lunes, 17 de noviembre de 2014

El final del racionamiento





–Buenas noches, Señor –saluda educadamente el portero del edificio, veterano de la guerra como atestigua su pierna derecha amputada.

–Buenas noches –contesta don Luis Ignacio Pérez de Tello con cierta altivez. En el ascensor cede el paso a su acompañante, Julie, pseudónimo de Julita Sánchez López, prostituta de cierto nivel, incluso en estos tiempos oscuros.

   Teodoro, el portero, del número 40 de la calle Loreto y Chicote de la capital les observa mientras entran en el ascensor y suben al cuarto izquierda, pensando para sus adentros “no hicimos una guerra contra la degeneración para esto”.

   Ya en el piso, Luis le indica a Julie que vaya a ponerse las ropas que hay en la bolsa que ha traído. La mujer desaparece en el dormitorio para cambiarse mientras el hombre se dirige al mueble bar y se sirve una copa de brandy y enciende un cigarro que saca de una pitillera de plata. Está de celebración porque acaban de nombrarle Director General de Industria Agrícola, tal vez el culmen de su carrera en el ministerio porque para ser Subsecretario, Secretario de Estado e incluso Ministro tendría que tener influencias políticas más altas que las que la familia de su esposa le proporcionan.

    Y es que para un joven de buena y católica familia como la suya, que le cogiera el inicio de la Guerra Civil haciendo el servicio militar en Salamanca hizo posible que toda la contienda estuviera en el bando vencedor. Por eso, al licenciarse con honores de valiente y arrojado suboficial, pudo acabar sus estudios de peritaje industrial y entrar a trabajar en el Ministerio de Industria. El noviazgo y la boda con Doña Maria Luisa, de familia con influencias en el nuevo Régimen, le permitió ir escalando puestos en el Ministerio. Ha tenido suerte, mucha suerte.

   Cuando Julie sale del dormitorio, la imagen que ve Luis es la de un hombre. La prostituta viste camisa y chaleco, pantalón, chaqueta y corbata, unos zapatos masculinos completan su atuendo. Oculta su recogido pelo con un sombrero. Al quitarse el maquillaje que llevaba, la cara parece incluso varonil. Si saliera a la calle, todos creerían que se trata de un caballero, pues ni siquiera se notan los firmes pero poco voluminosos pechos.

   Ahora, Luis sí puede celebrar todo lo que quiere. Tal día como este, hace quince años tuvo conciencia de su auténtica naturaleza. Fue con un buen amigo, allí justo, en ese piso que él ahora alquila y que es propiedad de la madre de su amigo muerto en la guerra. Esa es la otra celebración, la auténtica, la más personal.

            En ese piso descubrió su homosexualidad, descubrió el sexo con otro hombre, pero desgraciadamente fue por poco tiempo. El servicio militar los separó, el Alzamiento y la guerra los llevó a bandos enfrentados. Con la muerte de su amigo y la cruda realidad ideológica del Régimen, tuvo que enterrar su amor por otros hombres. Ni pensar en buscarse un amante.

   Con su mujer cumple todas las semanas, practican sexo los sábados ya que los domingos son días para dedicar al Señor y el resto de la semana no porque trabaja y madruga. Ya tienen tres hijos, más los que vengan, hay que cumplir con la patria. El piso lo alquiló en parte por la deuda de honor con su amigo y en parte porque su mujer nunca quiso ni hablar de sodomía, que es como a él le gusta hacerlo.

   Por eso se acerca a la prostituta con una copa de brandy para ella, como hace quince años su amigo y él. La mujer travestida la toma y bebe un sorbo. Luis deja su copa encima de la mesa y el cigarro a medio consumir en un cenicero, Julie hace lo propio con su copa, conoce los deseos del hombre. No en balde lleva acudiendo a ese piso más de un año, casi una vez por semana. El celebrante se acerca a la mujer y la besa con pasión, ella le responde, profesional como es, con un juego de lenguas, pero como sabe que en esta ocasión su papel es pasivo, deja que él haga y mande lo que quiera.

   Luis, después de los besos, empuja a la travestida para que se arrodille, mientras él descorre la cremallera de sus pantalones, suelta la hebilla del cinturón, desabrocha el botón del pantalón y lo deja caer para, posteriormente, ahuecar su calzoncillo y dejar su falo al aire. Julie sabe lo que tiene que hacer. Con cierta delicadeza agarra el miembro un tanto flácido y, con los labios y las manos, empieza un juego de besos en el glande, masaje en los testículos y leve frotamiento en el miembro. Cuando nota que el objeto de su atención va cogiendo su forma excitada, pasa a introducírselo en la boca para afianzar la dureza. Así están un par de minutos.

   El hombre, ya con el miembro en su máxima longitud, hace levantar a la arrodillada, la empuja contra la mesa, consigue que se dé la vuelta ofreciendo la espalda y el culo. Luis se coloca junto a ella/él, dirige sus manos al pantalón de ella para repetir lo que antes hizo con el suyo de forma que, al poco, este cae junto al calzoncillo del falso varón. Untándose vaselina en el apéndice erecto, Luis coloca el glande en el ano de Julie, la empuja por los hombros para que se doble hacia delante y la penetra de un golpe certero. Pese al lubricante y a la costumbre de ser penetrada por el culo,  experimenta un cierto dolor en su esfínter. Él, que lo sabe, espera un instante mientras el culo se relaje, y luego inicia su vaivén.

   Cualquiera que les observara, creería que son dos hombres. Incluso el propio Luis ve con muy agradable sensación como el espejo grande de una pared del salón le devuelve su imagen follando lo que parece otro hombre. Sus recuerdos vuelan quince años atrás. Su excitación aumenta con el recuerdo. Los movimientos se aceleran, hasta que explota.

   Mientras, en el mismo instante pero en otro lugar...

                                                                      -o-

   Al día siguiente.

–Pase, Luis.

–Señor ministro ¿me ha mandado llamar? –Luis entra en el despacho y casi se cuadra ante el Ministro, no en balde éste es militar.

–En efecto. Siéntese. Como sabrá –empieza el recién nombrado también Ministro de Industria–, Su Excelencia el Generalísimo quiere que se acabe el racionamiento al que nos obligó la guerra. Después de los ímprobos esfuerzos de todos los españoles, y tras las excelentes cosechas de los últimos años, nos ha pedido a este Ministerio y al de Agricultura, que tracemos un plan para aprovechar los excedentes de cereales almacenados en los silos que su excelencia sabiamente mandó construir. Ese plan debe consistir en la creación de industrias cercanas a los almacenes de grano y que sean capaces de convertirlos en alimentos. Su misión es trazar el plan junto con el Servicio Nacional de Cereales del Ministerio de Agricultura.

–Una idea acertada, si se me permite la opinión –dice con cierta prudencia, hay que halagar a los superiores sin ser demasiado recargado.

–Luis, ya sabe que Su Excelencia siempre quiere el bien para la nación. Se trasladará al Ministerio de Agricultura para tener una reunión con el Jefe del Servicio Nacional de Cereales, a fin de coordinar el plan entre los dos ministerios. Me informará personalmente a mí de los avances del plan para que yo informe a Su Excelencia. No tengo que decirle que este asunto tiene máxima prioridad. He concertado una reunión en el Ministerio de Agricultura para dentro de una hora, el borrador del plan lo tiene en estos documentos. No me falle.

–Pierda cuidado, señor ministro.

–Así lo espero, nos va mucho en ello.

   Luis sale del despacho del Ministro, se atusa el engominado pelo, y se dirige a su propio despacho.

–Elisa, comunique al chofer que necesito el coche oficial, diga a Carlos que deje todo lo que tenga entre manos, tenemos una reunión en el Ministerio de Agricultura. Luego prepárese porque usted nos acompañará –ordena con autoridad.

–Sí, Don Luis.

   El equipo del Ministerio de Industria lo componen  Luis Ignacio Pérez, director de industria agraria, acompañado de su secretaria, y del jefe de gabinete y asesor principal del director, se dirigen al Ministerio de Agricultura. Allí les esperan, tras idéntica conversación con su Ministro; Don Jaime Lamo y Saenz de Castro, el jefe del Servicio Nacional de Cereales, con su secretaria y su asistente. Ambos altos cargos no se conocen puesto que el de Industria fue nombrado recientemente, mientras que el de agricultura  lleva ya un par de años al frente de su departamento.

   El equipo de Agricultura espera en la sala de reuniones del Ministerio y los de Industria es conducido a la sala por un ujier. En la puerta los dos jefes se saludan.

–Buenos días, sean bienvenidos al Ministerio de Agricultura, mi nombre es Jaime Lamo –se presenta el jefe del Servicio Nacional de Cereales con tono de seguridad en si mismo.

–Encantado, Luis Pérez –dice su homólogo de industria con buen tono ofreciendo la mano a su interlocutor.

   Ambos hombres estrechan la manos, y entonces algo ocurre entre los dos, una corriente difícil de explicar les recorre a partir del apretón de manos. Algo que simultáneamente les produce una cierta quemazón en las tripas y hace que se queden mirando durante un par de segundos. Luis es alto y bien parecido, mientras que Jaime, menos alto, destaca por su belleza.

  En la cabeza de Luis salta un fogonazo que él atrapa por un momento, el recuerdo reciente de su amigo, unido a la visión del hombre que tiene enfrente hace que se vea sodomizándolo en cierto piso. Por su parte, en Jaime otro relámpago cruza su mente con un recuerdo del pasado y la realidad de lo que tiene enfrente, el deseo de ser follado por semejante semental.

   Tras el instante del contacto, cada cual presenta a los miembros de su equipo y se sientan, un grupo ministerial en cada lado de la mesa. A ambos hombres les cuesta empezar la reunión. Cada uno  se pregunta para sí qué es lo que le ha pasado, cuando uno habla, el otro está pendiente, no solo de sus palabras referidas al asunto de la reunión sino a leer entre líneas los mensajes que se pueden mandar, a simplemente escuchar el sonido de su voz, y a mirarle fijamente aprovechando la excusa de atender a lo que dice.

–Como saben –empieza el anfitrión–, el propósito de esta reunión es establecer un plan de fomento de industrias agrícolas en los pueblos de nuestra patria a fin de que superemos el bache que nuestra gran nación sufrió tras la gloriosa y heroica cruzada contra las hordas marxistas liderada por nuestro Caudillo. Es voluntad del propio Generalísimo acabar con el necesario racionamiento que hubo que imponer tras la victoria, para ello dedicaremos todos nuestros esfuerzos en la hermosa tarea de satisfacer las necesidades de nuestro pueblo.

   Durante la exposición de Jaime, Luis reconoce que el de Agricultura tiene un buen discurso político, lo que le lleva a pensar que, con toda probabilidad, intentará utilizar este trabajo para lanzar su carrera profesional en el Ministerio, lo que le lleva a perorar, a su vez, otra diatriba política para estar a la altura.

–Estimado don Jaime –empieza su intervención–, es deseo de nuestros ministros llegar a un plan que, de una vez por todas, sitúe a nuestra hermosa nación en el camino de la prosperidad. Nuestro amado Caudillo nos está conduciendo por un período de paz desconocido en nuestra gran historia, al que únicamente le falta un cierto grado de desarrollo para ser un ejemplo al mundo entero. Nos proponemos, no solo alimentar a nuestros conciudadanos, sino poner las bases para ese desarrollo que hará que el mundo vuelva sus ojos a España.

Al sentarse, vuelve a cruzar la mirada con Jaime, que le sonríe como diciéndole que ha sido un buen discurso. Sin embargo a esa sonrisa, correspondida por Luis, se añade un cierto rubor que el de Industria piensa producto de la emoción política. Pero se engaña de momento, pues el de Agricultura siente que su cara se calienta porque algo en el de Industria le ha llegado muy dentro, y no son las palabras, acostumbrado como está a oír todo tipo de discursos. No, es otra cosa.

–En la carpeta está el borrador del plan propuesto por nuestro ministerio –dice Jaime indicando a su ayudante que pase a los de Industria unas carpetas con papeles–. Como pueden leer la propuesta es...

   Luis ha desconectado porque, sorprendentemente para él, la monótona voz del de Agricultura le ha traído un recuerdo de otro hombre, en otras circunstancias, en otro tiempo. Y ahora, como entonces, una fuerte erección le hace incómoda la postura, y tiene que recolocarse la verga en los calzoncillos, mientras realiza el gesto maquinal y disimulado, su mente está viendo una escena en la que el que habla le está comiendo el falo para humedecerlo antes de que suceda lo inevitable.

–Ya veo –contesta el excitado Luis cuando Jaime calla. Aunque novato en el puesto, lleva tiempo en la administración y sabe que lo que cuenta son los papeles, por eso aunque haya perdido las palabras exactas del de Agricultura, teniendo los papeles es suficiente–. En esta carpeta que les entregamos tienen la propuesta de mi ministerio y...

   Ahora es Jaime quien se pierde en el tono de mando del representante de Industria. Su verga se dispara, pues un interruptor en su cabeza le ha recordado otra situación y otro hombre, su casi olvidado primo. Aquel que le descubrió el placer del sexo y el gozo de ser dominado. Y en un instante se ve, casi como si fuera real, comiéndole el falo a Luis, miembro que luego le introducirá para obtener aquel placer ya casi olvidado. La erección empuja su asta contra el pantalón, y le obliga a colocar disimuladamente el miembro para que no duela. Gesto que no pasa desapercibido a Luis

–Gracias –declara Jaime cuando Luis acaba–, suspendemos la reunión para estudiar su propuesta, y nos veremos mañana a la misma hora en su ministerio si le parece bien.

–Por supuesto, estaremos encantados de recibirles, y estoy convencido de que, entre los dos ministerios, lograremos el fin que nuestro Caudillo nos ha encomendado –proclama Luis.

–Así sea ¡Arriba España! –añade Jaime poniéndose en pié y haciendo el saludo falangista.

–¡Arriba! –corean todos los presentes. La reunión concluye y el equipo del Ministerio de Industria vuelve a sus oficinas.

                                                          -o-

El día anterior

... en el mismo instante, en otro lugar.

   El burdel de la viuda cincuentona Doña Rosa, sito en una calle lateral de la plaza de Lavapiés, tiene como cliente, desde hace varios años, a don Jaime Lamo, a la sazón jefe del Servicio Nacional de Cereales del Ministerio de Agricultura. Y no es que Jaime esté a disgusto con su legítima, sino que esta no satisface todos sus deseos, pues él quiere adoptar un papel más sumiso en la relación sexual y su mujer no tiene la capacidad de hacer el papel dominante, así que recurre al burdel para satisfacer esa necesidad.

   A Doña Rosa este cliente le viene bien, no solo porque pague bien los servicios, sino porque, ocupando el cargo que ocupa, siempre llega con algo que ayuda a la dueña y a las chicas a sobrellevar mejor el tiempo que les toca vivir. Unas veces productos que solo la clase dirigente puede tener, otras veces recomendaciones para que ciertos comercios las provean más de lo que el racionamiento permite. A cambio tanto doña Rosa como las chicas le corresponden lo mejor que saben.

   Esta noche con don Jaime está Marie, apodo de María de los Ángeles Ortíz Ramírez, una preciosa morena venida de un pueblecito castellano dos años antes en busca de un futuro que encontraría en casa de Doña Rosa. El hombre ya ha estado con ella antes y le agrada sumamente pues la chica tiene un natural dominante. Normalmente,  deja a las chicas que tomen la iniciativa, generalmente ésta consiste en que el hombre sea el que las proporcione placer, siempre sabiendo que él también encontrará placer en hacerlo. Así, la semana pasada, el juego empezó con don Jaime arrodillado entre las piernas de Marie comiéndole el coño.

   Pero hoy, la metetriz tiene una sorpresa. Para empezar se ha vestido de hombre, con su camisa, chaleco, corbata y chaqueta por arriba, un calzoncillo y pantalones, calcetines y zapatos de caballero. Pero la sorpresa mayor es un arnés con un consolador oculto bajo el calzoncillo que doña Rosa ha obtenido no se sabe bien cómo. Marie, como el resto de chicas del burdel que han estado con don Jaime, saben que entre los juegos con él siempre tienen que penetrarle el ano, usualmente con los dedos, pero en muchas ocasiones han utilizado otros artículos para ensartarle, porque así le gusta y se corre mejor.

    De todas formas, bajo la apariencia masculina, la cara de la bella Marie no oculta su feminidad. Sin embargo, lo que don Jaime ve le hace recordar, gozosamente, la relación más profunda que tuvo, que fue con un primo suyo cuando era joven, antes de la guerra. Un amor prohibido que nunca pudo repetir, pues la guerra le separó de su primo, que murió en el bando republicano mientras a él le cogió el alzamiento haciendo en servicio militar en Sevilla, quedándose toda la contienda en el bando vencedor. Y después de la guerra, las circunstancias hicieron que tuviera que olvidar esos amores homosexuales.

   Por eso ver a la mujer así vestida fue como hacer realidad algo muchas veces soñado. Casi sin pensarlo, don Jaime se acerca a la prostituta dispuesto a cambiar el guión de todas las noches que ha estado en el burdel. No cambiará su papel de pasivo, pero hoy no desea follarse a la meretriz mientras ella le mete un dedo en el culo, sino ser follado por ella, como si Marie fuera un hombre que le poseyera. Pero eso no es inicialmente percibido por ella, solo cuando, después de besarla, don Jaime le ha palpado la entrepierna y ha notado el falo y se ha vuelto de espaldas, restregando el culo contra el sexo de la puta, aclarándole las intenciones del hombre.Marie comprende lo que el hombre quiere.

   Empujándole a la cama, le desnuda completamente y le hace ponerse a cuatro patas cerca del borde de la cama, momento en el que la mujer suelta la hebilla del cinturón, desabrocha el botón de los pantalones y descorre la cremallera para, posteriormente, dejar caer los pantalones al suelo. Al igual que luego hace con los calzoncillos, dejando libre el pene de plástico. Antes de metérsela, Marie le trabaja el ano, dilatándolo con los dedos untados en vaselina. Cuando juzga que el orificio está suficientemente abierto, coloca el falso falo a la entrada y lo introduce poco a poco hasta que casi desaparece, a partir de ese momento, inicia un movimiento dentro y fuera constante, con suaves pero decididos movimientos.

   Está en la gloria, hace años que no disfruta de la sensación de ser penetrado, aunque sea por una dama con un miembro falso. Cerrando los ojos casi puede viajar en el tiempo a aquella primavera, en la habitación de su primo, él como está ahora, a cuatro patas y él ofreciéndole la entrada trasera. Y en ese momento en el prostíbulo con Marie, alcanza un orgasmo parecido pero no tan fuerte como entonces. La prostituta se sorprende al ver que don Jaime se corre echando semen en la sábana sin casi haberle tocado el miembro.

                                                          -o-

Los días posteriores.

  Las reuniones del equipo del Ministerio de Industria y del de Agricultura se suceden a lo largo de una semana. Cada parte no quiere ceder protagonismo al otro Ministerio y, si bien el proyecto está bastante definido, llega a estar estancado. Ambos responsables son conscientes de que capitalizar el éxito ante su excelencia el Jefe del Estado sería un trampolín para su carrera. Por eso al final de la semana llegan a un callejón sin salida.

   Conscientes de que un fracaso sería lo peor, Luis y Jaime, que tras cada reunión se han tenido que desahogar y aliviarse de los calentones y del proceso de enamoramiento que van sufriendo, deciden una última reunión entre ambos, en la que desbloquearán el proyecto. Para ello se citan en un restaurante cercano al piso que Luis tiene alquilado, dispuestos a no separarse hasta llegar a un acuerdo.

  Luis llega el primero al restaurante, el camarero le recibe y le lleva al reservado. Mientras el de Industria toma una copa y fuma un cigarro, llega Jaime. Ambos visten su habitual traje de alto cargo del ministerio aunque se trate de un sábado.

–Buenas tardes, Jaime –dice Luis levantándose para darle la mano al recién llegado.

–Buenas tardes, Luis –responde Jaime. Como cada ocasión en que se saludan con un apretón de manos, una oleada de electricidad les recorre. Ambos toman asiento y Jaime enciende un cigarro que saca de una pitillera dorada.

   Tras llamar al camarero y pedir la comanda, ambos se centran en su asunto.

–Te agradezco que hayas venido, Jaime. Creo que estamos enfocando mal el plan.

–¿En qué crees que nos equivocamos?

–En que cada uno de nosotros está tratando de quedar por encima del otro para impulsar la carrera dentro del ministerio –aduce Luis–, y esto es un error. Si no desbloqueamos el tema, será el fin de nuestras carreras. Un fracaso nos llevaría a estancarnos en nuestros puestos.

–Ya sé que la ausencia del plan es lo peor que nos puede pasar –comenta Jaime dando una gran calada a su tercer cigarro–, pero hasta que no te bajes del carro y dejes que nuestro ministerio sea el que coordine todo, no podrá cerrarse.

–Por mí, ese tema puede quedar cerrado. Vosotros coordináis el plan, pero como nosotros aportamos parte de los fondos, nos debe corresponder algo a cambio ¿qué te parece que sea que nuestro ministerio el que presente el plan? –sugiere Luis– O mejor, sugerimos que sea Su Excelencia el que presente el plan, franqueado por los dos ministros y se forme una comisión interministerial presidida por nosotros.

–Esa idea es perfecta, me gusta –afirma Jaime.

–Además estoy convencido de que los ministros así lo querrán porque será bueno para ellos cara al resto de ministros y, de rebote, para nosotros. La idea es que no estamos en primer plano pero los que tienen que saber, sepan.

–Hilas muy fino, Luis.

–La costumbre, estos años endurecen a uno –dice Luis, que coge su copa del brandy que han pedido tras los postres y le da un gran trago.

–Y que lo digas, primero la guerra, luego hacer carrera –dice Jaime después de imitar a su colega con su copa–. Y los sentimientos hay que dejarlos a un lado.

–Estarán a un lado pero no han desaparecido –comenta Luis con cierto tono de lamento y la emoción a punto de notársele.

–¿Qué sugieres? –responde Jaime interesado. Se produce una pausa en la conversación mientras ambos encienden el enésimo cigarro, ambos son conscientes de abrir una puerta querida pero a lo desconocido.

–Que bajo la dura piel hay cosas que no han cambiado, y tú sabes que tengo razón –añade Luis mirando a los ojos de Jaime. Este se ruboriza, porque sabe qué quiere decir Luis.

–Lo sé, pero es imposible –responde Jaime sosteniendo la mirada, ahora es Luis el que se ruboriza.

–¿Por qué? Sé que corren malos tiempos, pero con discreción, todo se puede.

–¿Tú crees? –pregunta Jaime– Estos sentimientos los dejé en la guerra, y creo que tú también.

–Ya, pero la guerra pasó hace doce años, estamos en un tiempo nuevo. Déjate llevar, se puede ser feliz de nuevo.

–Discreción, ¿sabes lo que pasaría si nos atrapan?

–Claro que lo sé. Pero si no nos arriesgamos, perderemos la oportunidad de ser felices –Luis mira fijamente a Jaime, en su mirada se puede leer deseo mezclado con ternura, anhelo y esperanza. Jaime sostiene la mirada, con miedo y algo más, deseo.

   En el reservado Luis decide lanzarse fiel a su estilo natural de mando, Jaime, también fiel a su estilo sumiso en las relaciones sucumbe cuando el primero le coge las manos, se levanta y, acercándose a Jaime, planta un cariñoso beso en la boca.


–Ven, tengo cerca un piso discreto –dice Luis cuando se separan. Jaime, perdido en sus sentimientos se levanta y le sigue. Luis dice al camarero que apunte la cuenta a su ministerio y ambos salen, en silencio, camino al piso donde el de industria se veía con la prostituta Julie.

   Teodoro, el portero, no está presente cuando ambos hombres llegan al portal y suben al piso. En cuanto Luis abre la puerta y entran, no llegaba aquella a estar cerrada cuando los labios de ambos hombres son uno. 

   Jaime, cuyas dudas y recelos han sido vencidos por el beso del restaurante, se abandona a los besos y caricias de Luis, añadiendo las suyas por todo el cuerpo de su compañero. Éste, tras un tiempo de ósculos apasionados, decide que es hora de disfrutar del cuerpo del otro hombre y, asiéndole de la mano, se lo lleva al dormitorio.

   Allí, donde más de quince años atrás, Luis había conocido el amor verdadero, conocerá su segundo amor en la persona de Jaime. Apasionado como está, no bien llegan al dormitorio, le quita la chaqueta al de Agricultura, y se desprende la suya. Las corbatas no suponen gran problema salvo porque se las quitan unidos en otro beso pasional.

   El torso desnudo de Jaime, cuando Luis le quita la camisa, invita a éste a perderse en una pequeña selva, que es lo que hace la lengua al recorrer el camino desde la garganta al ombligo con paradas intermedias. Fiel a su carácter en las relaciones, Jaime se deja hacer, dejando el mando al de Industria, que no desaprovecha la circunstancia de recorrer el torso de su amigo para magrear las nalgas, aun cubiertas.

   Cuando Luis se ha saciado de torso masculino, se separa para indicarle que se quite el pantalón y los zapatos mientras él se despoja de la camisa. Como esperaba, el cuerpo de Jaime era totalmente apetecible. El corazón de Luis le dice que había acertado con ese hombre, fiel reflejo del recuerdo pero, a la vez, misterio del porvenir.

   No tarda Luis en quedarse en calzoncillos como Jaime, para atacar de nuevo la boca de su amante, mientras sus manos recorren el resto del cuerpo. En ese beso están cuando unos dedos hábiles asiendo la cinturilla de la ropa interior de Jaime, se la baja, al tiempo que llevan los de este a su propia prenda. Como si de una coreografía se tratase, ambos hombres se separan, se agachan para quitarse la última prenda y se levantan.

   El mástil de Luis está alzado en plenitud, el del otro casi en alto. En silencioso acuerdo, el primero se agacha para tomar en sus labios el miembro del segundo, y, tras dedicarle un suave trabajo de lengua y boca, ayudado por manos en los huevos, la erección es plena. En ese momento, Luis abandona su presa para alzarse y, con una mirada, indicar a Jaime lo que desea. Que es entendido al instante y obediente se arrodilla delante de Luis para llevarse el miembro a su boca, en parte para chuparlo y darle placer al otro, pero, principalmente, para humedecerlo bien para que pueda entrar en su agujero. Siente cómo va a ser penetrado mientras chupa aquella polla de cierto tamaño, no muy gruesa pero si algo más larga que la suya.

   El trabajo de Jaime casi lleva a Luis al cielo, antes de alcanzarlo éste le para y le indica que se ponga en la cama a cuatro patas. Cosa que Jaime hace. Luis se sitúa detrás, usa un par de dedos ensalivados para abrir un poco el ano. Cuando lo tiene abierto, apoya el glande y, haciendo un poco de fuerza, va metiendo poco a poco la polla en el culo hasta casi enterrarla. El suspiro de placer que emite  el sodomizado eleva la excitación de el de industria al máximo, y empieza a bombear, metiendo y sacando la verga hábilmente humedecida.

   Los jadeos de ambos hombres se solapan con los sonidos de la cama golpeando y el miembro entrando y saliendo. Con las manos en las caderas de Jaime, Luis controla el ritmo. Ritmo que, de pronto, va incrementándose hasta que cesa un instante para luego seguir. Se está corriendo con un gran jadeo, llenando el interior de su amigo y amante con el semen que sale a borbotones.

   Muy pocos instantes después, es Jaime quien suelta otro gran jadeo al correrse. El trabajo del miembro de Luis, su propia excitación del momento y el recuerdo de otro hombre hace que, casi sin tocarse el falo, solo con ser penetrado, de su erecta verga salgan chorros de esperma. Y una lágrima asoma por sus ojos.

   Ambos hombres se derrumban tras los orgasmos. Luis a la espalda de Jaime, con la verga aun dentro.

   Cuando recobra algunas fuerzas,  extrae la espada del agujero y rueda para situarse al lado de su nuevo amante, pleno de placer, olvidados los riesgos, pero feliz de reencontrarse a si mismo en otro amor verdadero para él. Jaime no bien se siente desenvainado, se vuelve para encarar a su nuevo amor, ahíto de él pero con esperanza de continuar.

–Ha estado fantástico –comienza Luis a hablar completamente emocionado–. Desde antes de la guerra no estaba con otro hombre. Fue uno de mis mejores amigos. Precisamente el hijo de la dueña de este piso.

–A mí me pasa lo mismo –añade Jaime dispuesto a sincerarse–. Mi primer amor fue en aquellos tiempos felices, y me he acordado todo el tiempo. En mi caso fue un primo.

–¿Y no has querido buscarte otro amante? –quiere saber Luis.

–¿Estás loco? ¿Pues no sabes cómo se las gastan los policías de la brigada social? Por no hablar de nuestro Generalísimo y su cohorte de aduladores –responde Jaime–. Seguro que tú has seguido el mismo camino que yo: aguantarte las ganas, buscarte una mujer con influencias y tirar para adelante.

–Efectivamente, así es –dice Luis–. Yo tampoco he querido buscarme otro hombre. Aquí solo traigo a putas.

–Pero ahora estamos los dos –observa Jaime.

–Y no me arrepiento, es más, quiero verme contigo siempre que podamos –añade Luis–, este piso es bastante discreto y seguro. Si tenemos cuidado, aquí podemos vernos cuanto deseemos.

–Ya, pero no podemos vernos demasiado a menudo –razona Jaime–, cada uno tenemos nuestra familia, trabajo, amigos. No podemos cambiar de repente. Ni siquiera creo que sea buena idea hacernos amigos en público, salir con nuestras esposas, que ellas se hagan amigas y todo eso. Es demasiado riesgo.

–¿Demasiado riesgo?

–Claro, no querrás que en cualquier momento quiera besarte o tocarte. Hemos de restringir nuestro amor a los ratos que podamos estar aquí o en otro lado que encontremos.

–En eso te doy la razón, pero no quiero estar demasiado tiempo separado de ti.

–Ni yo, pero hay que ser realistas.

–De momento, quiero follarte otra vez –dice Luis arrojándose otra vez sobre la boca de Jaime.

   Ambos hombres acaban follando, esta vez uno frente al otro, Jaime con las piernas hacia arriba, Luis ensartándole desde delante.

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   Fiel a su estilo,  el plan no fue presentado por Su Excelencia el Generalísimo, sino aprobado sin grandes aspavientos en Consejo de Ministros. El plan fue llevado a cabo durante el otoño e  invierno de aquel año de 1951, la primavera del año 1952, y seguiría durante otros años.

   Luis y Jaime se veían en el piso del primero, una vez al mes cuando podían. Ambos hombres no dejaron de rondar las compañías anteriores, de vez en cuando Luis se veía con Julie, y Jaime visitaba el burdel de doña Rosa, pero no con la frecuencia de antaño. Sus carreras no mejoraron pero tampoco empeoraron, se mantuvieron en los puestos que tenían pero les fueron confiados otros planes importantes.


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   Extracto del discurso de Su Excelencia el Generalísimo Francisco Franco a las Cortes con motivo de la apertura del periodo legislativo del 16 de Mayo de 1952:

“... Toda esta enumeración de realidades positivas, ya logradas, que tan considerablemente han favorecido el campo de las actividades económicas españolas, pueden resumirse diciendo que representan el progreso y el triunfo de la tenaz decisión española en tiempos difíciles, durante los cuales se sumó a ciertas adversidades aquel cerco que también supimos romper. Durante este período he tenido siempre presente el sacrificio que representaba para los españoles y he seguido, paso a paso, los problemas derivados del proceso de la escasez. Hoy, gracias a esa tenacidad y esfuerzo, podemos contemplar realmente los últimos meses como la liquidación del pasado y la preparación del futuro. Y como coronamiento de todo este último período y síntoma decisivo que todos los españoles interpretarán, seguramente, como el más significativo en este orden de cosas puedo hoy anunciar que a partir de junio quedará absolutamente suprimida la cartilla de racionamiento. (Estruendosos aplausos)

   Desaparece, por lo tanto, lo que ha sido en cada hogar el símbolo y recuerdo de nuestras dificultades, cuya superación es motivo de orgullo para los españoles. Pero no desaparece, claro está, la vigilancia del Gobierno sobre los problemas vitales del abastecimiento... ”

Publicado en el diario ABC el 17 de Mayo de 1952


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   La felicidad o, al menos, los ratos en que fueron felices les duraron cuatro años a Luis y Jaime, siempre tenían la precaución de no llamar la atención, pero un mal día, en que, distraídos, se besaron en las escaleras del edificio del piso de Luis, fueron vistos por el portero, que les siguió escalera arriba y, pegando el oído a la puerta, les oyó disfrutar.

–¿Policía?

–Sí, dígame.

–No ganamos la guerra contra los rojos y los maricones depravados para esto –dice una voz quejosa y rabiosa.

–¿Cómo dice? –pregunta el policía con sorpresa.

– Mi nombre es Teodoro Sánchez Ramírez, portero del número 40 de la calle Loreto y Chicote, quiero denunciar que en el piso cuarto izquierda se reúnen dos degenerados maricones para hacer sus inmundicias –dice el portero con odio.

–Repita, por favor –dice la voz del policía.

–Que en el cuarto izquierda del número 40 de la calle Loreto y Chicote hay dos maricones –el policía no puede dejar de sorprenderse por el tono de ira de la voz del portero.

–¿Está usted seguro?

–¡Pues claro que estoy seguro!

–Gracias, una patrulla va para allá.

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Capítulo I: Categorías del Estado peligroso
Art. 2º. Podrán ser declarados en estado peligroso y ser sometidos de la presente Ley:
2º. Los homosexuales, rufianes y proxenetas.

Capítulo II. Medidas de seguridad
Art. 4º. Son medidas de seguridad:
1º. Internado en un Establecimiento de régimen de trabajo o Colonias agrícolas por tiempo indeterminado, que no podrá exceder de tres años (Reg., 4, 11 y 13).
2º. Internado en un Establecimiento de custodia por tiempo indeterminado no inferior a un año y que no podrá exceder de cinco años (Reg., 4, 11 y 16).
3º. Aislamiento curativo en Casas de Templanza por tiempo absolutamente indeterminado (Reg., 4, 17).
Capítulo III. Aplicación de las medidas de seguridad
Art. 6º, 2º. A los homosexuales, rufianes y proxenetas, a los mendigos profesionales y a los que viven de la mendicidad ajena, explotan menores de edad, enfermos mentales o lesionados, se les aplicarán, para que las cumplan todas sucesivamente, las medidas siguientes:
Internado en un Establecimiento de trabajo o Colonia agrícola. Los homosexuales a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás.
Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio.
Sumisión a la vigilancia de los Delegados.
(Ley de Vagos y Maleantes de 1933 añadida la reforma del 15 de Julio de 1954)

1 comentario:

doctorbp dijo...

:O Homosexuales puestos en el mismo saco que los enfermos mentales... es bastante fuerte. Todos sabemos que fueron tiempos difíciles, pero supongo que hubo que vivirlos para realmente comprenderlo.

En fin, que me ha gustado. Está claro que la categoría impide que lo encuentre morboso, algo que lógicamente valoro en los relatos eróticos, mas creo que si el encuentro hubiera sido entre heterosexuales tampoco me habría entusiasmado en ese aspecto. Y es que es ahí donde creo que flojea el relato. La historia está muy bien llevada (el principio me cansó un poco), pero creo que le falta algo. Los protagonistas se enamoran y son conscientes de los sentimientos del otro sin cortapisas. Entiendo que ha habido un proceso paulatino para que eso pase, pero no se narra prácticamente nada de esa parte. Se podría haber ahondado más en ello. No obstante, insisto, el trasfondo de la historia me ha gustado bastante.

El relato cumple con el tema del Ejercicio perfectamente. De los mejores en ese aspecto.

Técnicamente una maravilla. Y que conste que por el tono añejo que destila pensé que se me haría pesado, pero ciertamente le va como anillo al dedo. Dejando de lado alguna pequeña errata y algunas palabras repetidas de continuo, la narración es exquisita.

Creo que no me dejo nada :)