jueves, 30 de junio de 2016

Asmodeo




No recordaba nada cuando desperté, pero al moverme noté que estaba atado a un sillón y que enfrente había un monitor. 

Una pareja de jóvenes se besaba, con avidez, sin preámbulos. Se desnudaron y, sin más, empezaron a follar; la chica parecía que hacía esfuerzos para que le gustara, pero su cara decía otra cosa, el chico, metiéndosela sin parar se corrió en poco tiempo, mientras un hilillo de sangre resbalaba lentamente por la pierna. 

Con la respiración más calmada: -Fenomenal ¿no?,

Ella mirándole con ternura: -Si,… ha estado bien…

“¡Qué imbécil!”  Pensé.

Desperté y ahora una pareja de unos 30 años tumbada, se besaba lentamente. ”Experimentados”, pensé. Siguió besando su cuello, bajando hacia los pechos, acariciando los pezones, chupándolos, mientras con las manos rozaba el pubis, todo con parsimonia. La respiración de ella se iba acelerando. Le dio la vuelta despacio, besando la espalda mientras sus manos acariciaban suavemente su coño. Bajaba besando la espalda, la mano rozaba el clítoris y siguió besando el culo, dando mordisquitos de manera circular, hasta que empezó a centrarse en el ano, metiendo la lengua, al mismo tiempo que intensificaba la masturbación. La respiración de ella, cada vez estaba más agitada.

Al rato, subió y se situó detrás susurrando: -¿Estás preparada?

-Por favor, ten cuidado.

Empujó suavemente, al mismo tiempo que decía que se relajase, el pene empezó a entrar lentamente,  un rictus de dolor apareció en su cara, pero ninguna palabra salió de su boca.

-¿Sigo?

Ella asintió y él empujó hasta el final, esperó un momento y después empezó a meterla y a sacarla, cada vez más excitado mientras ella aguantaba como podía, finalmente se corrió.

Al cabo de un minuto: -Fenomenal ¿no?

Ella mirándole con ojos llorosos: -No, no me ha gustado nada.

Volví a despertar; el sillón se había convertido en una camilla, seguía atado, aunque ahora estaba desnudo. A mi lado estaba la chica joven que había visto hacia un rato, intenté hablar, pero ningún sonido salía de mi boca.  Ella no hablaba, solo me acariciaba lentamente, continuó por el pene, me empezó a masturbar y cuando estaba totalmente excitado, se subió encima de mí y me empezó a follar. “¡Mierda!”, no estaba excitada y su coño parecía una lija, solo la velocidad hacia que sintiera excitación, no exenta de dolor, finalmente me corrí; cuando ella se quitó, un hilillo de sangre salía de mi entrepierna.

Desperté desnudo, pero esta vez boca abajo y atado a una camilla que tenía un agujero en medio. Ahora estaba la mujer joven, ella empezó a besarme, lentamente fue bajando y empezó a tocarme, a excitarme, me daba mordisquitos en el culo y terminó en un beso negro. “¡Dios!”, estaba totalmente excitado”. De repente, se levantó, abrió la puerta y dijo: -Cariño, fuiste bueno, pero no siempre tuviste consideración, por eso estás aquí. Tu penitencia la terminará Asmodeo. 

Recuperando la memoria, al tiempo que perdía la erección, empecé a sudar, el letrero de la puerta ponía…“Purgatorio, sección católica, apartado sexto mandamiento.


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Asmodeo: el demonio de la lujuria

Purgatorio: En la doctrina católica, estado de quienes, habiendo muerto en gracia de Dios, necesitan aún purificarse para alcanzar la gloria.

Sexto mandamiento: No cometerás actos impuros.


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