domingo, 12 de septiembre de 2010

Charla de Alcoba. Trazada

Charla de alcoba

Luna vuelve del baño, desnuda y esplendente. Nunca me canso de admirarla. Tiene encanto natural, deslumbra con su aparente aire de inocencia, carita de niña de pelo rubio y corto, nariz arremangada, labios de morder y ojos grandísimos con destellos de mar, mínimos pechos de areolas oscuras y vientre blanco de pubis rasurado. Se mueve con gracia, siempre lo hace. Se tumba boca abajo en la cama y mi mirada queda prendida en su trasero respingón, única curva declaradamente femenina de su cuerpo.

Nos agrada charlar, tras hacer el amor, mientras recuperamos individualidad y aliento fumando un petardo compartido de marihuana, sin brizna de tabaco, eso sí, porque la salud es lo primero.

- ¿Te gustaría acostarte con un cibernético? – le pregunto exhalando el humo -. Ya sabes, con un tipo de esos que cumplen las tres leyes de la robótica a rajatabla: no hacerte daño, obedecerte y morir por ti si se lo mandas. Un perrito fiel.

- No – se acaricia Luna los pechos –, para perrito faldero ya te tengo a ti. Prefiero un destripaterrones oliendo a sudor agrio, con callos en las manos que lastimen en lugar de acariciar y la polla dura como un martillo pilón.

- Para, Luna, – me da un ramalazo de celos – para de tanto describir. Con un tipo así no irías a la cama, sino a la guerra.

- ¿Y qué? ¿No sabes que las mujeres soñamos con que alguien nos vuelva del revés y nos desguace? ¿Aun no te has dado cuenta de que, en lo más hondo, soñamos con ser el botín del vencedor?

Debo poner una cara muy rara, porque Luna da una calada al pito de hierba, me echa mano al paquete y empieza a masturbarme lentamente.

- No te cabrees, hombre. Recuerda lo que dice el Libro de los Proverbios: "Una dádiva en secreto aplaca la ira, y el soborno bajo el manto, el furor violento". Nadie sabe que te estoy dando gusto ahora mismo, ni que te soborno por ahí abajo a base de manubrio, así que, si la Biblia sabe lo que se dice, has de estarte "tranqui", colega.

Luna tiene un modo tan hacendoso y diligente de ponerme a tono que no sé qué responderle. Me mira y rompe a reír.

- Por cierto ¿cómo llamará el destripaterrones a su polla? – me la ase más fuerte - ¿La zanahoria?

- Ni idea – le contesto, apurando la pava -. Pero deja de vacilarme: ¿En serio te apetecería hacerte a un neandertal?

- Pues claro que sí, tonto. Pero no te preocupes – sonríe -, si me hago a alguno le preguntaré si tiene una hermana y así los cuatro podemos montar una cama redonda.

- Además de puta, alcahueta – rezongo yo.

Luego, como mi cosa se ha animado cantidad, aplasto la colilla en el cenicero y Luna y yo emprendemos un nuevo asalto. Intento ser fuerte, casi violento, pero, por la cara que pone ella, es claro que como destripaterrones soy un fracaso.



Charla de alcoba. Trazada.
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Lo que Luna y yo comentamos entre polvo y polvo.

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