lo duro que fue!
–Pues cuando Maribel,
deshecha, se me abrazó llorando, te tengo que decir que se me puso
dura y sólo pensé en cómo me la follaba. Y me he pasado un año
detrás de ella. Hasta hoy.
–Y en ese tiempo,
¿nada de nada?. No me jodas, Bartolo , ¡ qué te conozco!
–Claro que ha habido,
y mucho. Justo a los seis meses del fallecimiento de Ángel, se me
puso a llorar de un modo que me rompía el alma. Cuando la abracé y
me dijo: Es que estoy tan sola. Algo estalló en mí, la besé y
ella respondió a mis besos y nos volvimos locos. Acabamos en
pelotas, metiéndonos mano como desesperados. Cuando se la iba a
meter, me echó el alto. No podía hacerlo, se lo había prometido a
su difunto marido, que no follaría con nadie sin casarse. Eso sí,
me hizo una mamada de campeonato y luego se hizo una paja delante
mío. Y así empezó la relación hasta hoy que nos casamos y la voy
a joder con ganas acumuladas de un montón de años.
–Bartolo, pues aquí
tienes las pastillas chinas, las que tomaba Mao que con mil años le
llamaban el tigre de la Machuria y se lo hacía en una tarde con
cinco jovencitas. Y ahora, toma una y a la batalla.
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